24 d’octubre
Dia de la biblioteca
Les biblioteques als llibres
Hola, amic lector!
Les biblioteques ens han acompanyat des de
l’Antiguitat i atresoren les veus dels homes.
Constitueixen un univers, com deia Borges. Et
proposem un recorregut literari algunes de les
biblioteques més llegides: la biblioteca del
monestir de El nom de la rosa, la de Babel, les
dels escriptors, les biblioteques de nit, la dels
llibres perduts i, és clar, la biblioteca pública de
Muñoz Molina. Què faríem en un món sense
biblioteques, com el que ens descriu Ray
Bradbury en Fahrenheit 451?
2
BORGES, Jorge Luis. “La biblioteca de Babel” (1941)
En: Narraciones. Madrid : Cátedra, 1990
« El universo (que otros llaman la Biblioteca) se
compone de un número indefinido, y tal vez
infinito, de galerías hexagonales, con vastos
pozos de ventilación en el medio, cercados por
barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se
ven los pisos inferiores y superiores:
interminablemente. La distribución de las galerías
es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos
anaqueles por lado, cubren todos los lados menos
dos; su altura, que es la de los pisos, excede
apenas la de un bibliotecario normal. Una de las
caras libres da a un angosto zaguán, que
desemboca en otra galería, idéntica a la primera y
a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay
dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de
pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por
ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se
eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un
espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los
hombres suelen inferir de ese espejo que la
Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a
qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar
que las superficies bruñidas figuran y prometen el
infinito… La luz procede de unas frutas esféricas
que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en
cada hexágono: transversales. La luz que emiten
es insuficiente, incesante… » (p. 105)
3
RADBURY, Ray. Fahrenheit 451 (1953)
Barcelona : Proa, 1994
«En l’ardor i la fogositat del moment
només tingué temps per llegir una
línia, però durant el minut següent,
aquesta va cremar-li dins el cervell
com si la hi haguessin gravat amb un
ferro roent. “El temps s’ha adormit en
el sol del capvespre”. Va llençar el
llibre. Tot seguit li’n va caure un altre
a les mans.
Montag, puja!
La seva mà va tancar-se com una boca,
va prémer el llibre contra el pit amb
una devoció salvatge, amb cega
inconsciència. Mentrestant, els altres,
al pis de dalt, abocaven piles de
revistes a l’aire polsós. Queien com
ocells exterminats i la dona s’estava a
baix, com una nena petita, entre els
cossos. » (pp. 69-70)
4
ECO, Umberto. El nom de la rosa (1980)
Barcelona : Destino, 1985
«- Us podreu moure per tota l’abadia, ja us ho he dit. Però no pas per
l’últim pis de l’Edifici, la biblioteca.
- Per què?
- Us ho hauria hagut d’explicar abans, però em pensava que ja ho
sabíeu. No ignoreu pas que la nostra biblioteca no és pas com les
altres...
- Sé que conté més llibres que cap biblioteca cristiana. Sé que els
armaria de Bobbio o de Pomposa, de Cluny o de Fleury, em
comparança amb els vostres, semblen la cambra d’un vailet que
estigués aprenent a fer servir l’àbac. Sé que els sis mil còdexs i
més de què feia gala Novalesa ara fa més de cent anys són ben
poca cosa davant els vostres, i potser molts d’aquells són aquí. Sé
que la vostra abadia és l’unica llum que la cristiandat pot oposar a
les trenta-sis biblioteques de Bagdad, als deu mil còdexs del visir
Ibn al-Alkami, que el nombre de les vostres bíblies iguala els dos
mil quatre-cents alcorans de què s’ufana el Caire i que la realitat
dels vostres armaria és una evidència lluminosa contra la llegenda
presumptuosa dels infidels que anys enrere proclamaven (adeptes
com són del príncep de la mentida) que la biblioteca de Trípoli
contenia sis milions de volums i comptava amb vuitanta mil
comentadors i dos-cents escrivents.» (p. 43)
5
MUÑOZ MOLINA, Antonio. “Elogio laico de la
biblioteca”. En: La huerta del Edén.
Madrid : Ollero & Ramos editores, 1996
«Como yo entonces, mis hijos ahora no acababan de
comprender que podían llevarse a casa cualquiera de aquellos
libros, que eran suyos y a la vez de todos, sin la mediación del
dinero: yo creo que por primera vez meditaban sobre la
misteriosa naturaleza de lo público, aquello que no pertenece
al reino egoísta de lo individual, sino que es nuestro en la
medida en que es compartido, de modo que nuestro derecho
personal a su disfrute está garantizado por la responsabilidad
común con que lo usamos. Aquellos libros que se llevaron a
casa, hojeándolos con impaciencia por la calle, y que luego
leyeron cada uno en la intimidad de su dormitorio y dejaron
con una señal sobre la mesa de noche antes de apagar la luz,
habían sido leídos antes por otros, y cuando ellos los
devolvieran pasarían a otras manos impacientes. El valor de lo
público se entrecruzaba así con el valor de la literatura que
también es íntima y personal y a la vez es una cosa
multiplicada y compartida…» (pp. 39-40)
6
LAUBIER, Guillaume de. Bibliotecas del
mundo. Barcelona : Carroggio, 2003
« ¿Cómo serán nuestras bibliotecas dentro
de cincuenta años? ¿Seguiremos
construyendo edificios cada vez más
grandes para contener el caudal
incesante de libros, periódicos,
grabaciones, fotografías y películas que
se producen en todos los lugares del
mundo? Es muy posible que la
informatización llegue a suplantar
totalmente a las bibliotecas, al menos en
el sentido que damos a esta palabra.
Quizá sea un centro servidor nacional,
europeo y mundial, al que podrá acceder
cualquier persona desde su casa, lo que
sustituya a esas maravillosas salas de
lectura donde tantos estudiantes,
investigadores, escritores y eruditos se
han reunido –juntos- durante siglos... El
futuro, por espléndido que sea, a veces
deja paso a la nostalgia» (pp. 10-11)
7
MANGEL, Alberto. La biblioteca de noche.
Madrid : Alianza Editorial, 2007
« El amor a las bibliotecas, como la
mayor parte de los amores, hay que
aprenderlo. El que entra por primera
vez en una habitación hecha de libros
no puede saber instintivamente cómo
comportarse, qué se espera de él,
qué se promete, qué se permite.
Puede verse dominado por el horror –
a la acumulación o a la magnitud, al
silencio, a la admonición burlona de
que es mucho lo que ignora, a la
vigilancia-, y parte de esa sensación
abrumadora puede seguir aferrada a
él una vez aprendidos los rituales y
las convenciones, una vez
cartografiado el territorio, una vez
comprobada la actitud amistosa de
los nativos. » (pp. 23-24)
8
COLOMA, Rafael. Un dia a la Biblioteca.
València : Biblioteca Valenciana, 2009
«La Biblioteca encara no ha obert.
Sembla vetlar el son dels
llibres, prompte tornaran a la
vida.
El jardí penja de la característica
llum sense matisos que empara
els paisatges solitaris.
A la façana el sol hi fa els primers
passos.
Més avall, a la porta, algú fent
temps.» (p. 10)
9
DOREN, Charles van. Breve historia del leer.
Barcelona : Ariel, 2009
«Este libro es el fruto de una historia
de amor que ha durado toda una
vida. Leer es, creo, mi actividad
favorita; los libros y yo hemos
sido inseparables hasta donde me
alcanza la memoria... Aún hoy, me
angustia no tener a mano un libro,
una revista, un periódico, un trozo
de papel para leer... Me gusta el
olor de los libros, más aún su
tacto. La vida sin libros sería para
mí un horror vacío.»
(contracoberta)
10
BONNET, Jacques. Bibliotecas llenas de
fantasmas. Barcelona : Anagrama, 2010
«Los libros han acabado por invadir
todos los muros, por expulsar a los
pósters, grabados y cuadros y luego
se han adueñado de la habitación
contigua en la que están ahora las
obras y los catálogos temáticos, los
libros de arquitectura y fotografía,
así como toda clase de “libros
bonitos” fuera de lo corriente. Las
monografías están ordenadas
alfabéticamente y por escuelas
(pintura francesa, italiana, alemana,
etc.) para facilitar la búsqueda. Las
obras temáticas están a veces
unidas por afinidades un tanto
extrañas. [...] sin que se haya
creado el menor problema, dicho
sea de paso. » (pp. 77-78)
11
MARCHAMALO, Jesús. Donde se guardan los libros
: bibliotecas de escritores. Madrid : Siruela, 2011
«Siempre he tenido la manía, entre otras,
de fijarme en las bibliotecas ajenas.
Pararme ante los estantes, recorrer los
lomos de los libros y reparar en las
afinidades y diferencias con los propios.
Cada biblioteca se rige por una serie de
códigos, unos usos ni siquiera
conscientes, caprichosos la mayor parte
de las veces, que acaban señalando al
lector, y que hablan de sus afanes y
rarezas.
Decía Marguerite Yourcenar que una de las
mejores maneras de conocer a alguien
es ver sus libros. Y creo que es verdad.
En el caso de los escritores se añade
además la sospecha fundada de que sus
bibliotecas esconden una parte del mapa
del tesoro. De su manera de plantearse
y entender la literatura.» (pp. 15-16)
12
ITURBE, Antonio G. La bibliotecària
d’Auschwitz. Barcelona : Columna, 2012
«Però la vida no s’atura, i la Dita
tampoc no vol que ningú noti el seu
neguit. Per això es presenta a
primera hora del matí a la biblioteca,
asseguda en un banc amb l’esquena
contra el tir horitzontal de la
xemeneia i els llibres a l’altre banc
allargat del davant, desafiant el món.
En Lichtenstern li ha cedit un dels
assistents perquè l’ajudi a controlar
el tràfec de llibres durant els canvis
d’hora, i aquest matí s’asseu al seu
costat un noi de pell blanca tan callat
que ni tan sols ha obert la boca. »
(p. 145)
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