En la hora de la muerte serán tu consuelo más grande
las Santas Misas de las que has participado “con devoción”.
Cada Santa Misa te acompañará al Tribunal de Dios,
para ahí interceder por ti.
Por cada Santa Misa, y en la medida de la “devoción”
con la que participas de ella, puedes expiar las penas merecidas por tus pecados.
Si participas de la Santa Misa “con devoción”,
estás dando mayor Gloria a la Santa humanidad de Jesucristo.
Jesús hace reparación de todas tus faltas
y negligencias.
Te perdona los pecados leves,
si te propones evitarlos sinceramente.
El poder del mal sobre ti queda quebrado.
A las almas del purgatorio das el mayor consuelo.
Una sola Misa, de la que participas “con devoción”,
te será más provechosa que muchas Misas ofrecidas
por ti después de tu muerte.
Cada Santa Misa acorta tu purgatorio
y te ganas un mayor grado de gloria en el Cielo.
Te salvas de muchos peligros y desgracias
que de lo contrario sufrirías.
Estás rodeado de un sinnúmero de ángeles
que participan con devoción del Santo Sacrificio.
Cuando comulgas no sólo estás en común unión
con Cristo sino también con todos tus seres queridos
que han partido antes que tú.
Tus asuntos temporales serán de modo especial
bendecidos por el Cielo.
En cada comunión hecha “con devoción” Jesús
te va transformando poco a poco a su imagen y semejanza.
La Bendición Sacerdotal que recibes, en la Santa Misa,
es confirmada por el mismo Dios.
Si tomáramos conciencia realmente de todo esto,
no dejaríamos de asistir a Misa por nada del mundo.
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La Santa Misa