26He
aquí yo pongo hoy delante de vosotros la
bendición y la maldición: 27la bendición, si
oyereis los mandamientos de Jehová vuestro
Dios, que yo os prescribo hoy, 28y la maldición,
si no oyereis los mandamientos de Jehová
vuestro Dios, y os apartareis del camino que
yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses
ajenos que no habéis conocido.
19A
los cielos y a la tierra llamo por testigos
hoy contra vosotros, que os he puesto delante
la vida y la muerte, la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu
descendencia; 20amando a Jehová tu Dios,
atendiendo a su voz, y siguiéndole a él;
porque él es vida para ti, y prolongación de tus
días; a fin de que habites sobre la tierra que
juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y
Jacob, que les había de dar.
3¿Quién
subirá al monte de Jehová? ¿Y quién
estará en su lugar santo? 4El limpio de manos
y puro de corazón; El que no ha elevado su
alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. 5El
recibirá bendición de Jehová, Y justicia del
Dios de salvación. 6Tal es la generación de los
que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh
Dios de Jacob.
16Por
cuanto no se acordó de hacer
misericordia, Y persiguió al hombre afligido y
menesteroso, Al quebrantado de corazón, para
darle muerte. 17Amó la maldición, y ésta le
sobrevino; Y no quiso la bendición, y ella se
alejó de él. 18Se vistió de maldición como de
su vestido, Y entró como agua en sus
entrañas, Y como aceite en sus huesos.
8El
hombre de doble ánimo es inconstante en
todos sus caminos.
8Acercaos
a Dios, y él se acercará a vosotros.
Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los
de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
10De
una misma boca proceden bendición y
maldición. Hermanos míos, esto no debe ser
así. 11¿Acaso alguna fuente echa por una
misma abertura agua dulce y amarga?
12Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera
producir aceitunas, o la vid higos? Así también
ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
9Y
esto pido en oración, que vuestro amor
abunde aun más y más en ciencia y en todo
conocimiento, 10para que aprobéis lo mejor, a
fin de que seáis sinceros e irreprensibles para
el día de Cristo, 11llenos de frutos de justicia
que son por medio de Jesucristo, para gloria
y alabanza de Dios.
AMOR
APROBAR
LO MEJOR
CIENCIA
CONOCIMIENTO
SINCEROS
IRREPRENSIBLES
LLENOS DE FRUTOS DE JUSTICIA
38Aconteció
que yendo de camino, entró en una
aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su
casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba
María, la cual, sentándose a los pies de Jesús,
oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con
muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor,
¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir
sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo
Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada
estás con muchas cosas. 42Pero sólo una cosa es
necesaria; y María ha escogido la buena parte, la
cual no le será quitada.
1Estaba
entonces enfermo uno llamado Lázaro, de
Betania, la aldea de María y de Marta su
hermana. 2(María, cuyo hermano Lázaro estaba
enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y
le enjugó los pies con sus cabellos.) 3Enviaron,
pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he
aquí el que amas está enfermo.
5Y
amaba Jesús a Marta, a su hermana y a
Lázaro. 6Cuando oyó, pues, que estaba enfermo,
se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
17Vino,
pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro
días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania
estaba cerca de Jerusalén, como a quince
estadios; 19y muchos de los judíos habían venido
a Marta y a María, para consolarlas por su
hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que
Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se
quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si
hubieses estado aquí, mi hermano no habría
muerto.
22Mas
también sé ahora que todo lo que pidas a
Dios, Dios te lo dará. 23Jesús le dijo: Tu hermano
resucitará. 24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en
la resurrección, en el día postrero. 25Le dijo Jesús:
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que
vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees
esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al
mundo.
28Habiendo
dicho esto, fue y llamó a María su
hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está
aquí y te llama. 29Ella, cuando lo oyó, se levantó
de prisa y vino a él. 30Jesús todavía no había
entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar
donde Marta le había encontrado. 31Entonces los
judíos que estaban en casa con ella y la
consolaban, cuando vieron que María se había
levantado de prisa y había salido, la siguieron,
diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
32María,
cuando llegó a donde estaba Jesús, al
verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si
hubieses estado aquí, no habría muerto mi
hermano. 33Jesús entonces, al verla llorando, y a
los judíos que la acompañaban, también llorando,
se estremeció en espíritu y se conmovió, 34y dijo:
¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
35Jesús lloró.
39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana
del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya,
porque es de cuatro días. 40Jesús le dijo: ¿No te he
dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
43Y
habiendo dicho esto, clamó a gran voz:
¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió,
atadas las manos y los pies con vendas, y el
rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo:
Desatadle, y dejadle ir.
3Y
murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó
ella con sus dos hijos, 4los cuales tomaron para
sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa,
y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos
diez años. 5Y murieron también los dos, Mahlón
y Quelión, quedando así la mujer desamparada
de sus dos hijos y de su marido. 6Entonces se
levantó con sus nueras, y regresó de los campos
de Moab; porque oyó en el campo de Moab que
Jehová había visitado a su pueblo para darles
pan.
7Salió,
pues, del lugar donde había estado, y con
ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar
para volverse a la tierra de Judá. 8Y Noemí dijo a
sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la
casa de su madre; Jehová haga con vosotras
misericordia, como la habéis hecho con los
muertos y conmigo. 9Os conceda Jehová que
halléis descanso, cada una en casa de su marido.
Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron,
10y le dijeron: Ciertamente nosotras iremos
contigo a tu pueblo.
14Y
ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa
besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella. 15Y
Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su
pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
16Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y
me aparte de ti; porque a dondequiera que tú
fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
17Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré
sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada,
que sólo la muerte hará separación entre
nosotras dos
13Booz,
pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y
se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y
diese a luz un hijo.
16Y
tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo,
y fue su aya. 17Y le dieron nombre las vecinas,
diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo
llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de
David.
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