Jesús les dijo:
- El que esté sin pecado,
que le tire la primera
piedra.
Jesús dijo a la mujer:
-Tampoco yo te condeno.
Anda y en adelante
no peques más.
Lc. 8, 1-11
Con mi último aliento me presento ante ti, al caer de la tarde,
Con mi último aliento me presento ante ti,
el camino es tan largo .
Con mi último aliento yo traigo ante ti, cada paso del día.
Con mi último aliento también traigo a ti,
a mi alma rendida.
El tiempo de cuaresma
nos recuerda
que estamos unidos por la salvación
que nos ha aportado Jesucristo.
El pecado no puede ser
la última palabra de un camino
que recorremos en la esperanza.
Los escribas y fariseos
traen ante Jesús a una
mujer sorprendida en
adulterio.
La escena parece
calculada para tender
una trampa a Jesús.
Si el Maestro dice que
hay que apedrear
a la mujer, queda en
entredicho su fama
de profeta misericordioso.
Si opina que hay que
dejarla libre, contradice
la Ley de Moisés,
y no merece el nombre
de profeta.
Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo.
Se limitó a decirles:
“El que esté sin pecado,
que le tire la primera piedra”.
Nuestra sociedad nos ofrece cada día
el triste espectáculo de acusadores
que lanzan piedras y bombas contra
los que no piensan como ellos.
Con mi último aliento me presento ante ti
al caer de la tarde
Con mi último aliento me presento ante ti
el camino es tan largo.
Ante la mujer humillada, Jesús proclama una sentencia:
“Tampoco yo te condeno.
Anda y en adelante no peques más”.
En las sombras clamo al Señor,
esperanza de mi redentor.
Dejo en tus manos mi vida Señor,
encomiendo mi espíritu.
Jesús sabe que el pecado existe y
constituye un riesgo permanente.
Y sin embargo orienta la mirada hacia
un futuro de conversión y de esperanza.
Señor Jesús, mil voces
de nuestro tiempo tratan
de quitar importancia
al pecado.
Y otras mil nos humillan
cuando sospechan
que hemos caído en él.
Tú no ignoras nuestro mal,
pero nos ofreces el don
de tu perdón misericordioso.
Bendito seas por ello. Amén.