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SANTIDAD CRISTIANA, 10
Las tres formas de oración no son excluyentes
entre sí. Las oraciones vocales proporcionan
abundante alimento para la meditación personal. Por su parte, al meditar, muchas veces
se pasa a la contemplación (siempre es don
que concede Dios).
Otras veces, la contemplación se desborda en oraciones vocales y
jaculatorias. Y viceversa: “sé que muchas personas, rezando vocalmente -como ya queda dicho-, las levanta Dios, sin saber ellas
cómo, a subida contemplación” (Santa Teresa de Jesús, Camino
de Perfección 30, 7).
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SANTIDAD CRISTIANA, 11
El fruto del trato con Dios, de la auténtica
vida interior, se manifiesta en toda la vida
de la persona: en su caridad, en su trabajo,
en su alegría, etc.. Sin cambiar nada por
fuera, se trata de “un nuevo modo de pisar
en la tierra, un modo divino, sobrenatural,
maravilloso” (San Josemaría, Amigos de
Dios 297).
“Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino,
escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de
vosotros descubrir” (San Josemaría, homilía, 8.10.1967).
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SANTIDAD CRISTIANA, 12
“Seguir a Cristo: éste es el secreto. Acompañarle tan de cerca,
que vivamos con Él, como aquellos primeros doce; tan de
cerca que con Él nos identifiquemos” (San Josemaría, Amigos
de Dios 299).
En ese seguimiento, se pueden señalar cuatro escalones: buscarle,
encontrarle, tratarle y amarle.
“Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas.
Si obráis con este empeño, me atrevo a
garantizar que ya lo habéis encontrado, y
que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo” (San Josemaría, Amigos de Dios 300).
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