La Iglesia
tiene confianza
en los niños y
les pide oración, el sacrificio,
los gestos de solidaridad,
para que todos los niños
del mundo tengan la vida.
En la primera mitad de 1800, los
misioneros de China pedían ayuda al
obispo de Nacy para salvar a los
niños.
Las familias eran pobres y los niños
recién nacidos,
con frecuencia
eran eliminados,
sin recibir siquiera
la gracia del
bautismo.
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