El que quiera ser grande, sea vuestro servidor,
y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan,
sino para servir y dar su vida en rescate por todos. (Mc 10, 35-45)
El “trepa” intenta subir,
pero él solo.
Ignora a todos los que le rodean,
a menos que le sirvan para alcanzar
las metas que se propone.
No es extraño que suscite envidias,
resentimientos y rencores.
“¿Quién se cree que es ?”
En realidad “el trepa”
no ignora a todo el mundo.
Por todos los medios intenta ir
“colocando”
a los miembros de su familia
en puestos ventajosos.
Que tengan seguridad
y buen sueldo a cambio
de poco trabajo.
Eso es para él la antesala
de la gloria.
13/10/2009
Este «trepador» explica
muy bien la petición
de Santiago y Juan en el
evangelio de este domingo.
Los dos hermanos se unen
para pedir a Jesús
un puesto de honor y
privilegio, olvidando
a todos sus compañeros.
Martirio de Santiago
Naturalmente, éstos reaccionan indignados
ante aquella cara dura de los hijos del Zebedeo,
que pretenden desmarcarse del grupo.
La pretensión de Santiago y Juan debió de ser meditada
muchas veces en las comunidades cristianas.
Desde muy pronto debieron de surgir los que pretendían usar
la fe en el Señor para aprovecharse del Señor de la fe.
Y de los hermanos en la fe, naturalmente.
Las tres grandes apetencias del ser humano son:
San Marcos nos explica cómo las entiende Jesús
y cómo han de ser vividas por sus discípulos.
EL AUTÉNTICO PUESTO DE HONOR
ES EL DEL SERVIDOR DE TODOS.
“El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan”
En Jesús se reflejaba la grandeza de Dios.
Y sin embargo, no reclamaba una entrega servil de nadie.
Jesús prestaba su ayuda a los necesitados y abatidos.
El Señor se convirtió voluntariamente en un esclavo.
Él se atrevió a invertir la escala de los valores humanos.
“ Y dar su vida en rescate por todos”
La cuantía de rescate exigido refleja la importancia
de la persona secuestrada.
Nuestra dignidad es grande
si el rescate pagado es la vida del Hijo de Dios.
Señor Jesús, tu enseñanza
y tu conducta ridiculizan
nuestras absurdas pretensiones
de grandeza.
Gracias por tu ejemplo
y por la vida que has entregado
como rescate por la nuestra.
Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
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