LA PARROQUIA RENOVADA POR MEDIO DEL
SERVICIO EN LA CARIDAD,
PARA FORMAR DISCÍPULOS MISIONEROS
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1. Diaconía
Toda la actividad de la Iglesia es una expresión
de un amor que busca el bien integral del ser
humano: busca su evangelización mediante la
Palabra y los Sacramentos, y busca su
promoción en los diversos ámbitos de la
actividad humana. Por tanto, el amor es el
servicio que presta la Iglesia para atender
constantemente
los
sufrimientos
y
las
necesidades, incluso materiales, de los hombres.
Benedicto XVI
Deus Caritas est
El amor al prójimo, enraizado en el amor a Dios, es
ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también
para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus
dimensiones: desde la comunidad local (parroquia) a
la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia
universal en su totalidad.
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1. Diaconía
La Iglesia siempre ha sido consciente de que esta tarea del
servicio en la caridad tiene una importancia constitutiva. Así
aparece en los textos de Hechos de los Apóstoles:
“Todos los creyentes estaban de acuerdo y
tenían todo en común; vendían sus
posesiones y sus bienes y lo repartían
entre todos, según la necesidad de cada
uno” (2, 44-45)
“No había entre ellos ningún necesitado,
porque todos los que poseían campos o
casas los vendían, traían el importe de las
ventas y lo ponían a los pies de los
apóstoles, y se repartía a cada uno según
su necesidad” (4, 43-35)
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1. Diaconía
Esta Diaconía de todos los creyentes define a la Iglesia, junto
con los otros elementos constitutivos que el mismo san Lucas
enumera:
- constantes en la enseñanza de los apóstoles
(dimensión profética),
- constantes en la comunión
(dimensión comunitaria),
- en la fracción del pan y en las oraciones
(dimensión litúrgica)
(Cf Hch 2, 42)
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2. Práctica y enseñanza de Jesús el Maestro
Toda la vida de nuestro Señor es un servicio de amor, que pasó
haciendo el bien a todos:
Cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban y él
imponiendo las manos sobe cada uno, los curaba (Lc 4, 40)
“Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lc 22, 27)
“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar
su vida como rescate por muchos” (Mt 20, 28)
Después de lavar los pies a sus discípulos
les dijo: “Ustedes me llaman Maestro y Señor
y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el
Señor y el Maestro, les he lavado los pies,
ustedes también deben lavarse los pies unos
a otros. Les he dado ejemplo para que
también ustedes hagan como yo he hecho
con ustedes” (Jn 13, 13-15)
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2. Práctica y enseñanza de Jesús el Maestro
La enseñanza de Jesús a sus discípulos
apunta al servicio y al amor de unos a otros:
“Si uno quiere ser el primero, sea el último de
todos y el servidor de todos” (Mc 9, 35)
Enseña a realizar el servicio con humildad:
“También ustedes, cuando hayan hecho lo
que se les mando digan: No somos más que
unos pobres siervos, sólo hemos hecho lo
que teníamos que hacer” (Lc 17,10) “Les doy
un mandamiento nuevo: que se amen los
unos a los otros.
Como yo los he amado, así ámense también ustedes unos a otros” (Jn
13, 34-35) “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus
amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (Jn 15,
13-14)
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2. Práctica y enseñanza de Jesús el Maestro
El amor evangélico es tridimensional:
- hay un amor que viene de Dios al hombre (Jesús descubre
que Dios nos ama);
- hay un amor que sube del hombre a Dios (Jesús recuerda
que ese Dios es Padre);
- y hay un amor de los hermanos entre sí (Jesús da el nuevo
mandamiento que perfecciona la ley)
Existe el peligro de reducir el amor a una de sus
dimensiones, separando este triple amor, en lugar de
sumar los tres amores. Quienes ponen todo el entusiasmo
en exaltar el amor de Dios a los hombres (tipo carismático),
otros, los “piadosos” que se preocupan por su amor a Dios.
Y están los “sociales” que centran y reducen todo al amor a
los hermanos. Serían tres maneras de mutilar el amor
evangélico.
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2. Práctica y enseñanza de Jesús el Maestro
En el cristianismo es inseparable
el amor a Dios y a los hombres.
Mc 12, 29-31: Mandamiento del amor: a Dios y al prójimo.
El amor a Dios aparece con Jesús como fundamento y origen del
amor al hombre. Pero, a su vez, el amor al hombre concreta y
determina el amor a Dios.
El amor cristiano a los hombres no tiene ningún tipo de
fronteras si quiere ser cristiano. Incluye al extranjero, al
enemigo, al no creyente. La parábola del buen samaritano es
una explicación perfecta: mientras el sacerdote y el levita creen
cumplir su deber prefiriendo su pureza a la ayuda del herido,
Jesús presenta como verdadero cumplimiento a quien no pone
límites a su amor.
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3. Servicio en la Caridad
La manifestación más sorprendente en la primera comunidad se vio en
aquella completa desaparición del egoísmo que llevaba a cada uno, y a
todos, a decir que las cosas que poseían no eran suyas, sino la
propiedad de todos.
Entre las naciones paganas de la antigüedad era desconocida toda
provisión sistemática para favorecer a los indigentes, mucho se
descuidaba la beneficencia voluntaria. Era pues cosa nueva bajo el sol
ver a tantas personas de una gran comunidad que voluntariamente
vendían casas y terrenos para poder llenar las necesidades de los
pobres entre ellos.
A medida que la Iglesia se extendía, resultaba imposible mantener esta forma
radical de comunión material. Pero el núcleo central permanecía: en la
comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en
la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida
decorosa.
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3. Servicio en la Caridad
Un paso decisivo en la difícil búsqueda de soluciones para
realizar este principio eclesial fundamental, se puede ver en la
elección de los siete varones que fue el principio del ministerio
diaconal (cf. Hch 6, 5-6).
Con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia,
el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus
ámbitos esenciales, junto con la administración de los
Sacramentos y el anuncio de la Palabra.
La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los
Sacramentos y la Palabra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de
actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que
pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.
La Pastoral de la Caridad no es un apéndice del quehacer eclesial, sino que es
una dimensión esencial de toda la labor de evangelización. Es la expresión de
nuestra fe en signos visibles de solidaridad y de compromiso con Cristo, con la
Iglesia y con el prójimo.
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4. Espiritualidad del Servicio en la Caridad
Ahora bien, sin una espiritualidad sólida, la dimensión de servicio queda
como un anexo de la fe y se reduciría a una mera acción social.
Las prácticas religiosas en muchas ocasiones son más devocionales que
bíblicas, más privatizadas que comunitarias, más íntimas que abiertas al
mundo. Tal espiritualidad no sería capaz de nutrir su compromiso en el
mundo, de modo que se da un divorcio entre espiritualidad y compromiso
con el hermano y con la sociedad.
Por eso, una auténtica pastoral de la caridad
debe contar con una sólida espiritualidad
evangélica, que se alimenta en el encuentro
con el Dios de la vida y de la historia, tal
como se ha manifestado en Jesucristo.
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4. Espiritualidad del Servicio en la Caridad
La caridad de Dios en nuestros corazones nos ha de mover a aliviar
del mejor modo posible el sufrimiento de nuestros hermanos.
El servicio humilde al hermano, distintivo de los discípulos de Jesús,
es una exigencia del evangelio, y es un medio eminente de
evangelización. “La caridad es el criterio central, primero y último,
de la participación del cristiano en la sociedad”
“El primer camino que debe seguir el católico en
su compromiso con la sociedad es el
compromiso y el esfuerzo por su renovación
interior, por su conversión constante… Sólo de
este modo podrá ejercer rectamente el
compromiso de mejorar la sociedad según el
espíritu de Cristo y de la Iglesia”
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5. Sujetos de la Pastoral del Servicio en la Caridad
Compete a todo el pueblo de Dios en el ejercicio de su
misión realizar la acción pastoral en el ámbito social, en
sus diversas articulaciones y en cada uno de sus
miembros, según sus dones y las formas de ejercicio
propio de cada vocación.
En la Iglesia particular, el primer
responsable del compromiso
pastoral de evangelización de lo
social es el Obispo, ayudado por los
sacerdotes, diáconos permanentes,
vida consagrada y fieles laicos.
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5. Sujetos de la Pastoral del Servicio en la Caridad
Los presbíteros, con programas de formación en el seminario y de
formación permanente, deben mostrar con sus acciones y con su vida la
pastoral de la caridad y dar a conocer la doctrina social y, de modo
especial los párrocos, promover en los miembros de su comunidad la
conciencia del servicio y de la solidaridad entre todos.
Las personas de vida consagrada, dados
totalmente al servicio de la caridad de
Cristo, de acuerdo a sus carismas,
particularmente en las situaciones de
mayor pobreza ofrecen un servicio
generoso al prójimo. Casas Hogar, Asilos,
Hospitales, Educación a los más pobres,
atención a enfermos terminales, etc.
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5. Sujetos de la Pastoral del Servicio en la Caridad
El servicio en la caridad debe
sostener e iluminar el papel de
las
asociaciones,
de
los
movimientos y de los grupos
laicales
comprometidos
en
vivificar
cristianamente
los
diversos sectores del orden
temporal.
Todos los fieles laicos, con su presencia de servicio en el campo del
mundo, son signo y expresión de la caridad, que se manifiesta en la
vida familiar, cultural, laboral, económica, política. El compromiso de los
fieles laicos en su ámbito particular, expresan la verdad de su fe y al
mismo tiempo la verdad de la doctrina social de la Iglesia, que
encuentra su plena realización cuando se vive concretamente para
solucionar los problemas sociales.
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6. Estructuras del Servicio en la Caridad
“Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano, la
caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una
necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han
de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para
que se recuperen, los prisioneros visitados, etc.”
Esta ayuda al prójimo necesitado es insustituible en el actuar
de cada cristiano. Pero también es necesario poner a
disposición los medios, las estructuras y los agentes para
ofrecer un servicio apropiado y adecuado en las atenciones a
las necesidades. “Los cristianos de hoy, actuando
individualmente o bien coordinados en grupos, asociaciones y
movimientos, deben saberse presentar como un gran
movimiento para la defensa de la persona humana y para la
tutela de su dignidad”
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6. Estructuras del Servicio en la Caridad
Nuestra Arquidiócesis cuenta con
el Secretariado de Pastoral Social,
que es una estructura que forma,
anima e impulsa la acción pastoral
del servicio en la caridad en toda
la Diócesis, promoviendo este
ministerio en las Zonas Pastorales,
en los Decanatos, en las
parroquias y para toda la
sociedad.
- Economía Solidaria
- Comunidades Eclesiales
de Base
- Derechos Humanos
- Pastoral Laboral
- Caritas de Monterrey
- Pastoral Penitenciaria
- Pastoral de la Salud
- Pastoral de Migrantes
- Fe y Política
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7. Pastoral de la Caridad en las Parroquias
Existen muchas experiencias e iniciativas parroquiales de la
pastoral del servicio en la caridad, entre ellas:
Comedores para los pobres
Domingo de la Caridad
Dispensario Médico, Consulta Dental y Psicológica
Bazar de ropa para los necesitados
Centros de atención a niños y adolescentes, Niños de la
calle
Centros de atención y promoción de la mujer, Guarderías
Centros de orientación a la familia y a matrimonios
Albergues para estudiantes de comunidades alejadas
Ayuda y comida a familiares de enfermos en hospitales
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7. Pastoral de la Caridad en las Parroquias
Atención y ayuda a personas de la tercera edad, asilos
Centros educativos y de alfabetización,
Centros de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos,
Servicios funerarios
Bolsa de empleos
Orientación y servicios de trabajo social
Grupos cooperativos de ahorro, de consumo, de
producción, organizaciones para velar por los servicios
públicos, vivienda, caminos, salud
Grupos de ayuda para las familias que sufren la violencia
interna
Asesoría jurídica, defensa de la mujer y de los indígenas
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7. Pastoral de la Caridad en las Parroquias
El crecimiento del servicio en la caridad
parroquial no debe medirse por el número de
proyectos realizados, ni siquiera por el número
de pobres atendidos, sino por la conciencia que
adquiere la comunidad cristiana, por la creciente
coherencia entre fe y vida, por la participación
activa e interesada de la comunidad en los
proyectos.
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8. La Parroquia: signo de Diaconía
La Pastoral de la caridad parroquial es un servicio organizado dentro
de la comunidad, un signo de Diaconía, a través del cual se
responde con prontitud a las distintas necesidades planteadas de las
personas y la sociedad en la realidad que vive. Con una doble
vertiente: asistencial y de promoción humana de la comunidad
misma:
- Ayudar a toda la comunidad a poner la caridad como el centro del
testimonio de su vida cristiana en la solidaridad con todos.
- Ayudar a superar la indiferencia hacia las demandas humanas, para
abrirse a la caridad evangélica auténtica.
- Promover procesos educativos que vayan favoreciendo el pasar de
los gestos ocasionales de caridad, a la opción de vivir una vida
que se comparte con el prójimo y con la sociedad.
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8. La Parroquia: signo de Diaconía
- Suscitar propuestas reales que favorezcan la unión vital entre el
anuncio de la palabra, la celebración de los sacramentos y el
testimonio de la caridad.
- Impulsar, en colaboración con los diferentes sectores de pastoral,
procesos formativos para que cada grupo, movimiento o agente de
la vida parroquial, manifieste caridad según su propio carisma,
mirando las necesidades de la comunidad.
- Promover el voluntariado y apoyarlo a fin de que pueda prestar
siempre atención profética a las personas más frágiles de la
comunidad.
- Concientizar a la comunidad parroquial por medio de reuniones en
torno a la realidad social y reflexionar sobre ésta a la luz de la
Palabra de Dios. Promover en la parroquia, en los movimientos y a
todo el pueblo cristiano, una mayor conciencia y compromiso social
para la promoción humana a partir de la inspiración de Jesucristo.
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8. La Parroquia: signo de Diaconía
- Difundir la Doctrina Social de la Iglesia, organizando conferencias,
mesas redondas, seminarios, cursos, en coordinación con el
Secretariado de Pastoral Social
- Tener actitudes de servicio, de atención, de solidaridad, de bienvenida
a la casa de puertas abiertas, que es la parroquia.
- Sensibilizar a la comunidad parroquial,
para que de alguna manera
practique la comunicación de
bienes: organizar colectas con
gestos y signos de participación
solidaria para apoyar proyectos
concretos de servicio a los demás.
Concientizar para la colaboración
diocesana, el Diezmo.
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8. La Parroquia: signo de Diaconía
Es un campo muy amplio de trabajo, donde algunas parroquias insisten
más en uno o en otro aspecto, de acuerdo a su realidad, otras pueden
implementar acciones sencillas y poco a poco alcanzar mejores y
mayores logros.
La vivencia de la caridad debe ser nuestra prioridad pastoral.
La caridad debe ser signo de la identidad del cristiano.
La comunión y la caridad deben ser el distintivo de los cristianos y del
mismo modo se puede decir que la autenticidad de nuestro seguimiento
de Cristo radica en la intensidad con que vivamos este mandato de
Cristo.
“Los cristianos, especialmente con la vivencia de la caridad, podemos
dar un suplemento de alma al mundo para que sea más humano y
fraterno, para que mire más hacia Dios”
Francisco Card. Robles Ortega, Orientación Pastoral Vivo en la fe del Hijo de Dios
LA PARROQUIA RENOVADA POR MEDIO DEL
SERVICIO EN LA CARIDAD,
PARA FORMAR DISCÍPULOS MISIONEROS
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