Mujer extranjera en su propio país
La historia de esta mujer, escrita por el evangelista Juan,
nos ofrece el encuentro y el coloquio de Jesús con la
Samaritana en una ciudad de Samaria. Un judío con una
mujer impura. Desde el punto de vista geográfico, Jesús
podría haber tomado otro camino para ir a Galilea, como
lo hacían normalmente todos los judíos que no querían
contaminarse pasando por el territorio de Samaria.
Para Jesús se trata de un
pasaje obligatorio en sentido
teológico, ya que la salvación
debía llegar aún a los más
alejados, los excluidos, los
rechazados, los que eran
odiados; es para ellos que El
vino al mundo. Los
samaritanos no podían ni
siquiera entrar en el templo
de Jerusalén, a tal punto se
les consideraba impuros e
indignos, por el mero hecho
que durante siglos su raza
se mezclaba con la de los
pueblos extranjeros.
Jesús se nos presenta, como
un viandante, un peregrino
que recorre los mismos
caminos de todos los
hombres y las mujeres. Era
un viaje largo, fatigoso, y
aquí le encontramos cansado,
sentado al borde del pozo de
Sicar.
Tiene sed y hambre; no
tiene la posibilidad de
unirse a sus discípulos,
porque ellos han ido a la
ciudad a comprar comida.
Por eso pide ayuda a la
mujer. “Dame de beber”.
La Samaritana llega al pozo a la
hora de mayor calor, en un
recorrido solitario, sin palabras,
sin acompañantes. Llega al
pozo, como tantas otras veces,
con el cántaro vacío. sus
primeras palabras, dirigidas al
extranjero, expresan sorpresa y
estupor.
La solidaridad nos interpela
desde lo profundo de todo ser
humano, pero aún más en el
creyente, ya que proviene de
la lógica de la alianza, del
ejemplo de un Dios solidario
realmente comprometido con
la vida de sus criaturas.
“El pozo es profundo”
Estas palabras de la mujer
revelan toda su angustia, su
dolor y cansancio frente a la
vida. Ella se encuentra frente
a un obstáculo insuperable,
un gran vacío, una
separación. Ella es una mujer
sola inmersa en un abismo.
“Para que no tenga que
venir aquí a sacar agua”
También en estas palabras la
Samaritana se muestra abatida
y cansada de vivir. No da más.
Ya no sabe de dónde sacar
fuerzas.
Es fácil comprender el
estado de cansancio de
esta mujer, que día a día
debe cumplir una tarea
física, dura y larga; se ve
obligada a luchar contra las
fuerzas adversas que
tienden a empujarla de un
lado para otro.
En qué pensamos en estos
momentos, nosotras que
trabajamos en la pastoral
en la historia de tantas
mujeres inmigrantes y
victimas de la trata?
La solidaridad es un
homenaje recíproco que,
implícitamente, reconoce la
obra de Dios.
Es capaz de volver
corriendo a la ciudad, a
mezclarse con la misma
gente de siempre, volver
incluso a sus siete
maridos, y anunciarles sin
miedo que su vida es
valiosa. Existe un hombre
que le ha dicho todo lo
que ella ha hecho. “Un
hombre que me ha
devuelto la vida”
Ahora ya no está sola, ni
vacía, ni tiene ya sed; al pie
del pozo de sus antepasados
ha encontrado la vida.
La realidad de la Samaritana
revela la situación de tantas otras
mujeres en todos los tiempos,
mujeres victimas de la
discriminación, de los prejuicios;
ya sea simplemente por el hecho
de ser mujeres o por ser
procedentes de países
discriminados por diferentes
causas.
En esta oración
recordemos
especialmente esa
multitud de mujeres
inmigrantes y victimas
del engaño de una
sociedad que usa las
personas convirtiéndolas
en un problema social.
Mujeres que con
esperanza buscan una
forma de vida más
digna, buscan el agua,
buscan la vida, quieren
tener una Patria, pero ya
sabemos cómo terminan
algunas de ellas.
Demos gracias a Dios por las
personas, por los niños, y
especialmente por las mujeres que,
contando con la ayuda necesaria,
logran encontrar la felicidad de una
vida digna.
Existe el agua viva que habla en
nuestro interior, desde lo profundo
del pozo, la fuente: la voz del
Espíritu que nos habla y nos
anuncia el verdadero amor de
Dios, y nos da a conocer todo lo
que hemos hecho.
Junto al pozo de las Escrituras
nos sentamos también
nosotras junto a Jesús; El nos
habla, y una vez más hoy nos
dice “Dame de
beber”…Cuantas personas,
cuantas mujeres piden nuestra
ayuda y necesitan de nuestro
amor, un amor humano y
divino al mismo tiempo que
permita rehacer la propia vida.
Cuantas esperan que
alguien se les acerque,
porque no ellas tienen el
valor, no creen que
alguien las ame. Sigamos
el ejemplo de Jesús: El es
el primero en hablar, en
mostrarse cercano, en
establecer contacto,
ofrece amistad, se abre al
dialogo, al encuentro. Se
hace cargo con amor.
Señor, ayúdanos en nuestra
misión, a la que hemos sido
llamadas para ser y para hacer.
Amen.
Sr. Zenaide Zilotto
Sr. Alba Vernazza fma
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