El tema central de este himno se vuelve
a encontrar en un grupo de salmos
cultuales, denominados habitualmente
“Himnos a la realeza del Señor” (Sal.
47; 96 - 99).
+ Todos estos poemas proclaman al
Señor como Rey universal, destacando
los diversos motivos en que se funda su
realeza.
+ En este caso, la soberanía del Señor
aparece fundada en el acto de la
creación y afianzamiento del mundo,
que los vs. 3-4 describen -con
evidentes reminiscencias mitológicascomo una victoria divina sobre las
fuerzas del caos.
+ El versículo final alude a la Revelación
concedida a Israel, porque la obra
creadora de Dios es inseparable de sus
manifestaciones
salvíficas
en
la
historia.
1. CON ISRAEL
"Salmo del Reino de Dios": El cosmos, del que es rey, lo aclama a su manera: la tierra,
el mar... El es el Rey de la historia, porque hizo triunfar a su pueblo (paso del Mar
Rojo, Dios domina las olas). Será el Rey escatológico, mediante su victoria definitiva
sobre todas las fuerzas del mal "por el transcurso de los tiempos"... Todas las
imágenes están tomadas del ritual de entronización de los reyes.)... Pero, a diferencia
de los reyes. Dios no recibe la realeza, El lo es eternamente, "desde siempre", "desde
el principio".
2. CON JESÚS
La Iglesia nos propone este salmo en la Fiesta de “Cristo Rey”. El Evangelio relata
cómo Jesús fue interrogado por Pilatos: “¿eres tú Rey? El respondió: mi Reino no es de
este mundo. Pilatos insiste: Entonces ¿Tú eres Rey? Jesús respondió: tú lo has dicho.
Yo soy Rey: para esto nací y vine a este mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo
el que es de la verdad escucha mi voz" (Juan 18,33-37). Muchos textos del Antiguo
Testamento anunciaron al Mesías como un "Rey", especialmente el Libro de Daniel
(7,13-14), que se lee igualmente en la Misa de Cristo Rey.
3. CON NUESTRO TIEMPO
El autor del salmo 92 se maravilla con las bellezas de la creación qué consideraba como
una especie de "manto con el cual Dios se revestía". La imagen es admirable. Nos
sugiere por una parte que Dios creador debe ser aún más bello que las maravillas que
ha hecho ... Y por otra que la creación, paradójicamente nos muestra y nos oculta a la
vez al Creador. Ejercitemos la "oración" ante el hermoso espectáculo de la naturaleza,
pesando en Aquél que es su autor.
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme
desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
EL SEÑOR DE LAS AGUAS
Contemplo con temor reverente el espectáculo eterno de las olas enfurecidas de un mar en
rebeldía que se abaten sin tregua sobre las rocas altaneras del acantilado inmóvil. El fragor
creciente, la marea en pulso, el choque frontal, la furia blanca, la firmeza estatuaria, la
espuma rabiosa, el arco iris súbito, la omnipotencia frustrada, y las aguas que retroceden
para volver a la carga una y otra vez. Nunca me canso de contemplar el poder del mar, el
abismo original donde se formó la vida, la profundidad secreta, el palpitar incansable, la
oscura transparencia, la extensión sin fin. Imagen y espejo del Señor que lo hizo.
«Más que la voz de aguas caudalosas, más potente que el oleaje del
mar, más potente que el cielo es el Señor».
Adoro tu poder, Señor, y me inclino en humildad ante tu majestad. Me regocijo al ver
destellos de tu omnipotencia, al verte como Dueño absoluto de la tierra y del mar, porque yo
lucho en tu bando, y tus victorias son mías. Aumenta mi confianza, mi valor y mi alegría. Mi Rey
es Rey de reyes y Señor de señores. Mi vida es más fácil, porque tú eres Rey. Mi futuro está
asegurado, porque tú reinas sobre todos los tiempos. Mi salvación está conseguida, porque tú,
Dios omnipotente, eres mi Redentor. Tu poder es la garantía de mi fe.
Me gusta contemplar el mar, porque me habla de tu majestad, Señor.
«El Señor reina, vestido de majestad».
Dios eterno, más potente que el oleaje del mar eres tú, y la
santidad es el adorno de tu casa: que nuestras alabanzas
lleguen hasta ti; acógelas, pues interpretan el canto de
todas la criaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Descargar

SALMO 92 - Manantiales