El labrador,
la vid y los sarmientos
Domingo 5º de Pascua. Ciclo B.
(03-05-2015)
Texto: José Luis Sicre.
Euskaraz: D. Amundarain.
Presentación: B. Areskurrinaga HC
Música: Hendel-Adagio
Una anécdota y un consejo
Duela uste batzuk, adiskide batek gaurkoa bezalako
igande batean Malagako La Axarquían predikatu
behar izan zuen. Gizonezkoek egunero tabernara
joateko ohitura zuten han, kopa bat ardo hartzera.
Leku aproposa mahatsondoaz eta aihenez hitz
egiteko. Alabaina, meza bukatzean, galdetu zioten
jakin-minez: «Aizu, zer da mahatsondoa?» Herri
hartan mahatsondoari, «vid» ez, baizik «cepa»
deitzen diote. Ez zuten ezer ere ulertu.
Experiencia parecida
tuve yo la primera
vez que di charlas
bíblicas en
Centroamérica.
La gente nunca
había visto una vid o
un olivo.
Por desgracia, Jesús
nunca contó la
parábola del buen
cafetero.
Lo primero que debe preguntarse el que
vaya a tener una homilía este domingo es
si la gente entenderá una parábola
contada en una cultura campesina y
mediterránea.
En nuestros días, Jesús probablemente habría contado otra
muy distinta en la forma, aunque idéntica en el fondo.
Una parábola en la que el Padre es un informático, Jesús la
corriente eléctrica y nosotros ordenadores (computadoras)
que no pueden funcionar si no están conectados a él.
Incluso a los que funcionan bien, el Padre los limpia a fondo
para que funcionen mejor.
Pero esta adaptación, aparte de ser mucho menos poética, comete el
mismo error: quien no viva en una cultura tecnológica no la entenderá;
y dentro de unos años, cuando los ordenadores no necesiten estar
conectados a la red, la parábola perdería su sentido.
Más vale atenerse a la imagen original
El labrador,
la vid y los sarmientos
Este pasaje se conoce
como «la parábola de la
vid y los sarmientos».
Título erróneo, porque
no tiene en cuenta al
protagonista principal,
el labrador, que es quien
poda, arranca y tira los
sarmientos que no dan
fruto.
Y más bien que parábola es una fábula,
donde los protagonistas son animales o
plantas que pueden hablar y actuar.
En este caso, los protagonistas
secundarios, los sarmientos, no hablan,
pero sí actúan.
Algunos deciden mantenerse unidos a la vid, y dan fruto abundante.
Otros deciden independizarse, cortar la relación con la vid,
y dejan de dar fruto.
(La imagen de unas ramas en movimiento, en este caso alejándose del
tronco, recuerda la fábula de Yotán (Jueces 9,8), que comienza: «Se
pusieron en marcha los árboles para elegirse un rey»).
El título habitual subraya la importancia de la vid.
Y en parte lleva razón: de estar unidos a ella o separados de
ella depende el futuro de los sarmientos.
Pero la vid no hace nada. Simplemente está ahí.
Todas las acciones las realizan el labrador o los sarmientos.
Enfoque curioso, que nos obliga a
reflexionar sobre la importancia
de Dios Padre en la vida del
cristiano; y el papel fundamental
de Jesús, aunque a veces
tengamos la impresión de que no
hace nada en nuestra vida.
1ª lectura: la poda de Dios
La fábula destaca una de las acciones que realiza el labrador:
«a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto».
Podar es cortar, herir al árbol, despojarlo de algo que le ha costado
tiempo y esfuerzo producir.
Pero el campesino lo hace para que esté más sano y fuerte.
Estas palabras del
evangelio se pueden
aplicar muy bien a lo que
cuenta de Pablo la primera
lectura.
Después de su conversión,
podría esperar que lo
recibieran muy bien en
Jerusalén.
Pero ocurre algo muy
distinto: no se fían de él, lo
rehúyen, hasta que
Bernabé lo presenta a los
apóstoles.
Cuando comienza a
predicar, los judíos de
lengua griega intentan
eliminarlo y debe huir a
Tarso.
En realidad, toda la
vida de Pablo fue una
gran poda, una vida
llena de persecuciones
y sufrimientos.
Pero a través de ellos
se convirtió en el
mayor de los
apóstoles.
Dio mucho fruto.
Una buena enseñanza
para los que
quisiéramos que todo
nos fuera bien en la
vida, sin ningún tipo
de dificultades.
2ª lectura: cómo permanecer unidos a la vid
El evangelio insiste en la necesidad de que el
sarmiento esté unido a la vid.
La segunda lectura nos indica el modo concreto
de mantener la unión.
«Quien guarda sus mandamientos permanece
en Dios, y Dios en él».
«Y éste es su mandamiento: que creamos en el
nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos
amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.»
Creer en Jesús y amarnos unos a otros es la
única garantía de nuestro éxito como cristianos.
1.-El labrador, la vid y los sarmientos
Domingo 5º de Pascua. Ciclo B.
Texto: José Luis Sicre
2.-Una anécdota y un consejo
Hace años un amigo tuvo que predicar este domingo en un pueblo de la Axarquía malagueña, donde los hombres estaban
acostumbrados a ir todos los días al bar a tomar una copa de vino. Un sitio ideal para hablar de la vid y los sarmientos. Sin
embargo, cuando terminó la misa, le preguntaron llenos de curiosidad: “Padre, ¿qué es la vid?” En aquel pueblo a las vides
las llaman cepas. No se habían enterado de nada.
3.-Experiencia parecida tuve yo la primera vez que di charlas bíblicas en Centroamérica. La gente nunca había visto una vid
o un olivo. Por desgracia, Jesús nunca contó la parábola del buen cafetero.
4.-Lo primero que debe preguntarse el que vaya a tener una homilía este domingo es si la gente entenderá una parábola
contada en una cultura campesina y mediterránea.
5.-En nuestros días, Jesús probablemente habría contado otra muy distinta en la forma, aunque idéntica en el fondo. Una
parábola en la que el Padre es un informático, Jesús la corriente eléctrica y nosotros ordenadores (computadoras) que no
pueden funcionar si no están conectados a él. Incluso a los que funcionan bien, el Padre los limpia a fondo para que
funcionen mejor.
6.-Pero esta adaptación, aparte de ser mucho menos poética, comete el mismo error: quien no viva en una cultura
tecnológica no la entenderá; y dentro de unos años, cuando los ordenadores no necesiten estar conectados a la red, la
parábola perdería su sentido. Más vale atenerse a la imagen original
7.-El labrador, la vid y los sarmientos
Este pasaje se conoce como «la parábola de la vid y los sarmientos». Título erróneo, porque no tiene en cuenta al
protagonista principal, el labrador, que es quien poda, arranca y tira los sarmientos que no dan fruto.
8.-Y más bien que parábola es una fábula, donde los protagonistas son animales o plantas que pueden hablar y actuar. En
este caso, los protagonistas secundarios, los sarmientos, no hablan, pero sí actúan.
9.-Algunos deciden mantenerse unidos a la vid, y dan fruto abundante. Otros deciden independizarse, cortar la relación
con la vid, y dejan de dar fruto. (La imagen de unas ramas en movimiento, en este caso alejándose del tronco, recuerda
la fábula de Yotán (Jueces 9,8), que comienza: «Se pusieron en marcha los árboles para elegirse un rey»).
10.-El título habitual subraya la importancia de la vid. Y en parte lleva razón: de estar unidos a ella o separados de ella
depende el futuro de los sarmientos. Pero la vid no hace nada. Simplemente está ahí. Todas las acciones las realizan el
labrador o los sarmientos.
11.-Enfoque curioso, que nos obliga a reflexionar sobre la importancia de Dios Padre en la vida del cristiano; y el papel
fundamental de Jesús, aunque a veces tengamos la impresión de que no hace nada en nuestra vida.
12.- 1ª lectura: la poda de Dios
La fábula destaca una de las acciones que realiza el labrador: «a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto».
Podar es cortar, herir al árbol, despojarlo de algo que le ha costado tiempo y esfuerzo producir. Pero el campesino lo
hace para que esté más sano y fuerte.
13.-Estas palabras del evangelio se pueden aplicar muy bien a lo que cuenta de Pablo la primera lectura. Después de su
conversión, podría esperar que lo recibieran muy bien en Jerusalén. Pero ocurre algo muy distinto: no se fían de él, lo
rehúyen, hasta que Bernabé lo presenta a los apóstoles. Cuando comienza a predicar, los judíos de lengua griega
intentan eliminarlo y debe huir a Tarso. En realidad, toda la vida de Pablo fue una gran poda, una vida llena de
persecuciones y sufrimientos. Pero a través de ellos se convirtió en el mayor de los apóstoles. Dio mucho fruto. Una buena
enseñanza para los que quisiéramos que todo nos fuera bien en la vida, sin ningún tipo de dificultades.
14.- 2ª lectura: cómo permanecer unidos a la vid
El evangelio insiste en la necesidad de que el sarmiento esté unido a la vid. La segunda lectura nos indica el modo
concreto de mantener la unión. «Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él». «Y éste es su
mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.»
Creer en Jesús y amarnos unos a otros es la única garantía de nuestro éxito como cristianos.
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