HABLAR DE DIOS, HABLAR CON DIOS
Javier Sesé
SANTIDAD Y CONOCIMIENTO DE DIOS
“Sólo los santos, con la
intensidad de su amor,
pueden penetrar en la
profundidad
de
este
misterio, apoyando como
Juan la cabeza en el pecho
de Jesús (cf. Jn 13,25).
Aquí nos encontramos,
en efecto, en la cima del
amor: ‘habiendo amado a
los suyos que estaban en el
mundo, los amó hasta el
extremo’ (Jn 13, 1)”.
Juan Pablo II, Carta a los
sacerdotes en el Jueves Santo,
23-III-2000
SANTIDAD Y CONOCIMIENTO DE DIOS
“Primeramente invito al lector al
gemido de la oración por medio de Cristo
crucificado, cuya sangre nos lava las
manchas de los pecados, no sea que
piense que le basta
la lección sin la unción,
la especulación sin la devoción,
la investigación sin la admiración,
la circunspección sin la exultación,
la industria sin la piedad,
la ciencia sin la caridad,
la inteligencia sin la humildad,
San Buenaventura,
Itinerarium mentis in Deum,
prólogo
el estudio sin la gracia,
el
espejo
sin
la
divinamente inspirada”.
sabiduría
SANTIDAD Y ORACIÓN
Para esta pedagogía de la
santidad
es
necesario
un
cristianismo que se distinga
ante todo en el arte de la
oración.
En la plegaria se desarrolla
ese diálogo con Cristo que nos
convierte
en
sus
íntimos:
‘Permaneced en mí, como yo en
vosotros’ (Jn 15,4).
Esta reciprocidad es el
fundamento mismo, el alma de la
vida cristiana y una condición
para
toda
vida
pastoral
auténtica.
Juan Pablo II,
Novo millennio
ineunte,
n. 32
Juan Pablo II,
Novo millennio
ineunte,
n. 33
SANTIDAD Y ORACIÓN
La gran tradición mística de
la Iglesia muestra cómo la
oración puede avanzar, como
verdadero y propio diálogo de
amor,
hasta hacer que la persona
humana sea poseída totalmente
por el divino Amado, sensible al
impulso
del
Espíritu
y
abandonada filialmente en el
corazón del Padre.
Entonces se realiza la
experiencia viva de la promesa
de Cristo: «El que me ame, será
amado de mi Padre; y yo le
amaré y me manifestaré a él» (Jn
14,21).
SANTIDAD Y ORACIÓN
Sí, queridos hermanos y
hermanas, nuestras comunidades
cristianas tienen que llegar a ser
auténticas «escuelas de oración»,
donde el encuentro con Cristo
no se exprese solamente en
petición de ayuda, sino también en
acción de gracias,
alabanza,
adoración,
contemplación,
escucha
y viveza de afecto
hasta
el
“arrebato
del
corazón”.
Juan Pablo II,
Novo millennio
ineunte,
n. 33
HABLAR CON DIOS
→
→
UNIÓN CON DIOS
TESTIMONIO VIVO DE DIOS
→
HABLAR DE DIOS
DIFICULTADES AL HABLAR DE DIOS
IMAGEN DE DIOS COMO UN
SER:
“LEJANO”
“INACCESIBLE”
“EXTRAÑO”
“INDIFERENTE” …
O INCLUSO:
“CAPRICHOSO”
“CRUEL”
“CASTIGADOR”
“VENGATIVO” …
VERDADERO ROSTRO DE DIOS:
AMOR PATERNO Y MATERNO
“Mirad qué amor tan
grande nos ha mostrado el
Padre: que nos llamemos hijos
de Dios, ¡y lo somos!” (1 Jn 3,
1)
“Os amamantaréis, seréis
llevados
en
brazos
y
acariciados sobre las rodillas.
Como alguien a quien su madre
consuela, así Yo os consolaré”
(Is 66, 12-13)
“¿Acaso olvida una madre
a su niño de pecho, sin
compadecerse del hijo de sus
entrañas? Pues aunque ellas
llegasen a olvidar, yo no te
olvido” (Is 49, 15)
“El Dios de nuestra fe no
es un ser lejano, que contempla
indiferente la suerte de los
hombres: sus afanes, sus
luchas, sus angustias.
CERCANÍA
AMOROSA DE DIOS
Es un Padre que ama a sus
hijos hasta el extremo de enviar
al Verbo, Segunda Persona de
la Trinidad Santísima, para que,
encarnándose,
muera
por
nosotros y nos redima.
El mismo Padre amoroso
que
ahora
nos
atrae
suavemente hacia Él, mediante
la acción del Espíritu Santo que
habita en nuestros corazones”.
San Josemaría Escrivá,
Es Cristo que pasa,
n. 84
CERCANÍA AMOROSA DE DIOS
“Mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas parte y
que le vino a hallar dentro de sí mismo.
¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta
verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al
cielo ni para regalarse con Él, ni ha menester hablar a voces?
Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá; ni ha menester
alas para ir a buscarle sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y
no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle
como a Padre, pedirle como a Padre, contarle sus trabajos, pedirle
remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija”
Santa Teresa de Jesús,
Camino de perfección,
c. 28, 2
San Agustín de Hipona,
Confesiones,
X, 27
“Es preciso convencerse de
que Dios está junto a nosotros
de continuo. -Vivimos como si el
Señor estuviera allá lejos,
donde brillan las estrellas, y no
consideramos que también está
siempre a nuestro lado.
CERCANÍA
AMOROSA DE DIOS
Y está como un Padre
amoroso -a cada uno de
nosotros nos quiere más que
todas las madres del mundo
pueden querer a sus hijos-,
ayudándonos,
inspirándonos,
bendiciendo… y perdonando.
Preciso
es
que
nos
empapemos,
que
nos
saturemos de que Padre y muy
Padre nuestro es el Señor que
está junto a nosotros y en los
cielos”.
San Josemaría Escrivá,
Camino,
n. 267
CERCANÍA AMOROSA
DE DIOS EN LA
ORACIÓN
"Si conocieras el don de Dios"
(Jn 4, 10).
La maravilla de la oración se
revela precisamente allí, junto al
pozo donde vamos a buscar nuestra
agua: allí Cristo va al encuentro de
todo ser humano, es el primero en
buscarnos y el que nos pide de
beber.
Jesús tiene sed, su petición
llega desde las profundidades de
Dios que nos desea.
La oración, sepámoslo o no,
es el encuentro de la sed de Dios y
de la sed del hombre.
Catecismo, n. 2560
Dios tiene sed de que el
hombre tenga sed de El (cf San
Agustín, quaest. 64, 4).
APERTURA A
DIOS EN LA
ORACIÓN
“Orar es ponerse en
manos de Dios, a su
disposición, y escuchar
su voz en lo profundo de
nuestros corazones”.
“El primer requisito
para la oración es el
silencio. Las personas de
Oración son personas que
saben guardar silencio”.
Beata Teresa de Calcuta,
Orar
HABLAR DE DIOS
DIOS
←
←
HABLAR CON
ESCUCHAR A DIOS
CONTEMPLAR A DIOS Y HABLAR DE DIOS
DESDE ESTA PERSPECTIVA
EJEMPLOS:
- Entender y explicar bien los
atributos divinos:
La Eternidad de Dios no es algo
que le aleja de nosotros y le hace
extraño, sino todo lo contrario:
“¿No sabes que yo soy la
memoria eterna de mi Padre
celestial, que no olvida nunca
nada y en el cual el pasado y el
futuro son como el presente?”
Santa Margarita María de
Alacoque,
Autobiografía, n. 10
Eternidad = Dios piensa “siempre” en mi
… Dios me ama “siempre”
“Considera el amor eterno que
Dios te ha manifestado, pues antes
que la Humanidad de Jesucristo
padeciese por ti en la Cruz, su
Divina Majestad te llevaba presente
en su soberana bondad y te amaba
desde el principio.
Pero ¿cuándo comenzó a
amarte? Cuando comenzó a ser
Dios.
San Francisco de Sales,
Introducción a la vida devota,
V, c. 14
Y ¿cuándo comenzó a ser
Dios? Nunca, pues no tiene
principio ni fin; y, por tanto, te amó
siempre, desde toda la eternidad; y
desde toda la eternidad te tenía
preparados los favores y las
gracias que te ha concedido”
OTRO EJEMPLO: PROBLEMA DEL
MAL, EL DOLOR, LA MUERTE, …
“Hija
mía queridísima,
nunca se perturbe tu alma
por cualquier cosa que pueda
ocurrirme en este mundo.
Nada puede ocurrir sino lo
que Dios quiere. Y yo estoy
muy seguro de que sea lo
que sea, por muy malo que
parezca, será de verdad lo
mejor”
Santo Tomás Moro,
Cartas desde la Torre
AMOR DE DIOS Y CRUZ
“¿Penas?, ¿contradicciones
por aquel suceso o el otro?…
¿No ves que lo quiere tu PadreDios…, y Él es bueno…, y Él te
ama -¡a ti solo!- más que todas
las madres juntas del mundo
pueden amar a sus hijos?”
San Josemaría Escrivá,
Forja, n. 929
AMOR DE DIOS Y CRUZ
“Me dices siempre que
quien sufre ama; entonces,
esta tarde, he sufrido, te he
amado, Jesús. Entregas la
cruz, Jesús, a los que
amas. Tú me tratas a mí
como te trató a Ti tu Padre.
Jesús, me haces beber el
cáliz de la Pasión hasta la
última gota”
Santa Gema Galgani,
Éxtasis, n. 9
“La naturaleza humana que Él asumió
le dio la posibilidad de padecer y morir; la
naturaleza divina que Él poseía desde toda
la eternidad le dio a su pasión y muerte un
valor infinito y una fuerza redentora.
AMOR DE DIOS Y
CRUZ
La pasión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo se continúan en su cuerpo
místico y en cada uno de sus miembros.
Todo hombre tiene que padecer y
morir, pero si él es un miembro vivo del
cuerpo místico de Cristo, entonces su
sufrimiento y su muerte reciben una fuerza
redentora en virtud de la divinidad de la
Cabeza.
Esa es la razón objetiva de por qué los
santos anhelaban el sufrimiento. No se
trata de un gusto patológico por el
sufrimiento.
A los ojos de la razón natural puede
parecer esto una perversión, pero a la luz
del misterio de la salvación es lo más
razonable”
Santa Edith Stein,
El misterio de la Nochebuena
CONCLUSIÓN:
EL VERDADERO DIOS ES EL QUE NOS MUESTRAN LOS
QUE LE CONOCEN DE VERDAD: LOS SANTOS
“Créeme. Sinceramente te lo digo; yo
antes creía imposible poder llegar a
enamorarme de un Dios a quien no veía; a
quien no podía acariciar. Mas hoy día
afirmo con el corazón en la mano que Dios
resarce enteramente ese sacrificio.
De tal manera siente uno ese amor,
esas caricias de Nuestro Señor, que le
parece tenerlo a su lado. Tan íntimamente
lo siento unido a mí, que no puedo desear
más, salvo la visión beatífica en el cielo.
Me siento llena de Él y en este instante
lo estrecho contra mi corazón pidiéndole
que te dé a conocer las finezas de su
Amor.
No hay separación entre nosotros.
Donde yo vaya, El está conmigo dentro de
mi pobre corazón. Es su casita donde yo
habito; es mi cielo aquí en la tierra”.
Santa Teresa de los Andes,
Cartas, n. 40
Y LOS SANTOS CONOCEN BIEN A DIOS PORQUE REZAN,
PORQUE HABLAN CON ÉL Y LE ESCUCHAN
“‘Padre nuestro que estás en los
cielos’. En ese pequeño cielo que Él se
ha hecho en el centro de nuestra alma
es donde debemos buscarle y, sobre
todo, donde debemos morar (…)
Seremos entonces hijas de Dios y
conoceremos por experiencia la
verdad de estas palabras de Isaías:
‘Serán
llevados
en brazos, y
acariciados sobre las rodillas’ (Is 66,
12).
Beata Isabel de la Trinidad,
El cielo en la tierra, Día noveno
En efecto, la única ocupación de
Dios parece consistir en colmar al alma
de caricias y pruebas de amor como
una madre cría a su hijo y le alimenta
con su leche. ¡Oh! Permanezcamos a
la escucha de la voz misteriosa de
nuestro Padre. ‘Hija mía, nos dice,
dame tu corazón’ (cfr. Prov 23, 26)”.
Descargar

NATURALEZA Y DINAMISMO DE LA VIDA ESPIRITUAL