Texto; Mc 14, 1-15,47. Pasión de Jesús
Comentarios y presentación: M.Asun Gutiérrez.
Música: Beethoven. Marcha fúnebre.
Viene de enseñarnos la pasión de vivir:
su vínculo de amor con la humanidad y con su Padre.
Ahora nos va a demostrar la pasión de morir.
Muy de madrugada, se reunieron a deliberar los jefes de los sacerdotes, junto con
los ancianos, los maestros de la ley y todo el Consejo de Ancianos; luego llevaron a
Jesús atado y se lo entregaron a Pilato.
2 Pilato le preguntó:
–¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
–Tú lo dices.
3 Los jefes de los sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
4 Pilato lo interrogó de nuevo diciendo:
–¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
5 Pero Jesús no respondió nada más, de modo que Pilato se quedó extrañado.
1
Jesús podía haber dado respuestas contundentes y convincentes,
podía haber pronunciado un gran discurso,
podía haber puesto en ridículo a sus acusadores. Su opción no es el triunfalismo.
No pronuncia una palabra contra nadie.
El silencio de Jesús es paciente, elocuente, obediente, misericordioso...
Clave para entender el aparente silencio de Dios.
Nos enseña a ser libres, a practicar y valorar el silencio,
a saber cuándo debemos hablar y cuándo callar,
a confiar solamente en Dios.
Por la fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. 7 Tenía encarcelado a un tal
Barrabás con los sediciosos que habían cometido un asesinato en un motín. 8 Cuando llegó la
gente, comenzó a pedir lo que les solía conceder. 9 Pilato les dijo:
–¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
10 Pues sabía que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia.
11 Los jefes de los sacerdotes azuzaron a la gente para que les soltase a Barrabás. 12 Pilato les
preguntó otra vez:
–¿Y qué queréis que haga con el que llamáis rey de los judíos?
13 Ellos gritaron:
–¡Crucifícalo!
14 Pilato les replicó:
–Pues ¿qué ha hecho de malo?
Pero ellos gritaron todavía más fuerte:
–¡Crucifícalo!
15 Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús para
que lo azotaran y, después, lo crucificaran.
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Es fácil manipular a la multitud. Puede gritar tanto “hosanna” como “crucifícalo”...
¿Puede ser nuestra postura? ¿En un momento aclamamos y acogemos a Jesús, en otro lo
rechazamos?
Jesús se presenta siempre como alternativa de alguien o de algo.
Cuando no se tiene el valor de optar sólo por él, haciendo callar otros ruidos, se actúa de la
misma manera que Pilato. Se le abandona. Se le condena.
Los soldados lo llevaron al interior del palacio, o sea, al pretorio,
y llamaron a toda la tropa. 17 Lo vistieron con un manto de púrpura
y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron. 18 Después comenzaron a saludarlo,
diciendo:
–¡Salve, rey de los judíos!
19 Lo golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, poniéndose de rodillas, le
rendían homenaje. 20 Tras burlarse de él, le quitaron el manto de púrpura, lo vistieron
con sus ropas y lo sacaron para crucificarlo
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El doble juicio, político y religioso, que Jesús padeció fue la expresión de la
injusticia. Lo mataban sencillamente porque ponía en riesgo la credibilidad del
sistema religioso, político y económico. Pero no organizando revueltas populares,
sino presentando un proyecto de vida alternativo donde las personas valían en sí
mismas y todas tenían los mismos derechos.
Tenemos la misma tarea que Jesús: hacer valer el derecho de las personas
excluidas y empobrecidas. Bajar de la cruz a las personas crucificadas.
Por el camino encontraron a un tal Simón, natural de Cirene, el padre de Alejandro
y de Rufo, que venía del campo, y le obligaron a llevar la cruz de Jesús. 22 Condujeron
a Jesús hasta el Gólgota, que quiere decir lugar de la Calavera. 23 Le daban vino
mezclado con mirra, pero él no lo aceptó. 24 Después lo crucificaron y se repartieron
sus vestidos, echándolos a suertes, para ver qué se llevaba cada uno.
25 Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. 26 Había un letrero en el que
estaba escrita la causa de su condena: «El rey de los judíos».
27 Con Jesús crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.
21
Simón es modelo de discípulo. Él es el primero que sigue a Jesús llevando su cruz.
La semana santa es un buen momento de conversión, tiempo para una mayor
coherencia del Evangelio en nuestras vidas.
Para escoger a Jesús y no a Barrabás; para ser [email protected] como Simón y el buen
ladrón; valientes y [email protected] como las mujeres de Jerusalén...
¿Qué hacemos ante la personas crucificadas? ¿Cómo las ayudamos a aliviar
y a llevar sus cruces? ¿Qué vamos a hacer para bajarlas de la cruz?
Los que pasaban por allí lo
insultaban, meneando la cabeza y
diciendo:
–¡Eh, tú que destruías el templo y lo
reedificabas en tres días! 30¡Sálvate a ti
mismo, bajando de la cruz!
31 Y lo mismo hacían los jefes de los
sacerdotes y los maestros de la ley, que
se burlaban de él diciendo:
–¡A otros salvó y a sí mismo no puede
salvarse! 32¡El Mesías! ¡El rey de
Israel! ¡Que baje ahora de la cruz, para
que lo veamos y creamos!
Hasta los que habían sido crucificados
junto con él lo injuriaban.
29
Cristo de Javier, Navarra
Jesús no viene a predicar verdades generales, religiosas o morales, sino a
proclamar la llegada del Reino y la Buena Noticia del Evangelio.
Jesús es plenamente rechazado: es escándalo para los dirigentes religiosos,
necedad para el poder político, decepción para la mayor parte del pueblo y
desconcierto para los discípulos. Ése es el sufrimiento profundo de Jesús.
Desierto quedó este Señor de toda consolación; solo le dejaron en los trabajos,
no le dejemos nosotras (Teresa de Ávila)
I. Ellaacuria
Óscar Romero
Edith Stein
“La muerte de Jesús en cruz es la consecuencia
de una vida en el servicio radical a la justicia y al amor;
es secuela de su opción por los pobres y los desheredados;
de la opción por su pueblo, que sufría explotación y extorsión.
En este mundo, toda salida en favor de la justicia y del amor es arriesgar la vida”.
(E. Schillebeeckx)
Al llegar el mediodía, toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. 34 Y a eso
de las tres gritó Jesús con fuerte voz:
–Eloí, Eloí, ¿lemá sabaktaní?
Que quiere decir:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
35 Algunos de los presentes decían al oírle:
–Mira, llama a Elías.
36 Uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola en una caña, le
ofrecía de beber, diciendo:
–Vamos a ver si viene Elías a descolgarlo.
37 Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró.
38 La cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba
frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo:
–Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
33
Es un grito de verdadera angustia que al mismo tiempo expresa el deseo de asirse a Dios
contra toda esperanza, de reivindicar a Dios como Dios mío, aunque se muestre como Dios
ausente. El “abandonado” se abandona en las manos del Padre.
Dolor y esperanza. Comunión con los sufrimientos humanos y esperanza en el Dios de la vida.
Vivir y morir apasionadamente, como Jesús, es posible cuando se tiene plena confianza en un
Padre/Madre que no nos deja [email protected] en la historia, nunca nos abandona, y menos cuando más
le necesitamos.
“Jesús padece el infierno de la ausencia de Dios, para que así no haya infierno para nadie
más” (Von Balthasar).
Si te dicen que no estoy, recuerda.
Si te dicen que me he ido, pregunta sin miedo.
Si te dicen que nunca he estado, sonríe.
Si te dicen que no sirvo, muestra tus anhelos.
Si adviertes que me ausenté, llora los porqués.
Si no me encuentras, busca.
Si dudas y desesperas, camina.
Si la vida se hace dura y sangra, mira mis entrañas.
Si te avisan que no siento, acércate.
Si te atemorizan porque no llamo, escúchame.
Si te aseguran que estoy perdido, sigue mis huellas.
Si te sugieren que ya no sirvo, descubre tu alianza conmigo.
Si te dicen que me fui, persígueme.
Si te aseguran que he perdido, proclama mi triunfo.
Si te dicen que he muerto, búscame entre los vivos.
Si te dicen que soy un fantasma, palpa mis llagas.
Si te dicen que vuelvo, no te detengas.
Si te preguntan si perdoné, di que sí.
Si te dicen que me has perdido, háblales de tus encuentros conmigo.
Si te sugieren que fracasé, diles que el ser humano es lo que importa.
Y si te reclaman mi cadáver,
di que estoy vivo en ti.
Ulibarri Fl.
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