Una vieja figura surge de las tinieblas del folklore centroeuropeo para dejar su primera y
débil huella en unas tempranas páginas... La época victoriana la acoge con los brazos
abiertos, la nutre con la sangre de sus tensiones reprimidas, y la dota del simbolismo
sexual que desde entonces la ha caracterizado... La modernidad, por último, la convierte
en uno de sus más poderosos mitos... Es el vampiro, figura fascinante, compleja y
ambigua, cuya capacidad de supervivencia a lo largo de los siglos y las culturas -su
inmortalidad- demuestra que siempre tiene algo que decirnos sobre nosotros mismos.
LOS OÍA AÚN AFUERA. Oía sus murmullos y sus pasos y sus gritos, sus gruñidos y sus peleas.
De vez en cuando una piedra o un ladrillo sacudían la casa. A veces ladraba un perro.
Y TODOS ESTABAN ALLÍ PARA LO MISMO.
Cerró los ojos un instante. Luego encendió resignadamente un cigarrillo y dejó que el humo le llenara los
pulmones.
Si tuviese tiempo aislaría la casa y la cerraría a los ruidos. Todo sería más soportable si no tuviera que
escucharlos. Aun después de seis meses le sacudían los nervios.
YA NUNCA LOS MIRABA. Al principio había abierto una mirilla en la puerta, para espiarlos.
Pero un día las mujeres lo descubrieron, incitándolo con ademanes obscenos a salir de la casa. [...]
¿Por qué no lo dejaban? ¿Creían que sería de todos? ¿Eran tan estúpidos? ¿POR QUÉ VENÍAN
TODAS LAS NOCHES? Luego de cinco meses podían haberse cansado y probar en otro sitio.
Fue hasta el bar y se sirvió otro vaso. Mientras
volvía a la silla oyó que unas piedras rodaban por el
techo y caían entre los arbustos de los fondos de la
casa.
Sobre el ruido de las piedras, los
acostumbrados gritos de Ben Cortman:
-¡Sal, Neville!
Algún día alcanzaré a ese bastardo, pensó
mientras bebía rápidamente el líquido amargo. Algún
día lo encontraré Y LE CLAVARÉ UNA
ESTACA, justo en el maldito pecho.
Mañana. Mañana aislaría la casa. No quería
pensar en las mujeres. Si aislaba la casa, dejaría quizá
de pensar. [...]
Era inútil. No podía vencerlos de noche. Era
inútil intentarlo; LA NOCHE LES
PERTENECÍA.
Estaba conduciéndose
como un estúpido. ¿Miraría una película? No, no tenía
ganas de instalar el proyector. Se iría enseguida a la cama con tapones en los oídos. Así terminaban todas sus
noches, al fin y al cabo. [...]
Tendido en la cama, aspiró profundamente la oscuridad, esperando el sueño. Pero el silencio no era una
ayuda. Aún los veía ahí fuera. Los hombres de caras blancas se arrastraban por la calle, buscando
incesantemente cómo llegar a él. Algunos, quizá en cuclillas, como perros, chirriando los dientes, observaban
atentamente la casa, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás.
Y las mujeres... ¿Pero debía pensar otra vez en ellas? Se acostó boca abajo con una maldición y apretó la
cabeza en la almohada. Así se quedó un rato, respirando pesadamente, retorciéndose.
QUE LLEGUE LA MAÑANA. Pronunció mentalmente las palabras de todas las noches.
DIOS, HAZ QUE LLEGUE LA MAÑANA.
Richard Matheson: Soy leyenda
La muchacha de cabellos dorados caminó hacia mí. Después comenzó a
inclinar su rostro, hasta que SENTÍ EL ALIENTO DESLIZÁNDOSE
SOBRE MI CUELLO. Aquello me producía un dulce placer. Las emociones
parecían sujetas a un calidoscopio: sentía la misma vibración a través de mis nervios
que cuando escuché su voz, pero no lograba evitar EL RESURGIR DE UNA
SOSPECHA; una sospecha dolorosa y maloliente, igual que el olor sangriento
en un matadero.
El pánico no me dejaba levantar los párpados, no obstante lograba ver a la
perfección bajo mis pestañas.
Ella se arrodilló. SU CUERPO PARECIÓ TUMBARSE
SOBRE EL MÍO, en movimientos ardientes y apasionados. La veía
CODICIOSA Y DEVORADORA. Su respiración gozaba de una
provocada voluptuosidad. Todo era a la vez emocionante y repulsivo.
SENTÍ UN INMENSO ASCO.
La joven rubia arqueó el cuello. Contemplé -no podía equivocarme- cómo
SE RELAMÍA LOS LABIOS. Parecía un animal saboreando su presa por
anticipado. En los labios escarlatas había una humedad; la saliva se asomaba a su
roja lengua que se movía SOBRE LOS AFILADOS DIENTES.
Comenzó a descender la adorable cabeza. Muy pronto sus labios se pararon
ante mi barbilla, COMO SI DESEARAN AFERRARSE A MI
CUELLO.
Ella hizo una pausa.
Escuché con enorme claridad el chasquido de la lengua, que seguía
relamiendo los dientes y los labios. SENTÍ EL ARDIENTE ALIENTO
SOBRE MI CARNE. Seguidamente la piel de mi garganta comenzó a
agitarse, igual que la carne que intentando producir placer comienza a aproximarse
más... y mucho más.
Mi garganta se había convertido en un organismo de supersensibilidad. Con
ella acusaba cualquier mínima emoción. Presentí el suave y emocionado roce de los
labios. EL CONTACTO DE UNOS DIENTES AGUDOS SE
POSESIONÓ DE MI CUELLO, que aún no tocaban. Se detuvieron.
YO CERRÉ LOS OJOS EN ABANDONADO ÉXTASIS
Y ESPERÉ...
Bram Stoker: Drácula.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
- Drácula (Bram Stoker)
- Las noches lúgubres (Alfonso Sastre)
- Vampiras (vv.aa.)
- Soy leyenda (Richard Matheson)
- Confesiones de un vampiro (Anne Rice)
- ¡Vampiros! (Brian Lumley)
- Los vampiros de la mente (Dan Simmons)
- El año de Drácula (Kim Newman)
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Novela de Vampiros - Fundación Alonso Quijano