Lucas el Evangelista
(hebreo: ‫לוקא‬,
transliterado Lyka o Liká;
griego: Λουκάς, Loukás)
es considerado por la
tradición cristiana el
autor del Evangelio
según san Lucas y de los
Hechos de los Apóstoles.
Fue discípulo de Pablo
de Tarso.
Lucas nació en Antioquía, por lo
tanto no era judío.
Según reza la tradición, perteneció
a los setenta y dos. Sabemos que
en la elaboración de su Evangelio
Lucas hizo una rica investigación
entrevistando a personas
(incluyendo a los Apóstoles y tal
vez a María, la madre de Jesús),
que fueron testigos de estos
hechos como se puede encontrar
en el prólogo del Evangelio y que
los Hechos de los Apóstoles es
una continuación del mismo.
Es el más largo y el mejor
redactado por su elaboración
exquisita del griego, como sólo
una persona culta y sabia podía
hacer en esa época.
Tal vez fue en Grecia
donde redactó su
evangelio y el libro de los
Hechos. Para él eran las
dos mitades de una
misma obra, y con toda
probabilidad tanto una
como otra fueron
terminadas antes del año
64 o 65.
Para ese entonces Lucas
estaba en Roma a donde
había llegado dos años
antes acompañando a
Pablo misionero.
Lucas precisa que fue a
indagar el testimonio de
los primeros servidores
Ese sentido profundamente humano
de Lucas, lo vemos por ejemplo en el
cuidado que puso para recordar la
actitud de Jesús con respecto a las
mujeres. Pero, en seguida, ya que
Lucas había dejado a su familia para
seguir a Pablo misionero, viviendo en
la inseguridad, recalcó más que otros
la incompatibilidad entre el Evangelio
y las posesiones.
Lucas, discípulo de Pablo, puso de
relieve las palabras de Jesús que
recuerdan que la salvación es ante
todo, no la recompensa por nuestros
méritos, sino un don de Dios. Por eso
quiso salvar las parábolas que
ilustran la muy asombrosa
misericordia de Dios.
Al revelarnos los íntimos secretos de la Anunciación, de la Visitación, de la
Navidad, él nos hace entender que conoció personalmente a María, la madre de
Jesús. Se cree , por esto, que Lucas cite tantos sucesos de la infancia de
Jesús, y que hable de los sentimientos de María. "María, por su parte, guardaba
con cuidado todas estas cosas, meditándolas en su corazón", dice Lucas
cuando llegan los pastores al pesebre a adorar a Jesús recién nacido.
Incluso una pintura muy antigua de María en las catacumbas de Priscila en
Roma es atribuida, según la tradición, al apóstol.
El hombre se asocia a Mateo, ya que su Evangelio comienza
haciendo un repaso a la genealogía de Cristo, el Hijo del
Hombre.
El león se identifica con Marcos, porque su
Evangelio comienza hablando de Juan el
Bautista, «Voz que clama en el desierto», dicha
voz sería como la del león
El toro sería Lucas, ya que su Evangelio
comienza hablando del sacrificio que hizo
Zacarías, padre de Juan el Bautista, a Dios.
El águila ha sido asociada a la figura de Juan, ya
que su Evangelio es el más abstracto y teológico
de los cuatro y, por tanto, el que se eleva sobre
los demás. El de Juan es el único evangelio no
sinóptico.
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