Jesús les dijo a los escribas y fariseos :
- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
Jesús dijo a la mujer:
-Tampoco yo te condeno.
Anda y en adelante no peques más.
Lc. 8, 1-11
El tiempo de cuaresma nos recuerda
que estamos unidos por la salvación
que nos ha aportado Jesucristo.
El pecado no puede ser
la última palabra de un camino
que recorremos en la esperanza.
Los escribas y fariseos traen ante Jesús
a una mujer sorprendida en adulterio.
La escena parece calculada para tender una
trampa a Jesús.
Si el Maestro dice que hay que apedrear
a la mujer, queda en entredicho su fama
de profeta misericordioso.
Si opina que hay que
dejarla libre,
contradice
la Ley de Moisés,
y no merece el nombre
de profeta.
Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo.
Se limitó a decirles:
“El que esté sin pecado,
que le tire la primera piedra”.
Nuestra sociedad nos ofrece cada día
el triste espectáculo de acusadores
que lanzan piedras y bombas contra
los que no piensan como ellos.
Ante la mujer humillada, Jesús proclama una sentencia:
“Tampoco yo te condeno.
Anda y en adelante no peques más”.
Jesús sabe que el pecado existe y
constituye un riesgo permanente.
Y sin embargo orienta la mirada hacia
un futuro de conversión y de esperanza.
Señor Jesús, mil voces
de nuestro tiempo tratan
de quitar importancia
al pecado.
Y otras mil nos humillan
cuando sospechan
que hemos caído en él.
Tú no ignoras nuestro mal,
pero nos ofreces el don
de tu perdón misericordioso.
Bendito seas por ello. Amén.
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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