Limpiémonos de toda contaminación
de carne y de espíritu
38y
me serán por pueblo, y yo seré a ellos por
Dios. 39Y les daré un corazón, y un camino, para
que me teman perpetuamente, para que tengan
bien ellos, y sus hijos después de ellos. 40Y haré
con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás
de hacerles bien, y pondré mi temor en el
corazón de ellos, para que no se aparten de mí.
41Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y
los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi
corazón y de toda mi alma.
12Por
lo cual asimismo padezco esto;
pero no me avergüenzo, porque yo sé a
quién he creído, y estoy seguro que es
poderoso para guardar mi depósito para
aquel día. 13Retén la forma de las sanas
palabras que de mí oíste, en la fe y amor
que es en Cristo Jesús. 14Guarda el
buen depósito por el Espíritu Santo que
mora en nosotros.
15¿Y
qué concordia Cristo con Belial? ¿O
qué parte el creyente con el incrédulo?
16¿Y qué acuerdo hay entre el templo de
Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el
templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su
Dios, Y ellos serán mi pueblo. 17Por lo
cual, Salid de en medio de ellos, y
apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo
inmundo; Y yo os recibiré,
18Y
seré para vosotros por Padre, Y
vosotros me seréis hijos e hijas, dice el
Señor
Todopoderoso.
71Así
que,
amados, puesto que tenemos tales
promesas,
limpiémonos
de
toda
contaminación de carne y de espíritu,
perfeccionando la santidad en el temor
de Dios.
14Lava
tu corazón de maldad, oh
Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta
cuándo permitirás en medio de ti los
pensamientos de iniquidad?
8Al
que piensa hacer el mal, Le
llamarán
hombre
de
malos
pensamientos. 9El pensamiento del
necio es pecado, Y abominación a
los hombres el escarnecedor.
16Seis
cosas aborrece Jehová, Y
aun siete abomina su alma: 17Los
ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre
inocente, 18El corazón que maquina
pensamientos inicuos, Los pies
presurosos para correr al mal,
9Guárdate
de tener en tu corazón
pensamiento perverso, diciendo: Cerca está
el año séptimo, el de la remisión, y mires con
malos ojos a tu hermano menesteroso para
no darle; porque él podrá clamar contra ti a
Jehová, y se te contará por pecado. 10Sin
falta le darás, y no serás de mezquino
corazón cuando le des; porque por ello te
bendecirá Jehová tu Dios en todos tus
hechos, y en todo lo que emprendas.
1Puesto
que Cristo ha padecido por
nosotros en la carne, vosotros también
armaos del mismo pensamiento; pues
quien ha padecido en la carne, terminó
con el pecado, 2para no vivir el tiempo
que resta en la carne, conforme a las
concupiscencias de los hombres, sino
conforme a la voluntad de Dios.
1Hermanos
míos, no os hagáis maestros muchos
de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor
condenación. 2Porque todos ofendemos muchas
veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es
varón perfecto, capaz también de refrenar todo el
cuerpo. 3He aquí nosotros ponemos freno en la
boca de los caballos para que nos obedezcan, y
dirigimos así todo su cuerpo. 4Mirad también las
naves; aunque tan grandes, y llevadas de
impetuosos vientos, son gobernadas con un muy
pequeño timón por donde el que las gobierna
quiere.
5Así
también la lengua es un miembro pequeño,
pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán
grande bosque enciende un pequeño fuego! 6Y la
lengua es un fuego, un mundo de maldad. La
lengua está puesta entre nuestros miembros, y
contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la
creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
7Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de
serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido
domada por la naturaleza humana; 8pero ningún
hombre puede domar la lengua, que es un mal que
no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
9Con
ella bendecimos al Dios y Padre, y
con ella maldecimos a los hombres, que
están hechos a la semejanza de Dios.
10De
una misma boca proceden
bendición y maldición. Hermanos míos,
esto no debe ser así.
21Y
este será mi pacto con ellos, dijo
Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti,
y mis palabras que puse en tu boca, no
faltarán de tu boca, ni de la boca de tus
hijos, ni de la boca de los hijos de tus
hijos, dijo Jehová, desde ahora y para
siempre.
7Y
me dijo Jehová: No digas: Soy un niño;
porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás
todo lo que te mande. 8No temas delante de
ellos, porque contigo estoy para librarte, dice
Jehová. 9Y extendió Jehová su mano y tocó mi
boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis
palabras en tu boca. 10Mira que te he puesto en
este día sobre naciones y sobre reinos, para
arrancar y para destruir, para arruinar y para
derribar, para edificar y para plantar.
5Entonces
dije: ¡Ay de mí! que soy muerto;
porque siendo hombre inmundo de labios, y
habitando en medio de pueblo que tiene
labios inmundos, han visto mis ojos al Rey,
Jehová de los ejércitos. 6Y voló hacia mí uno
de los serafines, teniendo en su mano un
carbón encendido, tomado del altar con unas
tenazas; 7y tocando con él sobre mi boca,
dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es
quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
9En
aquel tiempo devolveré yo a
los pueblos pureza de labios, para
que todos invoquen el nombre de
Jehová, para que le sirvan de
común consentimiento.
25Por
lo cual, desechando la mentira, hablad
verdad cada uno con su prójimo; porque
somos miembros los unos de los otros.
26Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol
sobre vuestro enojo, 27ni deis lugar al diablo.
28El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje,
haciendo con sus manos lo que es bueno,
para que tenga qué compartir con el que
padece
necesidad. 29Ninguna
palabra
corrompida salga de vuestra boca, sino la que
sea buena para la necesaria edificación, a fin
de dar gracia a los oyentes. 30Y no contristéis
al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis
sellados para el día de la redención.
31Quítense de vosotros toda amargura, enojo,
ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
32Antes
sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en
Cristo.
8Finalmente,
sed
todos de un mismo sentir,
compasivos,
amándoos
fraternalmente,
misericordiosos, amigables; 9no devolviendo mal por
mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario,
bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para
que heredaseis bendición. 10Porque: El que quiere
amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua
de mal, Y sus labios no hablen engaño; 11Apártese
del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala.
12Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y
sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del
Señor está contra aquellos que hacen el mal.
La Palabra de Dios
La Sangre de Cristo
El Espíritu Santo
El Ayuno
La Alabanza
La Oración
La Palabra de Dios
2Todo
pámpano que en mí no lleva fruto,
lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo
limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya
vosotros estáis limpios por la palabra que
os he hablado. 4Permaneced en mí, y yo
en vosotros. Como el pámpano no puede
llevar fruto por sí mismo, si no permanece
en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.
La Palabra de Dios
25Maridos,
amad a vuestras mujeres, así
como Cristo amó a la iglesia, y se
entregó a sí mismo por ella, 26para
santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la palabra, 27a
fin de presentársela a sí mismo, una
iglesia gloriosa, que no tuviese mancha
ni arruga ni cosa semejante, sino que
fuese santa y sin mancha.
La Sangre de Cristo
13Porque
si la sangre de los toros y de los
machos cabríos, y las cenizas de la
becerra rociadas a los inmundos,
santifican para la purificación de la
carne,14¿cuánto más la sangre de Cristo,
el cual mediante el Espíritu eterno se
ofreció a sí mismo sin mancha a Dios,
limpiará vuestras conciencias de obras
muertas para que sirváis al Dios vivo?
El Espíritu Santo
22acerquémonos
con
corazón
sincero, en plena certidumbre de fe,
purificados los corazones de mala
conciencia, y lavados los cuerpos
con agua pura.
El Espíritu Santo
12Así
que, hermanos, deudores somos, no a la
carne, para que vivamos conforme a la carne;
13porque si vivís conforme a la carne, moriréis;
mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de
la carne, viviréis. 14Porque todos los que son
guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos
de Dios. 15Pues no habéis recibido el espíritu
de esclavitud para estar otra vez en temor, sino
que habéis recibido el espíritu de adopción, por
el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu Santo
4Pero
cuando se manifestó la bondad de
Dios nuestro Salvador, y su amor para
con los hombres, 5nos salvó, no por obras
de justicia que nosotros hubiéramos
hecho, sino por su misericordia, por el
lavamiento de la regeneración y por la
renovación en el Espíritu Santo, 6el cual
derramó en nosotros abundantemente por
Jesucristo nuestro Salvador,
Ayuno
6¿No
es más bien el ayuno que yo
escogí, desatar las ligaduras de
impiedad, soltar las cargas de
opresión, y dejar ir libres a los
quebrantados, y que rompáis todo
yugo?
Alabanza
6Por
esto orará a ti todo santo en el
tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente en la inundación de
muchas aguas no llegarán éstas a él.
7Tú eres mi refugio; me guardarás de la
angustia; Con cánticos de liberación
me rodearás.
Oración
19Porque
sé que por vuestra oración y la
suministración del Espíritu de Jesucristo,
esto resultará en mi liberación, 20conforme
a mi anhelo y esperanza de que en nada
seré avergonzado; antes bien con toda
confianza, como siempre, ahora también
será magnificado Cristo en mi cuerpo, o
por vida o por muerte.
19Así
que, hermanos, teniendo libertad
para entrar en el Lugar Santísimo por la
sangre de Jesucristo, 20por el camino
nuevo y vivo que él nos abrió a través del
velo, esto es, de su carne, 21y teniendo un
gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22acerquémonos con corazón sincero, en
plena certidumbre de fe, purificados los
corazones de mala conciencia, y lavados
los cuerpos con agua pura.
23Mantengamos
firme, sin fluctuar, la
profesión de nuestra esperanza, porque
fiel
es
el
que
prometió. 24Y
considerémonos unos a otros para
estimularnos al amor y a las buenas
obras; 25no dejando de congregarnos,
como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos; y tanto más, cuanto
veis que aquel día se acerca.
Limpiémonos de toda
contaminación de carne
y de espíritu
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