(Aosta, 1033-Canterbury, 1109) Monje
benedictino. Fue abad de Santa María de Bec,
en Normandía, y arzobispo de Canterbury
(1093).
Desterrado por querer sustraer de la influencia
regia las elecciones episcopales, pudo regresar
a Inglaterra.
Fue uno de los
prelados más cultos de
su tiempo. La
especulación filosófica,
según él, era una
consecuencia exigida
por la fe. Sostenía la
necesidad de creer para
comprender a fin de
intentar luego
comprender lo que se
creía.
Prueba ontológica de la existencia de Dios propuesta en
el Proslogium: tenemos la idea de un ser perfecto; sin
embargo, la perfección absoluta implica necesariamente la
perfección de la existencia; luego el Ser Perfecto existe.
Entre sus obras, cabe destacar Cur Deus homo,
Se le considera fundador de la teología escolástica y su
influjo se extiende hasta la reciente teología de Karl
Barth. Es doctor de la Iglesia.
El rey William Rufo prefería
que el puesto de arzobispo
quedara vacante, con el
objetivo de quedarse para
sí mismo con las rentas de
la sede. Pero cayendo
gravemente enfermo y
pensando que su fin estaba
cerca, en el año 1093
obligó a Anselmo a recibir
el nombramiento de sus
manos, siendo consagrado
arzobispo el 4 de diciembre
de ese año.
Los siguientes cuatro años fueron una sucesión de
disputas entre el arzobispo y el rey por asuntos
monetarios, derechos y privilegios. Anselmo quiso llevar
su caso a Roma y en 1097, con mucha dificultad, obtuvo
el permiso del rey para el viaje. En Roma fue adulado y
honrado pero tuvo poca ayuda práctica en su batalla
con el rey.
Volvió a Inglaterra tan pronto como supo de su
muerte (1100) por la llamada del nuevo rey,
Enrique.
Aunque Anselmo era un hombre pacífico y gentil,
adoptó el punto de vista gregoriano sobre la
relación entre el Estado y la Iglesia, adhiriéndose
con firmeza a esa convicción
San Anselmo de Canterbury, Proslogion, 14
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