Ejemplo práctico de la monarquía de Luis XIV.
 “Dios estableció a los reyes
como sus ministros y reina a
través de ellos sobre los
pueblos (...)
Los príncipes actúan como los
ministros de Dios y sus
lugartenientes en la tierra.
Por medio de ellos Dios
ejercita su imperio. Por ello el
trono real no es el trono de un
hombre sino el de Dios
mismo.
Se desprende de todo ello que
la persona del rey es sagrada y
que atentar contra ella es un
sacrilegio.”
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“La soberanía es el poder absoluto y perpetuo de la
Rex-pública (...). La soberanía no es limitada, ni en
poder, ni en responsabilidad, ni en tiempo (...). es
necesario que quienes son soberanos no estén de
ningún modo sometidos al imperio de otro y puedan
dar ley a los súbditos y anular o enmendar las leyes
inútiles (...). Dado que, después de Dios, nada hay
mayor sobre la tierra que los príncipes soberanos,
instituidos por Él como sus lugartenientes para
mandar a los demás hombres, es preciso prestar
atención a su condición para, así, respetar y
reverenciar su majestad con la sumisión debida, y
pensar y hablar de ellos dignamente, ya que quien
menosprecia a su príncipe soberano menosprecia a
Dios, del cual es su imagen sobre la tierra.”
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“Felipe IV confió el gobierno a su valido, el conde-duque de Olivares. Este presidente de gobierno no
robó como los anteriores, pues se conformaba con mandar. (...) Mientras tanto, el rey se entregaba a
sus aficiones, queridas, cómicos y podencos.
Trescientos jamones
Felipe IV viajó al hondo sur en 1624. En lo más negro de la decadencia hispana, al rey le dio por visitar
Andalucía, y avisó al duque de Medina Sidonia que iría a cazar a sus estados del coto de Doñana. En
aquel momento, el duque no estaba para fiestas, que andaba corto de numerario y los dolores de gota
lo tenían baldado, pero echó la casa andaluzamente por la ventana para recibir al rey y a la corte con la
prodigalidad y munificencia que cabía esperar en un Medina Sidonia: arregló caminos, demolió casas
ruinosas, adecentó estancias y proveyó todo lo necesario para que no faltara de nada al ejército de
gorrones que se le venía encima. Durante medio mes, hospedó a mesa y mantel a cerca de dieciséis
mil cortesanos. Las cifras de la cocina son pavorosas: para satisfacer el desaforado apetito de los
visitantes no basta allegar toda la pesca de once leguas de costa y toda la caza de veinte leguas de coto.
Además, devoraron dos mil barriles de pescado de Sanlúcar, trescientos jamones de Rute, de Aracena
y de Vizcaya; mil barriles de aceitunas, la leche de seiscientas cabras, ochenta botas de vino añejo y
gran cantidad de vino de Lucena. Cincuenta mulas no daban abasto arrimando nieve de la sierra de
Ronda para los refrescos y la conservación de las viandas. El andrajoso y hambriento pueblo de los
alrededores acudió en masa al cebadero, a ver si caía algo, y aunque el duque había pregonado pena de
azotes al que se acercara a las cocinas, al final eran tantos que no hubo más remedio que alimentarlos.
De todas formas, luego, lo purgarían en impuestos, pues el duque los tuvo que subir para resarcirse de
las pérdidas. Las jornadas cinegéticas fueron muy provechosas. El rey, intrépido cazador, apuñaló a un
jabalí cautivo mientras el animal era sujetado entre varios monteros, y abatió tres toros en un corral,
disparando con su arcabuz desde el parapeto del burladero.”
 “Todo sistema que, bajo una apariencia de humanidad o de
beneficencia, llevase a una monarquía bien ordenada a
establecer entre los hombres una igualdad de deberes ya
destruir las distinciones necesarias , conduciría pronto al
desorden, consecuencia inevitable de la igualdad absoluta y
produciría la subversión de la sociedad. El noble consagra
su dignidad a la defensa del Estado y asiste con sus consejos
al soberano.
La última clase de la nación que no puede otorgar al Estado
servicios tan distinguidos, los suple con los tributos, la
industria y los trabajos corporales.”
Solennelles. Amonestaciones del Parlamento de París. 4
de marzo de 1776.
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El absolutismo.