Sacramentos,
presencia
visible
de Cristo
JL. Caravias sj.
Todo grupo humano tiene celebraciones
comunitarias
de alegrías
Fiesta
del maíz
y aspiraciones
comunes.
Con
símbolos
comunitarios
compartidos y vividos,
que expresan deseos íntimos.
Símbolos:
torta
soplar velas
canto
aplausos…
Celebración
de
cumpleaños
La familia celebra la alegría de la vida.
Desean que cumpla muchos más…
Los ritos, en cambio, son celebrados por un
“experto”, que sólo él sabe hacerlo,
mientras el pueblo asiste pasivamente.
Con los rito se
“paga” a los
poderes
celestiales para
que hagan
ciertos favores.
En el rito lo importante es decir y
cumplir exactamente lo prescrito.
Los sacramentos no son ritos...
Pero tenemos el peligro
de ver a los sacramentos
como ritos mágicos.
Hay magia en un rito cuando
se piensa que para conseguir
lo deseado basta celebrar bien
la ceremonia, diciendo las palabras exactas
y realizando bien los gestos prescritos,
independientemente del comportamiento
personal y social
de los celebrantes .
Los ritos crean autoengaños
y justifican conciencias torcidas.
Los sacramentos no son ritos
con los que agradar a Dios
y conseguir así
algo de él.
No son servicios
religiosos
puestos a disposición
del público.
Esta concepción pagana del culto
perdura en las cabezas de muchos cristianos…
Se apoya en ideas falsas sobre Dios…
Los sacramentos
son símbolos
que expresan
y nos comunican
la dimensión
más honda
de la relación
de Dios
con nosotros
y de nosotros
con Dios.
Su esencia consiste en manifestar
mediante signos sensibles
el misterio oculto de Dios,
que participa en nuestras vidas,
y anuncia un más-allá triunfante.
Los sacramentos son
celebraciones comunitarias…
Están al servicio de los seres humanos,
y no
al de
Dios.
Son dones de Dios a los hombres que se
reciben en comunidad al celebrarlos.
Los sacramentos son simbólicos por
● Nuestra forma de ser,
que es simbólica.
● Porque Dios, en su absoluta Trascendencia,
no puede ser expresado por ideas,
pero sí puede ser simbolizado.
Podemos decir que hay sacramentos
porque nosotros somos muy limitados
y porque Dios es infinito.
Dios que es absoluto y trascendente,
no tiene otra manera de darse a nosotros
y de explicarnos quién es él
sino a través de signos.
Y la vida de fe tiene experiencias tan hondas y decisivas
que no pueden expresarse y comunicarse
más que por medio de símbolos.
El presbítero en los sacramentos
no es un administrador de ritos mágicos
Es un testigo o representante
necesario para garantizar la
eclesialidad del sacramento, al
empalmarlo con el Sacramento originario
que es la Iglesia total.
No es el presbítero el que realiza el matrimonio.
Los contrayentes son los
que se administran el sacramento.
Tampoco él solo consagra la Eucaristía,
sino toda la comunidad con él.
Ni es él el que perdona por su cuenta los pecados,
sino que actúa como representante de la Iglesia
que reconcilia al pecador consigo.
El sacramento primordial y radical
es Cristo mismo
Jesús es Dios de una manera humana
y es hombre de una manera divina:
El Dios invisible e inalcanzable
se hace visible y cercano en Jesús.
Es la realidad visible que nos expresa
el misterio profundo de Dios.
Por eso, todo sacramento se ha de celebrar de
forma que, al igual que Cristo,
resulte ser una profunda experiencia del Dios
que se nos ha revelado en Jesús.
Jesucristo es
nuestro único Sacerdote.
Todos los bautizados
participamos
en diversos grados
de su único Sacerdocio.
Y la Iglesia,
su Esposa,
es su primer sacramento,
signo comunitario visible
de nuestro contacto
cristológico con Dios.
El agente primero y principal en todo
sacramento es Cristo mismo
Todo sacramento no es primordialmente un
acto del hombre que rinde homenaje a Dios:
es un acto de Dios para la
felicidad de los humanos.
La comunidad cristiana
no se salva a sí misma.
Es Jesús quien la salva .
Y eso es lo que la comunidad celebra cuando
se reúne a participar en un sacramento.
El concilio Vaticano II afirma
que la Iglesia es un sacramento
porque prolonga,
en el espacio y el tiempo,
la presencia salvadora y
liberadora de Jesús
La Iglesia es
el cuerpo de Cristo:
lo hace visible
y presente
entre nosotros.
La Iglesia debe ser el camino por el que
la gente conozca a Jesús
y viva de acuerdo con el evangelio de Jesús.
“Iglesia” no es
un edificio o
una institución cúltica...
Iglesia quiere decir “asamblea”:
pueblo reunido para
celebrar la alegría
de la fe en Jesús,
y fortificarnos en él
para poder vivir como él.
Por eso hay en la Iglesia sacramentos,
que, en medio de esta dura realidad,
celebran “los gozos y las esperanzas”
y acompañan “los dolores y las angustias”
(GS 1) de nuestro caminar.
Se dan sacramentos cristianos
donde hay experiencia cristiana
Todo sacramento
tiene necesariamente
una expresión
comunitaria
y unas
consecuencias
también
comunitarias.
Los sacramentos comunican y aumentan
el encuentro con Jesús
Tienen la capacidad de unir a las personas
alrededor de Jesús.
La comunidad-Iglesia es el gran sacramento de
la unidad y la solidaridad
de los hombres
entre sí
y de los hombres
con Dios.
La comunidad
hace los sacramentos.
Y los sacramentos hacen a la Iglesia.
Los sacramentos
son como la luz
que, en el túnel estrecho y oscuro
de nuestra historia,
cruel y plagada de víctimas,
señala hacia
otra dimensión diferente.
Los sacramentos son expresiones
del inmenso y apasionado deseo
de construir una sociedad distinta,
en la que no haya opresores,
ni gentes insolidarias con el dolor ajeno,
ni personas que se ven privadas
de su derecho
a la felicidad.
Por los sacramentos
nos llega la ayuda
ofrecida por Dios,
a través de Jesús,
para poder construir un mundo nuevo
Jesús es el iris del ojo
de cada sacramento
Sin Jesús no hay sacramentos…
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Diapositiva 1 - Centro Pastoral Juan Pablo II