11. RESURRECCIÓN,
ASCENSIÓN Y
SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
Cristo descendió a los infiernos
En la Sagrada Escritura, “infierno”
significa:
el infierno de los condenados,
el purgatorio,
el “seno de Abraham”, donde
estaban las almas de los justos,
esperando la Redención para
entrar al Cielo.
Ahí desciende Cristo (CEC, 633 y
1026)
Cristo descendió a los infiernos
Así mostró su dominio sobre el
demonio y la muerte.
La Redención —que debía alcanzar
a todos los hombres de todos los
tiempos— se aplicó a los que lo
habían precedido (CEC, 634).
Resurrección de Cristo
Al tercer día resucitó por su propio
poder: la prueba más decisiva de su
divinidad.
Resucita con el mismo cuerpo, al que
se vuelve a unir el alma.
Hecho real, demostrable y
demostrado con numerosos
testimonios de las profecías, la
predicación de los Apóstoles, de la
Tradición y de la historia (CEC, 640644).
Resurrección de Cristo
Es un hecho histórico que admite certeza
moral, como cualquier otro hecho
histórico.
Está probada con más garantías que la
inmensa mayoría de los datos históricos
que aceptamos.
Pero hay en el milagro una realidad
misteriosa e inexplicable, que excede las
fuerzas de la razón.
Resurrección de Cristo
“Si Cristo no resucitó, nuestra
predicación es vana, y la fe de ustedes
es vana” (1Co 15, 17).
Es una verdad de fe y es el
fundamento de nuestra fe.
Para aceptarla en su integridad, tal
como la enseña la Iglesia, se
requiere el don de la fe, porque está
ligada a verdades estrictamente
sobrenaturales.
Resurrección de Cristo
Es distinta de otras resurrecciones
(Lázaro, el hijo de la viuda de Naím...)
Resucitó por su propio poder
Resucitó para no morir jamás
Resucitaremos por Él y en Él (CEC,
994)
Resucitó ya con su cuerpo glorioso,
como el que tendrán los santos en el
fin del mundo
Resurrección de Cristo
Consecuencias de la Resurrección de
Cristo:
Lo ensalza después de su humillación
Es la mayor prueba de su divinidad,
anunciada por Él mismo (CEC, 653)
Da la certeza de que hemos sido redimidos y la esperanza en nuestra resurrección: Él es el “primogénito de entre los
muertos” (Col 1,18), que nos abre el
acceso a la nueva vida por la gracia (Rm
4,25 y 6,4) y por nuestra futura
resurrección (1Co 15, 20-22) (CEC, 654-655).
Resurrección de Cristo
Más consecuencias:
Tener fe viva: Enciende tu fe. —No es
Cristo una figura que pasó. No es un
recuerdo que se pierde en la historia.
¡Vive!: "Jesus Christus heri et hodie:
ipse et in saecula!" —dice San Pablo—
¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! (San
Josemaría, Camino, 584)
Deseo de limpiar nuestros pecados con el
sacramento de la Penitencia, que nos
hace resucitar a la vida sobrenatural y
volver a empezar.
Resurrección de Cristo
Más consecuencias:
Deseo de limpiar nuestros pecados con el
sacramento de la Penitencia, que nos
hace resucitar a la vida sobrenatural (si la
habíamos perdido por el pecado mortal) y
volver a empezar (Sal 76,11).
Deseo verdadero y profundo de que la
gracia nos transforme, llevándonos a vivir
vida sobrenatural, que es la vida de
Cristo: buscando realmente ser santos.
Ascensión al Cielo
Durante 40 días se apareció a los Apóstoles y
a muchos discípulos (una vez, a más de
500), dándoles la misión de enseñar su
doctrina y de aplicarnos los méritos de su
Pasión por los Sacramentos.
Es la completa glorificación de la Humanidad
de Cristo. En ella se contiene el
cumplimiento y la perfección del misterio de
la Encarnación (CEC, 661).
Ascensión al Cielo
•“Está sentado a la derecha del Padre”
(Credo). "Por derecha del Padre entendemos
la gloria y el honor de la divinidad, donde el
que existía como Hijo de Dios antes de todos
los siglos, como Dios consubstancial al
Padre, está sentado corporalmente después
de que se encarnó y de que su carne fue
glorificada" (San Juan Damasceno, f. o. 4, 2;
PG 94, 1104C).
Ascensión al Cielo
Bienes que nos ha traído la Ascensión:
Padre e Hijo nos envían al Espíritu Santo (Jn
16,7)
Cristo está en el cielo como Abogado nuestro
delante del Padre (Hb 7,25; CEC, 662)
Nos ha preparado un lugar en el cielo (Ef
2,6) y vivimos con el deseo de las cosas de
arriba (Col 3,1) porque ahí tenemos nuestra
ciudad permanente (Hb 13,14) como
contemplativos en medio del mundo
La segunda venida del Señor
“Desde ahí ha de venir a juzgar a los
vivos y a los muertos”
Cristo Señor es Rey del universo, pero
todavía no le están sometidas todas las
cosas de este mundo (Hb 2,7; 1Co 15,28).
Su triunfo tendrá lugar al final de los
tiempos, cuando volverá visiblemente
“con gran poder y majestad” (Lc 21,27).
La segunda venida del Señor
Antes de esta segunda venida o parusía
de Nuestro Señor, habrá un último asalto
del diablo con grandes calamidades y
otras señales (Mt 24, 20-30; CEC, 674-675).
Cristo no ha revelado el tiempo de su
segunda venida (Hch 1,7).
La segunda venida del Señor
Vendrá como Juez Supremo para juzgar a
vivos y muertos: es el juicio universal.
Ahí revelará la disposición secreta de los
corazones y retribuirá a cada hombre
según sus obras y según su aceptación o
su rechazo de la gracia. CEC, 682; Mt 25,3146).
La segunda venida del Señor
El juicio universal o final es conveniente:
Para la gloria de Dios: que todos le
tributen alabanza por su justicia y
providencia;
Para gloria de Jesucristo, que —después
de haber sido injustamente condenado—
es constituido en Juez de vivos y muertos;
Para gloria de los santos, que recibirán
públicamente el premio por el bien que
hicieron.
La segunda venida del Señor
La justicia del Juez va unida a su sabiduría,
poder e infinita misericordia
–El juicio “llama a la conversión mientras
Dios nos da todavía "el tiempo favorable, el
tiempo de salvación" (2 Co 6, 2). Inspira el
santo temor de Dios. Compromete para la
justicia del Reino de Dios. Anuncia la
"bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) de la
vuelta del Señor que "vendrá para ser
glorificado en sus santos y admirado en todos
los que hayan creído" (2 Ts 1, 10).a