Diplomado Formación Cívica y Ética: Promoción
de principios holísticos para docentes en
educación básica (tema transversal de
intervención: El Bullying), DIPFOCET.
Módulo IV:
FORMACIÓN CÍVICA Y ÉTICA, LA FUNCIÓN DEL
PROFESOR COMO TUTOR
26 marzo 2011
Dr. Edgar Gómez Bonilla
Coordinador del Colegio de Historia
Profesor investigador Maestría en Educación Superior
Facultad de Filosofía y Letras, BUAP
ESTUDIOS Y EXPERIENCIAS
DE EVALUACIÓN
APLICADAS
A LA ENSEÑANZA
La función
del profesor
como
asesor DE LA HISTORIA
Concepto general
Los asesores son educadores que tratan de
crear mediante el ejercicio de sus habilidades,
un ambiente en el que los estudiantes pueden
enfrentarse con sus propios sentimientos y
explorarlos sin miedo, aprender a arreglárselas
más eficazmente en cuanto a la toma de
decisiones y examinar sus valores y objetivos
sin peligro de ser juzgados. El asesor es una
persona que tiene confianza en las posibilidades
de desarrollo de su alumno.
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS, BUAP
BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DECOLEGIO
PUEBLA
DE HISTORIA
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
ESTUDIOS Y EXPERIENCIAS
DE EVALUACIÓN
APLICADAS
A LA ENSEÑANZA
La función
del profesor
como
asesor DE LA HISTORIA
Funciones asignadas al profesor
Sociedad
Institución
educativa
aprendizaje
Relación con los
alumnos
Asignaciones
individuales y
grupales
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS, BUAP
BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DECOLEGIO
PUEBLA
DE HISTORIA
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
La crisis educativa de México ha convertido la escuela en un lugar de
aburrimiento, autoritarismo y rutinas. La escuela mexicana ha dejado de
ser creativa. Maestros y alumnos asisten a ella resignadamente, unos por
sueldo y otros por el certificado de estudios.
Los padres de familia tienen derecho de participar, a través de la
asociación respectiva, en algunos asuntos relacionados con la educación de
sus hijos. Sin embargo, a pesar de lo que señalan las leyes, la mayoría de
las escuelas mantiene a raya a los padres de familia. Estos se limitan a
pagar cuotas que se han hecho ley no escrita, a comprar uniformes, libros y
cuadernos, bonos de la Cruz Roja o boletos de rifas y fiestas en beneficio de
la escuela.
Otra labor del padre de familia, aparte de las tareas endiabladas que
hacen en lugar de sus hijos, es la firma de boletas de calificaciones;
además, siempre se le llama para oír quejas y reproches, pero nunca para
felicitarlo por el trabajo de su retoño. Los adolescentes son portadores,
aparte de anemias y parasitosis, de una cultura basada en imágenes
auditivas y visuales; en esta la imaginación y la elaboración de conceptos
resulta muy difícil y, por ello, alumnos y maestros se desesperan por los
patéticos resultados del proceso de aprendizaje-enseñanza.
[1]
Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Los hábitos alimentarios, el vestido, el lenguaje y las ideas del
niño tienen como fuente la televisión y no la escuela y la familia. Los
maestros de escuela se ven sometidos a tres presiones: el poder
sindical, el poder administrativo de las autoridades gubernamentales
y los problemas económicos derivados de salarios que están muy por
abajo del sueldo de un policía o un soldado raso.
El poder sindical y el poder gubernamental actúan como una sola
fuerza y su objetivo es evitar que el maestro de grupo adquiera
conciencia de los problemas educativos y de los problemas del país.
Ambos poderes generan corrupción; para el efecto, otorgan doble
plaza al maestro, ascenso a director, comisión en las oficinas
sindicales o del gobierno para descargarse de los grupos escolares,
préstamos oportunos, licencias para faltar a clases, invitaciones a
desayunos, banquetes y actos políticos del partido oficial.
La gran mayoría de los directores de escuela, por su lado, son
simples administradores semipolicíacos; están alejados de la práctica
pedagógica; por eso, carecen de calidad académica. Son ineptos,
desde el punto de vista técnico. En lugar de organizar la escuela para
que en ella se trabaje a gusto y con resultados satisfactorios, se
dedican a congraciarse con sus autoridades superiores.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Los trabajadores no docentes, también llamados "de intendencia",
forman un sector que casi nunca es tomado en cuenta a la hora de
organizar la escuela. Ellos únicamente reciben órdenes; se les trata como
mozos, no como compañeros. Hacen de mala gana el aseo del inmueble,
pero, en cambio, tienen fama por sus guisos picosos, por su eficiencia para
ir de compras al mercado, ya sea motu propio o por encargo de la
directora a una maestra amiga.
El lunes de cada semana, la jornada escolar empieza con los honores a
la bandera. De honores sólo tiene el nombre ese acto, porque en ese
momento maestros y alumnos intercambian impresiones sobre el pasado
fin de semana. Algunos adolescentes se adelantan a saborear la torta, el
taco y el agua fresca que amorosamente les preparó la diligente mamá.
Otros están sin energía, bien porque jugaron o pasearon mucho el día
anterior, domingo, o bien porque el salario de papá y los ahorros de mamá
ya no permiten una buena alimentación; los afortunados, que todavía
conocen la carne y la leche, derrochan salud empujando a los mas débiles
o lanzando objetos insólitos y aún las mochilas y los útiles escolares.
Un maestro o la jubilosa directora cantan el Himno Nacional a todo lo
que dan sus pulmones. Casi nadie recuerda la antigua posición llamada
firmes ni como se hace el saludo, ni la letra correcta del himno.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Al mismo tiempo, tienen lugar las escenas chuscas y
patéticas: los niños retrasados, es decir, los que llegan tarde,
porque el Metro se detuvo una hora, sin que nadie supiera el
porque. Llegan los adolescentes que no tienen más que un
uniforme y este no alcanzó a secarse después del lavado semanal.
Las niñas son detenidas en la puerta en un rincón del patio
porque la falda del uniforme esta muy corta o muy larga y las
tobilleras y calcetines tienen adornos que no tolera el criterio
severo de algún profesor porfiriano.
Otros niños son detenidos en la aduana escolar porque el corte
de pelo no satisface los cánones estéticos de otro mentor enemigo
de los Beatles, del Tri y el rock and roll.
En fin, un grupo de niños gimotea y suplica a la inflexible
guardia de maestros, conserjes y prefectos para obtener acceso a
las aulas. Ante el fracaso de sus gestiones, entra en acción el
comando de mamas caritativas:
- Maestro, por esta vez permita que estos inocentes sedientos
de saber escuchen de labios de sus maestros las luminosas
enseñanzas y la palabra juiciosa.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Señora, por favor no intervenga en asuntos delicados reservados al talento y
sabiduría del personal docente; usted sabe: el artículo tercero, la ONU, el
Tercer Mundo, la "Renovación Moral", la Reordenación Económica, el
"Bienestar para la familia" y otros parámetros impiden hacer concesiones a
los detractores de las instituciones y al régimen de la Revolución Mexicana.
Por lo bajo, las madres murmuran o hablan entre dientes: "No se que
dijo el viejo ese, pero me ha asustado". Algún padre, con alguna experiencia
dentro de organizaciones de damnificados, propone un plantón en Catedral
y, mientras se fija el lugar y fecha para una pequeña asamblea de 20 horas
con el fin de redactar un pliego de peticiones, los niños de todos modos se
regresan a sus casas lentamente o platican en el exterior de la escuela,
juegan a la pelota o visitan a personas condescendientes. No falta el joven
que ayuda a su familia en negocios marginales, como venta de frutas y
verduras, tacos, atole y tamales.
Este adolescente se levanta a las tres de la madrugada; va a Jamaica
y la Merced o al rastro a traer la materia prima y asea el local. El maestro
zarista se queda viéndolo y le grita: "Haragán!, a ver si madrugas, o
terminaras de cargador en la Central de Abastos, de bolero, vendedor de
chicles, tragafuegos en Insurgentes o limpiador de parabrisas en la Zona
Rosa".
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
En esta escuela secundaria hay tres maestros que imparten la
materia de Historia: Bernal Díaz, Robespierre Rodríguez y María Puntillas.
Ya en el salón, el Profr. Bernal Díaz pasa lista y revisa las tareas:
cinco biografías de soberanos mexicas, diez de virreyes y diez de
presidentes de la República; cinco mapas de Europa y Asia con la nueva
división política; una colección de estampitas; una maqueta de la batalla
del Cinco de mayo y tres recortes periodísticos acerca de Bosnia y
Kosovo.
Naturalmente, el señor encomendero, o sea, el maestro del siglo
pasado pero longevo en el siglo XX, no se toma la molestia de leer o
comprobar la calidad, exactitud y autenticidad del trabajo. Se limita a
"palomear" o a escribir una grandota "R" (revisado) con tinta roja. Si el
material es excelente, por la apariencia, el pequeño autor es acusado de
haber copiado: "te lo hicieron", le dice el domine enojado. Si es de mala
calidad, visto siempre a vuelo de maestro, se le administra una
reprimenda y se le habla sobre moralidad, ambición de "ser alguien en la
vida" y de Benito Juárez que de pastorcito llegó a presidente.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
El esfuerzo sobrehumano de pasar lista y revisar tareas consume normalmente
35 minutos del tiempo del maestro. Sin embargo, no finaliza el asunto, porque lo llaman
urgentemente de la dirección de la escuela: llegó la jefa de clases de Historia, la
maestra Margarita Rutina. Antes de asistir a la reunión con la jefa de clases, el Profr.
Bernal Díaz le pide a una alumna que, como siempre, dicte un cuestionario para que los
alumnos busquen las respuestas en su libro.
La Profra. Rutina amonesta al maestro Bernal Díaz porque su índice de
reprobación rebasó el 20%. Le hace ver que se deteriorará su imagen y la de la
escuela, además de que con ese porcentaje las autoridades ya no podrán presumir ante
la UNESCO de la mejoría de la calidad de la educación. También le dice que los
alumnos reprobados engrosaran la fila de desempleados, asaltantes, narcotraficantes y
prostitutas. El director de la escuela también interviene para hablar de la productividad
de la enseñanza y de la eficiencia del proceso educativo, tal como lo escuchó del señor
subsecretario, el cual forma parte del equipo de tecnócratas que gobierna este país.
Por su parte el maestro Robespierre enseña a sus alumnos el tema de la
independencia de México. Afirma que éste proceso se explica por la explotación del
hombre por el hombre, porque la historia de la humanidad es la historia de la lucha de
clases. Explica que la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de
producción provocó la Revolución de Independencia y que los factores objetivos y
subjetivos estaban dados para que se produjera ese proceso.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Por allá un alumno cuchichea: "Cuando empezará a hablar de la
Independencia porque hasta ahora no he entendido nada?". Otro discípulo
festeja que el maestro empieza a sufrir un ataque de laringitis y ya no les
dará clase.
Nos asomamos al aula donde la maestra María Puntillas imparte su
clase. Escribe en el pizarrón las 999 fechas que los alumnos deben
memorizar; también les pide que hagan diez planas con los nombres de los
caudillos más importantes de la última unidad del programa. Por último, les
ordena investigar las batallas de la Alhóndiga de Granaditas, del Monte de las
Cruces, de Aculco y cinco más.
Un alumno osa levantar la mano y preguntar que para que les va a
servir lo que les está enseñando la maestra. La Profra. María Puntillas le
responde que es ignorante y flojo y que seguramente terminará como locutor
de Televisa.
La Profra. María Puntillas eleva tanto la voz para reprimir al alumno
que formula su pregunta, que despierta a seis discípulos que se habían
quedado dormidos por la "amenidad" de la clase y por la mala alimentación,
la parasitosis y el trabajo para ayudar a la economía familiar.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Durante el recreo, los profesores permanecen en el salón de maestros y los
alumnos en el patio; no hay convivencia. El recreo transcurre al azar; los adolescentes
se atropellan como pueden. En estos 20 minutos de recreación funciona la cooperativa
escolar. Claro: no es cooperativa; es tienda escolar.
La regentea una persona allegada a la dirección de la escuela, pero en la
documentación oficial aparece como impoluta cooperativa. Vende refrescos
embotellados, agua fresca y tacos con bastante chile y poco cuidado higiénico,
alimentos chatarra y golosinas sin valor alimenticio. Los precios son más altos que en
las tiendas del rumbo.
Finaliza el recreo y llueven quejas por empellones, ofensas verbales, gestos
pecaminosos y dinero hurtado. El salón huele a sudor; algún adolescente regurgita el
gas carbónico de su refresco y la salsa brava de sus tacos y sopes.
El maestro hace recuento de bajas: adolescentes desaparecidos o fugados,
vidrios rotos, balones ponchados, zapatos extraviados, mochilas y cajas violadas,
faltantes en la cooperativa, maestras y niñas desmayadas, focos fundidos, caños
tapados. Algunos alumnos empiezan a dejar ver sus dotes policíacas: son delatores de
sus compañeros; los maestros los estimulan ponderándolos como ejemplo de la niñez
y otorgándoles altas calificaciones y mimos.
Se reinicia el trabajo en las aulas. La maestra María Puntillas pide a un alumno
que proceda a leer en el libro de texto el siguiente tema.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Por su parte el Profr. Bernal Díaz dicta el resumen y el maestro
Robespierre ha quedado afónico, por lo que pide a sus alumnos que se
dividan en equipos y se repartan los temas que faltan para que los
expongan en las próximas clases.
Generalmente, la idílica vida del salón de clases, en este punto, se
interrumpe porque llega el vendedor de ropa, perfumes, libros,
grabadoras, cecina de Oaxaca, mausoleos del Ángel y métodos
rejuvenecedores, o los cobradores por los mismos conceptos.
En esta hora apacible del fecundo trabajo escolar, el maestro
también recibe órdenes fulminantes: una urgente reunión con el inspector
que prepara una campaña electoral de un diputado o para distribuir
propaganda para mejorar la ecología y promociones de viajes por plazos
a Disneylandia.
Al mismo tiempo, el maestro debe entregar una lista de próximos
aprobados y reprobados, o sea que se le exigen gracias de adivinador,
una estadística de niños que tienen perros, otra de niñas que no han
hecho la primera comunión, otra más sobre viajes del niño y su familia al
extranjero y la cantidad de pavos que come al año.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
Asimismo, debe entregar en ese momento la cooperación
del grupo con la Cruz Roja, los Rotarios, los Restauradores de
Anahuac, los Amigos del Primer Astronauta Mexicano, los bonos
del Ahorro Nacional, la cuota de la Asociación de Padres de
Familia y la del Día del Maestro y los boletos de la próxima
kermés, más la venta de la cooperativa escolar.
Sobre esto, se le exige la presentación inmediata de la
gráfica sobre puntualidad, aseo y aprovechamiento de su grupo
y, asimismo, el periódico mural y los trabajos acerca de veinte
concursos diversos: la moral y Pemex, los sentimientos
humanitarios de la policía, Chiapas y la democracia, etcétera.
El día escolar llegó a su fin. A las puertas de la escuela se
arremolinan los padres de familia que esperan a sus herederos.
Mientras aparecen los sobrevivientes de la aventura escolar,
surgen los vertiginosos comentarios:
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
-Mi hijito tiene mala suerte le tocaron maestros que no dejan
tarea para hacer en la casa, y ahora no se que hacer para que
se esté quieto y me deje ver mis telenovelas.
-Cómprese otro televisor, comadre, para que el niño vea a
Chabelo y las caricaturas.
Por medio de grupitos de padres y adolescentes, se abre paso el
maestro Bernal Díaz; no escucha, no ve, no piensa; sólo sabe
que debe llegar a tiempo con su patrón, el dueño de la flotilla de
automóviles de alquiler; si no llega puntualmente, se queda sin
taxi para completar lo del gasto familiar.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
El profesor Robespierre también corre para acudir a abrir
su pequeña miscelánea. El maestro Helesponto Sánchez tiene
que ir a ocupar su otro puesto: mesero. El afortunado profesor
Nicolás Pérez Savonarola va despacio porque el trabajo en la
cantina, de la que es dueño en Xochimilco, empieza realmente
a partir de las seis de la tarde.
La maestra María Puntillas también se ve calmada al
abordar su volkswagen: su clientela del salón de belleza llega
más tarde. No así la maestra Polidora Argonauta, que debe ir
como de rayo a la otra escuela secundaria, donde imparte
clases de cocina y Español, y a la otra escuela primaria, la
nocturna para trabajadores, donde por lo menos tiene un
aliciente: a esta escuela asiste su esposo para concluir la
educación primaria, que interrumpió porque pensaba ser torero,
actor, cantante, revendedor, lanchero en Acapulco o jefe de
aduanas o de pérdida comandante de la policía judicial.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1]
La escuela cierra sus puertas. El fantasma se queda
solo, pero un día ya no será fantasma si los maestros
quieren. Este relato, que tiene mucho de ficticio y
bastante de anecdótico, pretende poner el acento
sobre muchas llagas.
Sin embargo, no es generalizable, pues muchos
maestros, a pesar de la marginalidad en la que
trabajan y de que están alejados de la toma de
decisiones, hacen grandes esfuerzos todos los días
para modificar con sus prácticas docentes la
enseñanza de la Historia y las condiciones sociales de
su entorno.
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Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág. 69-76.
ESTUDIOS Y EXPERIENCIAS
DE EVALUACIÓN
APLICADAS
A LA ENSEÑANZA
La función
del profesor
como
asesor DE LA HISTORIA
Funciones demandadas a los docentes en las diferentes etapas educativas
El jardín de niños
• Es una extensión "didáctica" de la estructura familiar donde el
niño encuentra calidez y aprendizaje.
• Es facilitador del proceso de socialización del niño.
• Permite al niño redefinir sus relaciones afectivas y distinguir
afectos (casa-escuela).
• Posibilita la incorporación y fortalecimiento de estructuras
básicas de lenguaje y lecto-escritura.
Facilita al niño la introyección de normas básicas de conducta.
Sirve de modelo de identificación distinto al paternal.
La educación primaria
Facilita la introyección de normas más complejas de interacción
y socialización.
Estimula la incorporación de información (motiva su
aprendizaje).
Motiva el desarrollo de actividades y habilidades (investigación,
innovación, creatividad, colaboración, solidaridad, etcétera).
Refuerza los valores que se promueven en casa.
Aporta elementos para el fortalecimiento de la identidad
personal del niño.
Relación con los alumnos
aprendizaje
La educación secundaria
Estimula el desarrollo del pensamiento lógico formal.
Establece límites en el comportamiento del adolescente.
Sirve como continente a los problemas propios del periodo
adolescente.
Orienta, aconseja, asesora tanto vocacional como
académicamente.
Vuelve menos violenta la separación que el adolescente busca
hacer de la estructura familiar.
.
La educación media superior
Es un referente con quien el joven puede ensayar formas de
socialización.
Genera espacios de condiciones semejantes a la realidad para
que el joven ponga en práctica habilidades.
Facilita la integración del joven a la vida productiva.
Orienta el desarrollo del alumno posterior a los estudios
profesionales.
Estimula el compromiso profesional y social del alumno.
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS, BUAP
BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DECOLEGIO
PUEBLA
DE HISTORIA
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