Este breve himno propone un doble motivo para alabar a
Dios: su infinita grandeza, que trasciende todos los
límites del universo (v. 4), y su admirable
condescendencia, que lo mueve a “inclinarse”
bondadosamente hacia la tierra (vs. 5-6), para elevar a
los más pobres y desamparados (vs. 7-9).
+ Con este Salmo se inicia una colección de seis poemas
(Sal. 113 - 118) que la tradición rabínica denomina
“Halel”, palabra hebrea vinculada con la exclamación
litúrgica “¡Aleluya!”.
+ Estos Salmos eran cantados en las fiestas religiosas
más importantes, sobre todo durante la celebración de la
Cena pascual (Mt. 26. 30).
1. CON ISRAEL
La primera estrofa lanzada por los levitas, es una invitación a cantar (se repite por tres veces
el verbo "alabar"). Las otras dos estrofas son la respuesta de la asamblea que aclama a Dios por
dos motivos:
+ Dios es "grande", Altísimo...
+ El mira y ama a los "humildes"...
Este "débil", este "pobre" levantado del polvo (¡del "estiércol"! en el texto hebreo), es
colectivamente el pueblo de Israel, liberado por Dios de la esclavitud de Egipto. La mujer
estéril, es Sara, a quien Dios alegró con su hijo Isaac... Es Ana, la mujer estéril, feliz madre de
Samuel... Es Sión, la madre estéril del exilio, que tiene luego una gran descendencia (Isaías 49,
21).
2. CON JESÚS
Jesús cantó este salmo 112 la tarde del Jueves Santo... El "nombre" del Señor (tres veces)
Jesús lo hizo conocer y amar… "He manifestado tu nombre a los hombres" (Juan 1 7,6). Con su
Resurrección, el pobre fue sacado del polvo de la muerte para sentarse a la diestra de Dios.
Salta a la vista el parentesco de este salmo con el Magníficat de María: Ella también: "alaba el
nombre santísimo"... Ella canta al Dios que "engrandece a los pobres"... Ella es por excelencia la
mujer dichosa a quien Dios da una posteridad inesperada, ya que es virgen, y por ello las
"generaciones la llamarán bienaventurada"
3. CON NUESTRO TIEMPO
Dios es garantía de la dignidad del hombre. Dios no es el competidor de la grandeza del
hombre, sino su fiador. En hebreo existe un mismo verbo para decir que Dios "domina", o
"preside" en lo alto, y se ocupa igualmente de que el pobre y la mujer desgraciada "presidan".
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
FUERZA EN LA DEBILIDAD
Voy entendiendo algo de tus modos de actuar con los hijos de los
hombres, Señor, y una de las normas que sigues en secreto y proclamas
en público es que tu poder se manifiesta en la debilidad. Cuando el
hombre se alza en orgullo de autosuficiencia, es humillado; pero si
reconoce su propia debilidad, la acepta y la manifiesta, tú llenas el vacío
de su humildad con la plenitud de tu poder. La debilidad del hombre es el
poder de Dios. Siempre ha sido así …
Quiero tener acceso a tu poder, Señor; quiero sentir la fuerza de tu
Espíritu cuando hablo en tu nombre y cuando actúo por tu causa. Y te
agradezco que me hayas mostrado ahora la manera de traer tu poder a
mis acciones. Yo tengo que desaparecer para que tú aparezcas, tengo
que ser polvo para que tú seas luz, tengo que eclipsarme para que tú
amanezcas. Mientras yo esté lleno de mi propia importancia, no haré más
que poner obstáculos a tu poder. El día en que yo no sea nada, tú lo harás
todo. Yo he de disminuir para que tú crezcas, como dijo alguien que
preparaba tus caminos. Esa es la ley de profetas y apóstoles, de
predicadores de tu palabra y trabajadores de tu Reino. Que yo me gloríe
en mi debilidad, para que la plenitud de tu poder se ejerza en mí.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios eterno, que no hiciste alarde de tu
categoría de Dios, sino que tomaste la condición de esclavo, pasando
por uno de tantos, para levantar del polvo al pobre; haz que la
humanidad, entrando a formar parte de tu Iglesia, tenga un puesto
en tu casa como madre feliz de hijos que alaben tu nombre, ahora y
por los siglos de los siglos. Amén.
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SALMO 112 - Liturgia de las Horas, Oficio Divino