La configuración del
sentido
Un camino hacia el Dios Trinitario
Un camino hacia el Otro
Un camino al interior
eu – topos
u – topos
Tomás Moro
Utopía
eu – topos
u – topos
u – topos
Plan, proyecto, doctrina o sistema
optimista que aparece como irrealizable
en el momento de su formulación.
Sarmiza Bilcescu
Martin Luther King
Vicente de Paúl
Luisa de Marillac
eu – topos
u – topos
Para plenificarnos como personas
Pero, ¿y qué decir de la libertad humana? ¿No hay una libertad
espiritual con respecto a la conducta y a la reacción ante un
entorno dado? ¿Es cierta la teoría que nos enseña que el hombre
no es más que el producto de muchos factores ambientales
condicionantes, sean de naturaleza biológica, psicológica o
sociológica? ¿El hombre es sólo un producto accidental de
dichos factores? Y, lo que es más importante, ¿las reacciones de
los prisioneros ante el mundo singular de un campo de
concentración, son una prueba de que el hombre no puede
escapar a la influencia de lo que le rodea? ¿Es que frente a tales
circunstancias no tiene posibilidad de elección?
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
Podemos contestar a todas estas preguntas en base a la
experiencia y también con arreglo a los principios. Las
experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre
tiene capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes,
algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la
apatía, eliminarse la irritabilidad. El hombre puede conservar un
vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental,
incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y
física.
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a
los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los
demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede
que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes
de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la
última de las libertades humanas —la elección de la actitud
personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su
propio camino.
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una
pregunta: ¿Sobreviviremos al campo de concentración? De lo
contrario, todos estos sufrimientos carecerían de sentido. La
pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era esta otra:
¿Tiene algún sentido todo este sufrimiento, todas estas
muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene
sobrevivir al internamiento. Una vida cuyo último y único
sentido consistiera en superarla o sucumbir, una vida, por tanto,
cuyo sentido dependiera, en última instancia, de la casualidad no
merecería en absoluto la pena de ser vivida.
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
Por regla general, los recién llegados no sabían nada de las
condiciones de un campo. Los que venían de otros campos se
veían obligados a guardar silencio y, de algunos campos, nadie
regresó. Al entrar en él, las mentes de los prisioneros sufrían un
cambio. Con el fin de la incertidumbre venía la incertidumbre
del fin. Era imposible prever cuándo y cómo terminaría aquella
existencia, caso de tener fin. El vocablo latino finis tiene dos
significados: final y meta a alcanzar. El hombre que no podía ver
el fin de su "existencia provisional", tampoco podía aspirar a
una meta última en la vida. Cesaba de vivir para el futuro en
contraste con el hombre normal. Por consiguiente cambiaba
toda la estructura de su vida íntima. Aparecían otros signos de
decadencia como los que conocemos de otros aspectos de la
vida. Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
El hombre tiene la peculiaridad de que no puede vivir si no mira al futuro: sub
specie aeternitatis. Y esto constituye su salvación en los momentos más difíciles
de su existencia, aun cuando a veces tenga que aplicarse a la tarea con sus cinco
sentidos. Por lo que a mí respecta, lo sé por experiencia propia. Al borde del llanto
a causa del tremendo dolor (tenía llagas terribles en los pies debido a mis zapatos
gastados) recorrí con la larga columna de hombres los kilómetros que separaban
el campo del lugar de trabajo. El viento gélido nos abatía. Yo iba pensando en los
pequeños problemas sin solución de nuestra miserable existencia. ¿Qué
cenaríamos aquella noche? ¿Si como extra nos dieran un trozo de salchicha,
convendría cambiarla por un pedazo de pan? ¿Debía comerciar con el último
cigarrillo que me quedaba de un bono que obtuve hacía quince días y cambiarlo
por un tazón de sopa? ¿Cómo podría hacerme con un trozo de alambre para
reemplazar el fragmento que me servía como cordón de los zapatos? ¿Llegaría al
lugar de trabajo a tiempo para unirme al pelotón de costumbre o tendría que
acoplarme a otro cuyo capataz tal vez fuera más brutal? ¿Qué podía hacer para
estar en buenas relaciones con un "capo" determinado que podría ayudarme a
conseguir trabajo en el campo en vez de tener que emprender a diario aquella
dolorosa caminata?
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
El prisionero que perdía la fe en el futuro —en su futuro— estaba
condenado. Con la pérdida de la fe en el futuro perdía, asimismo,
su sostén espiritual; se abandonaba y decaía y se convertía en el
sujeto del aniquilamiento físico y mental. Por regla general, éste se
producía de pronto, en forma de crisis, cuyos síntomas eran
familiares al recluso con experiencia en el campo. Todos temíamos
este momento no ya por nosotros, lo que no hubiera tenido
importancia, sino por nuestros amigos. Solía comenzar cuando una
mañana el prisionero se negaba a vestirse y a lavarse o a salir fuera
del barracón. Ni las súplicas, ni los golpes, ni las amenazas surtían
ningún efecto. Se limitaba a quedarse allí, sin apenas moverse.
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Para plenificarnos como personas
Recuerdo dos casos de suicidio frustrado que guardan entre sí
mucha similitud. Ambos prisioneros habían comentado sus
intenciones de suicidarse basando su decisión en el argumento
típico de que ya no esperaban nada de la vida. En ambos casos se
trataba por lo tanto de hacerles comprender que la vida todavía
esperaba algo de ellos. A uno le quedaba un hijo al que él adoraba y
que estaba esperándole en el extranjero. En el otro caso no era una
persona la que le esperaba, sino una cosa, ¡su obra! Era un científico
que había iniciado la publicación de una colección de libros que
debía concluir. Nadie más que él podía realizar su trabajo, lo mismo
que nadie más podría nunca reemplazar al padre en el afecto del
hijo.
Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”
Análisis
de la
distopía
Tiempo de crisis
Benedicto XVI (2005-2013)
En este caso aparece también como elemento distintivo de los cristianos el
hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo
que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo
cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el
presente. De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente
una « buena noticia », una comunicación de contenidos desconocidos hasta
aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo «
informativo », sino « performativo ». Eso significa que el Evangelio no es
solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una
comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del
tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de
otra manera; se le ha dado una vida nueva. (SS 2)
Pues bien, el núcleo de la respuesta se da en el pasaje antes citado de la Carta a
los Efesios: antes del encuentro con Cristo, los Efesios estaban sin esperanza,
porque estaban en el mundo « sin Dios ». Llegar a conocer a Dios, al Dios
verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza. Para nosotros, que vivimos
desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemos acostumbrado a
él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios, resulta ya
casi imperceptible. (SS 3)
Los sarcófagos de los primeros tiempos del cristianismo muestran visiblemente
esta concepción, en presencia de la muerte, ante la cual es inevitable
preguntarse por el sentido de la vida. En los antiguos sarcófagos se interpreta la
figura de Cristo mediante dos imágenes: la del filósofo y la del pastor. En
general, por filosofía no se entendía entonces una difícil disciplina académica,
como ocurre hoy. El filósofo era más bien el que sabía enseñar el arte esencial: el
arte de ser hombre de manera recta, el arte de vivir y morir. (...)
Hacia finales del siglo III encontramos por vez primera en Roma, en el sarcófago
de un niño y en el contexto de la resurrección de Lázaro, la figura de Cristo como
el verdadero filósofo, que tiene el Evangelio en una mano y en la otra el bastón
de caminante propio del filósofo. Con este bastón Él vence a la muerte; el
Evangelio lleva la verdad que los filósofos deambulantes habían buscado en
vano. En esta imagen, que después perdurará en el arte de los sarcófagos
durante mucho tiempo, se muestra claramente lo que tanto las personas cultas
como las sencillas encontraban en Cristo: Él nos dice quién es en realidad el
hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre.
Él nos indica el camino y este camino es la verdad.
Él mismo es ambas cosas, y por eso es también la vida
que todos anhelamos.
Francisco (2013-)
LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO llena el corazón y la vida entera de los que
se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del
pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo
siempre nace y renace la alegría. (EG 1)
El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de
consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y
avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la
conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios
intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya
no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor,
ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también
corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se
convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. (EG 2)
Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos
nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que
nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él
perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una
y otra vez.
Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e
inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar,
con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede
devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca
nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su
vida que nos lanza hacia adelante! (EG 3)
eu – topos
u – topos
Descargar

Diapositiva 1