La lectura de la Palabra es en y con
la Iglesia.
• La Iglesia desde sus inicios ha bebido de la
Palabra.
• En el proceso de acercamiento vivencial al
texto de la sagradas escrituras.
• La lectio divina es una bendición para toda la
Iglesia.
• La lectio divina como método de lectura no es
en fin en si mismo, sino un método que facilita
y promueve el encuentro vivencial y
transformador con el Señor.
• La lectio divina no es un método de estudio.
• Por los siglos fue patrimonio de los monjes.
• La lectio divina es el ejercicio de un corazón
bien dispuesto, es un ejercicio de lectura, pero
también de oración.
• Sus frutos no son en un crecimiento del saber
bíblico
Dios autor de esta Palabra
• Responde sobre el sentido de la vida
• Discernimiento .
• Construye un proyecto de vida
• Lo propio encarnarse en la vida humana
•
•
•
•
Una manera diferente de leer la Biblia.
Acercamiento al regalo divino de la Palabra.
El objetivo de la lectio divina.
Quien hace una lectio divina bien, hace suyas
kas palabras y el sentir de SanPablo. (Gal
2,20) (2Cor 5, 14).
• La lectio divina , un camino.
Situándonos en la historia.
• Al leer la Biblia, los Padres no leían los textos, sino a
Cristo vivo, y Cristo les hablaba»
• La expresión Lectio Divina quiere decir "lectura de
Dios", e indica la práctica monástica, ya secular, de
la "lectura orante" de la Biblia.
• La Lectio Divina como práctica de lectura orante de
la Biblia, tanto a nivel personal como comunitario, se
remonta a los padres de la Iglesia, hacia los años 300
de nuestra era.
• El primero en utilizar esa expresión fue Orígenes,
quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho
es necesario hacerlo con atención, constancia y
oración. Más adelante, la Lectio Divina vendría a
convertirse en la columna vertebral de la vida
religiosa. Las reglas monásticas de San Pacomio, San
Agustín, San Basilio y San Benito harían de esa
práctica, junto al trabajo manual y la liturgia, la triple
base de la vida monástica.
• La sistematización de la Lectio Divina en cuatro
peldaños proviene del s. XII. Alrededor del año
1150 d. C., Guido, un monje cartujo, escribió un
librito titulado “La escalera de los monjes”, en
donde exponía la teoría de los cuatro peldaños. Con
esta escalera los monjes suben al cielo:
«Cierto día, durante el trabajo manual, al reflexionar
sobre la actividad del espíritu humano, de repente se
presentó a mi mente la escalera de los cuatro peldaños
espirituales: la lectura, la meditación, la oración y la
contemplación. Esa es la escalera por la cual los monjes
suben desde la tierra hasta el cielo. Es cierto, la escalera
tiene pocos peldaños, pero es de una altura tan inmensa y
tan increíble que, al tiempo que su extremo inferior se
apoya en la tierra, la parte superior penetra en las nubes e
investiga los secretos del cielo (...).
• La lectura es el estudio asiduo de las Escrituras,
hecho con espíritu atento. La meditación es una
actividad diligente de la mente que, con ayuda de la
propia razón, busca el conocimiento de la verdad
oculta. La oración es el impulso ferviente del
corazón hacia Dios, pidiendo que aleje los males y
conceda cosas buenas. La contemplación es una
elevación de la mente sobre sí misma que, pendiente
de Dios, saborea las alegrías de la dulzura eterna»
• En el siglo XIII, las ordenes mendicantes
(con San Francisco de Asís, Santa Clara y
Santo Domingo de Guzmán con la Orden de
Predicadores) intentaron crear un nuevo tipo
de vida religiosa más comprometida con los
pobres e hicieron de la Lectio Divina la fuente
de inspiración para su movimiento renovador.
• En los siglos posteriores al Concilio de Trento
(1,545 a 1,547 d. C,), los creyentes perdieron
el contacto directo con la Palabra. Sin
embargo, el Concilio Vaticano II recuperó,
felizmente, la anterior tradición e instó, con
insistencia, a los fieles a leer asiduamente la
Sagrada Escritura.
• «El Santo Sínodo recomienda insistentemente a
todos los fieles, la lectura asidua de la Escritura,
para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo
(Filp 3,8), "pues desconocer la Escritura es
desconocer a Cristo" (...) Recuerden que a la lectura
de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración
para que se realice el diálogo de Dios con el hombre,
pues "a Dios hablamos cuando oramos, a Dios
escuchamos cuando leemos sus palabras"»
(Constitución Dogmática Dei Verbum n° 25)
• En la actualidad, la Lectio Divina se va difundiendo
cada vez más en las comunidades eclesiales más
diversas, y está resultando una fuente de renovación
espiritual y de vivo compromiso eclesial. El Papa
Benedicto XVI ha insistido en muchas ocasiones en
renovar la aplicación de la Lectio Divina en la vida
espiritual de la Iglesia:
• «Si se promueve esta práctica (Lectio divina) con
eficacia, estoy convencido de que producirá una
nueva primavera espiritual en la Iglesia.»
-
• «La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la
oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la
lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se
le responde con una confiada apertura del corazón»
• «La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y encuentra
siempre su orientación en él para su camino.»
• «Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse
a sí mismo: sólo quien escucha la Palabra puede convertirse
después en su anunciador. También el documento de la V
conferencia general del CELAM en Aparecida insiste en la
importancia de la Lectio Divina:
• “Entre las muchas formas de acercarse a la
Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la
que todos estamos invitados: la Lectio Divina
o ejercicio de lectura orante de la Sagrada
Escritura. Esta lectura orante, bien practicada,
conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al
conocimiento del misterio de Jesús Mesías, a
la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al
testimonio de Jesús-Señor del universo.”
(D.A. n° 249)
• Y de la misma manera se vuelve a resaltar la
importancia de la Lectio Divina en la Exhortación
Apostólica Postsinodal “Verbum Domini” (del 30 de
septiembre de 2,010):
• “Si bien es verdad que la liturgia es el lugar
privilegiado para la proclamación, la escucha y la
celebración de la Palabra de Dios, es cierto también
que este encuentro ha de ser preparado en los
corazones de los fieles y, sobre todo, profundizado y
asimilado por ellos...
• Practicar con la Lectio Divina no es ahogarse en los
pasos ni en la metodología, sino buscar al Señor y
reconocerlo vivo y presente en su Palabra. Esto que
ha sido patrimonio de los monjes, el Papa Juan Pablo
II en varias exhortaciones ha manifestado la
importancia que tiene para la vida de todo creyente,
haciendo así que ese método que ya se venía
utilizando en las comunidades pasase a ser la
propuesta de la Iglesia para el acercamiento vivencial
al texto de las Sagradas Escrituras.
• El Papa Juan Pablo II, después del Sínodo de las
Américas, nos ha dejado su exhortación Apostólica
ECCLESIA IN AMERICA (1999), sobre el
encuentro con Jesucristo vivo, camino para la
conversión, la comunión y la solidaridad en América.
• Dentro de esta propuesta de renovación a partir de la
adhesión y del seguimiento al Señor Jesús como
único camino que conduce a la santidad el Papa nos
dice explícitamente:
• “Jesucristo se presenta como único camino que conduce
a la santidad. Pero el conocimiento concreto de este
itinerario se obtiene principalmente mediante la Palabra
de Dios que la Iglesia anuncia con su predicación. Por
ello, la Iglesia en América debe conceder una gran
prioridad a la reflexión por todos los fieles. Esta lectura
de la Biblia, acompañada de la oración, se conoce en la
tradición de la Iglesia con el nombre de Lectio Divina,
práctica que se ha de fomentar entro todos los
cristianos” (EA. 31)2.
• Esta referencia del Papa sobre las Escrituras
ha dado un nuevo impulso y dinamismo a todo
el trabajo bíblico, pues por un lado hace notar
que el modelo de santidad uno lo encuentra
principalmente en las Escrituras, donde
encontramos a Jesús como camino, verdad y
vida (Jn 14, 6), modelo de vida.
• Por otro lado habla de la necesidad de un acercamiento a
las Escrituras, de su reflexión, pero con un matiz en una
reflexión orante, y esto es una invitación ya no exclusiva
para el clero y los religiosos sino para todos los fieles.
• Las Sagradas Escrituras están siendo instrumento y
medio para conocer, amar y seguir a Jesús, asumiendo su
estilo e vida, en santidad y compromiso.
• En este acercamiento al texto, de una manera viva y
vivencial, el Papa hace referencia a la Lectio Divina,
y exhorta a que se la debe fomentar entre todos los
cristianos. Nuevamente aquí se insiste en el hecho
de que la Palabra es para todos, todo creyente debe
tener esa familiaridad y cercanía con el texto sagrado
para aprender de ahí la manera de vivir de acuerdo a
las enseñanzas del Señor Jesús.
• Al inicio del nuevo milenio, al terminar el
Jubileo del año 2000, el Papa en su carta
apostólica Novo Millennio Ineunte, en el No.
39, establece una relación directa entre la
santidad y la oración con la escucha atenta de
la Palabra de Dios, destacando el papel
preeminente de la Palabra de Dios en la vida
de la Iglesia, pero da un matiz muy especial a
este acercamiento al texto bíblico cuando dice:
• En la Novo Millennio Ineunte, el Papa
nuevamente hace mención a la Lectio Divina
como un medio para que la Palabra interpele,
cuestiones, enfrente al lector con el proyecto del
Padre. Habla de una Palabra viva, que produce
su efecto, que cala, hondo, que llega al fondo del
alma. De ahí la importancia de la metodología de
Lectio Divina, pues no se limita a dar
información bíblica, sino que lleva a la
dimensión vivencial-existencial-transformadora
La Lectio Divina: Una
experiencia de la
Palabra de Dios.
• “Quiso Dios, con su bondad y sabiduría,
revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio
de su voluntad.( Ef 1, 9): por Cristo, la
Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo,
pueden los hombres llegar hasta el Padre y
participar de la naturaleza divina ( Ef 2, 18; 2
Pe 1, 4)” (Constitución Dogmática sobre la
Revelación Divina del Concilio Vaticano II,
n° 2).
• La Palabra de Dios es fuente de
vitalidad para aquellos que hacen
la experiencia de ésta: “Toda
Escritura está inspirada por Dios
y es útil para enseñar, rebatir,
corregir y guiar en el bien. Así el
hombre de Dios se hace un
experto y queda preparado para
todo trabajo bueno.”
( 2
Tim 3, 16-17)
• La lectura o escucha de la Palabra de Dios o de la
Biblia es una experiencia de la presencia amiga del
Dios vivo. Con mucha sabiduría, la liturgia de la
Iglesia al realizar la lectura de la Biblia termina con
la expresión “Palabra de Dios” que constituye una
confesión de fe, es decir, un reconocimiento de que
por mediación del texto bíblico, Dios ha entrado en
contacto con la humanidad y en particular con
aquellos que están escuchando.
• Cuando se lee un texto bíblico, se crea un
espacio de diálogo entre Dios y nosotros, el
cual se comprende mejor cuando descubrimos
de que el Dios de la Revelación Bíblica es un
Dios de diálogo, de conversación amigable
que construye relaciones. Es un Dios que
espera nuestra respuesta libre y confiada:
• “Dios invisible ( Col 1, 15; 1 Tim 1, 17), movido de
amor, habla a los hombres como amigos, ( Ex 33,
11; Jn 15, 14-15) y trata con ellos para invitarlos y
recibirlos en su compañía.” (Constitución
Dogmática sobre la Revelación Divina del Concilio
Vaticano II, n° 2). Entonces, podemos afirmar que la
finalidad última de la lectura de la Biblia es la
comunión con Dios. En otras palabras, la Palabra de
Dios nos lleva hasta el Dios de la Palabra.
• Esta relación no puede quedarse a nivel
superficial. Sino que apunta a un compromiso
estable y, al mismo tiempo, de profundización
continua. Dios viene a nuestro encuentro y
nosotros vamos hacia Él hasta que se realiza
una mutua entrega en la que Dios nos dice “tú
eres mío” y nosotros le decimos “yo soy tuyo”.
Esto es lo que en la Biblia se llama relación de
Alianza.
La lectura de cualquier pasaje
bíblico debe ser realizada en
este contexto. No se lee la
Biblia para saber más sobre
Dios ni para incrementar
nuestra “cultura bíblica”, sino
permitir que este don que Dios
nos ha dado nos tienda una
mano para ese encuentro con
Dios en el que experimentamos
la ternura de su amor.
• Ahí recibimos las verdades de nuestra
salvación. Éstas tienen su expresión concreta y
tangible en el Salvador, quien, en la plenitud
de los tiempos, nos ha mostrado su rostro en
Jesús de Nazaret (cfr Hebreos 1.1) porque “En
ningún otro hay salvación, porque en todo el
mundo Dios no nos ha dado otra persona por
la cual podamos salvarnos” (Hechos 4.12).
• Jesús es la plenitud de la revelación testimoniada
en la Biblia. Él no vino a abolir la ley sino a darle
cumplimiento (cfr. Mateo 5.17). En Jesús, el
Dios de quien se escuchaba la voz mostró su
rostro y llevó al culmen la historia de la
salvación: “Cristo es la imagen visible de Dios,
que es invisible” (Colosenses 1,15). En Él, todas
las promesas de Dios han recibido su si, su
realización (cf. 2 Corintios 1.19-20).
• Los creyentes de Dios leemos las Sagradas
Escrituras en Jesús y desde Jesús, porque Él es
la cumbre de la revelación. De ahí que leamos
la Biblia entera desde la persona de Jesús.
Nosotros somos sus discípulos y leemos toda
la Escritura desde la revelación que Él nos
hizo del Padre y del camino que Él realizó
(cfr. Hechos 8.34-35).
• Luego, para la lectura de la Biblia el creyente ha de
tomar en cuenta los siguientes criterios de reflexión
y aprovechar lo mejor posible la enseñanza de la
Palabra de Dios:
• La Revelación tiene un carácter histórico. Por eso,
los textos no deben leerse fuera de su contexto
histórico social, teniendo en cuenta el grado de
civilización en que se encuentran en esa época.
La Palabra de Dios,
camino de vida
“Ciertamente, es viva la Palabra y
eficaz,
Más cortante que espada alguna
de dos filos.
Penetra…hasta las junturas y las
médulas;
Y escruta los sentimientos y
pensamientos del corazón.
No hay para ella criatura
invisible:
Todo está desnudo y patente…”
(Hebreos 4, 12-13)
• La Palabra de Dios es viva y eficaz. Penetra en
nuestra vida abriéndonos a una nueva
comprensión de lo que somos, ya que nuestra
verdadera identidad sólo aflora cuando somos
capaces de vernos a nosotros mismos tal como
Dios nos ve. Cuando somos capaces de mirarnos
con sus ojos encontramos nuestra verdad. El
encuentro en hondura con la Palabra de Dios va
develando paulatinamente el sentido profundo de
nuestra existencia.
• Por lo mismo, la lectura asidua y comprensiva de la
Sagrada Escritura es un camino de crecimiento
espiritual de primera importancia.
• Al leer la Biblia cotidianamente nos vamos
impregnando de su sentido; vamos permitiendo que
ella ilumine las diversas facetas de nuestra vida y de
nuestra estructura personal. La Palabra de Dios es
como la lluvia fecunda que cae en tierra y la hace
fecunda; así llena de sentido nuestra vida.
• El arte de meditar los textos bíblicos es en
buena medida el de conectarlos en hondura
con nuestra experiencia, ojalá lo más
concretamente que sea posible. Podemos
decir que comenzamos a comprender
espiritualmente un texto cuando él se conecta
con lo que hoy estamos viviendo. De ese nexo
el texto adquiere vida y nuestra vida adquiere
sentido y luminosidad.
La Palabra cotidianamente meditada nos ayuda a
conocer mejor el verdadero rostro de Dios como
Padre de bondad y de misericordia. La Palabra
cotidianamente meditada es un estímulo para no
desfallecer en la tarea sin término ser más
coherentes con el querer de Dios. Desde la certeza
de que un vivir lejos de Dios jamás nos conducirá a
la plenitud y a la libertad personales.
Juan 11, 38
• La Preparación para
entrar en la Lectio Divina:
la “soledad sonora”
• “El Maestro está allí y te
llama”
• La preparación es decisiva para el éxito de la Lectio
Divina, para poder escuchar a otro, primero hay que
bajar el tono de la voz, hacer silencio, concentrarse. El
clima ideal para la Lectio es lo que san Juan de la Cruz
llamó “la soledad sonora” (Cántico 15), es decir, callar
el ruido de tantas voces que nos invaden para captar el
dulce silbido del Espíritu en la Palabra de Dios.
• Podemos considerarnos preparados cuando hayamos
logrado entrar en este silencio receptivo, atento,
consciente de la presencia poderosa de Dios que viene
amorosamente a nuestro encuentro con el don de su
Palabra.
No es posible entrar en la
inteligencia del texto sin
El corazón pacificado y
poseído por el Espíritu
Santo.
(Ver Lucas 24, 36. 45. 49)
• Retengamos estos dos aspectos: pacificación y
posesión del Espíritu de Dios. Cada uno, a
partir del conocimiento y del control que tiene
de sí mismo y de su experiencia de Dios,
podrá encontrar la manera de realizar esta
preparación. Con todo quisiéramos dar
algunas sugerencias:
La pacificación
del corazón
“¡Entra en tu cuarto!”. Conoce
el espacio donde vive tu
intimidad, refúgiate allí, busca
el silencio, la soledad.
“¡Delimita tu tiempo!”. No
muestres la mezquindad de tus
afanes, sé generoso porque tu
tiempo es de Dios.
“¡Ayúdate de algo!”, si es que lo
consideras necesario, por ejemplo:
de un icono, de la luz de una vela,
de una cruz, un poco de música…
recuerda que es apenas una ayuda.
“¡Interroga tu corazón!”. Toma conciencia de
la manera como te presentas ante Dios cómo
estás ahora y a qué estás dispuesto en esta
Lectio. Entra en oración en tu propia
realidad, con todo lo que eres. Acuérdate de
tu pueblo, también por amor a él buscas al
Señor.
¿…….?
¡Suplica!”, como el rey
Salomón: “dame un
corazón que sepa
escuchar… para
discernir”. (Cfr. 1 Reyes
3, 9).
Y una sugerencia práctica: escucha tu propia
respiración, siente su ritmo. Esto ayuda a la
concentración. El ritmo de la respiración es como
el termómetro de nuestro estado de ánimo, de
nuestra situación de paz. A veces estás agitado…
toma conciencia de esto y ayúdate.
Cuando arrojamos una piedrecita al lago, estando
sus aguas tranquilas, sus ondas son más nítidas y
las vemos expandirse hasta besar los extremos.
Actitudes
fundamentales en la lectio
divina
Escucha:
Cuando Moisés vio la zarza ardiendo y sin
consumirse, se acercó a ella con respeto y
atención más que curiosidad (Ex 3, 1-6). Esto
le valió escuchar la voz de Dios que salió de
ella. La Palabra de Dios es para nosotros un
misterio fascinante al que muchas veces nos
acercamos descuidadamente. Es terreno
sagrado en el que debemos entrar descalzos de
todo aquello que nos impide oírla con
reverencia y respeto. La Palabra nos exige la
gratuidad y la disposición de escucha.
Compromiso
La lectura orante de la Palabra
exige una opción por vivirla
cotidianamente. Talvez la mayor
dificultad para la orar la Palabra
es la incoherencia de nuestras
vidas. La falta de armonía entre
lo que leemos, oramos y
vivimos. No podemos olvidar
que el discipulado es un camino
constante.
Perseverancia:
La lectura de la Palabra supone
dedicación y tiempo. El Señor tiene
una pedagogía con cada uno de
nosotros y eso requiere entrar en su
tiempo. Dos cosas prácticas
necesarias: tiempo fijo para la lectura
y, en lo posible, la misma hora cada
vez. Por ejemplo media hora diaria en
la mañana o en otro momento que
acomode, pero siempre el mismo. Lo
peor es dejar la lectura para cuando
haya tiempo porque nunca se le
encuentra
Y una sugerencia práctica: escucha tu propia
respiración, siente su ritmo. Esto ayuda a la
concentración. El ritmo de la respiración es
como el termómetro de nuestro estado de
ánimo, de nuestra situación de paz. A veces
estás agitado… toma conciencia de esto y
ayúdate.
Cuando arrojamos una piedrecita al lago,
estando sus aguas tranquilas, sus ondas son
más nítidas y las vemos expandirse hasta
besar los extremos.
Sentarse a los pies del
Señor para escuchar su
Palabra, María, sentada
a los pies del Señor,
escuchaba su Palabra”
El discípulo se sienta a los
pies del Señor
“Tus palabras son mi gozo”
Entre más leo la Biblia,
más me convenzo que
todos los misterios, toda
la historia de la salvación,
todas las páginas de la
Escritura, no expresan
otra cosa que el amor
apasionado de Dios por
la humanidad.
• Cuando Jesús define a su verdadera familia lo hace
precisamente indicando a los que “estaban sentados
a su alrededor” (Marcos 3, 31-35). Sus parientes
llegan a buscarlo porque estiman que deshonra a la
familia a causa de su comportamiento (3, 20-21). Los
maestros de la ley venidos de Jerusalén – un grupo
oficial, por tanto – lo catalogan de endemoniado (3,
22). Así, mientras su familia sanguínea (parientes) lo
cree fuera de sus casillas, su familia de raza
(israelitas) lo considera endemoniado.
• Quién en realidad, es la verdadera familia de Jesús?
¿Quién en realidad, es su verdadero pueblo? “Mirando
a los que estaban sentados a su alrededor”, Jesús
dijo: “el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi
hermano, mi hermana y mi madre” (Marcos 3, 3435). Su auténtica familia y su verdadero pueblo es el
discípulo que se sienta a los pies del Mesías para
escuchar la voluntad salvífica del Padre y aceptar, por la
obediencia de la fe, a Jesús como Ungido con el Espíritu
que establece el Reino, derrotando demonios y pecados.
“Sentarse a los pies” (Marcos 3,
34, Lucas 10, 39; Hechos 22, 3;
ver Lucas 8, 35) es ponerse a
disposición de un maestro para
recibir educación,
adiestramiento, conocimiento.
Así también entre los rabinos o
maestros de la ley del tiempo de
Jesús como, por ejemplo, el
joven Saulo respecto a
Gamaliel.
La Palabra no es
magia, no es
automática. El hecho
de utilizar unos pasos
que en sí son medios
para el encuentro con
el Señor, no significa
ni garantiza un
encuentro vital.
• Es verdad, que ella es siempre
eficaz, pero no es automática, no
es algo mecánico, sino que
requiere una disposición, es
imprescindible una apertura y
una docilidad a la acción del
Señor en uno por medio de su
Palabra. Siempre va a requerir
una respuesta a la manifestación
y a la acción de Dios en nuestra
vida.
La Lectio Divina y en sí la
lectura de la Sagrada Escritura
es un adentrarse en el mundo
de la gracia, en el mundo de
Dios, donde todo es don, donde
todo es gratuidad, donde todo
es manifestación del Señor,
donde nada es debido, sino que
todo es expresión de amor.
• El encuentro con el Señor por
medio de su Palabra es algo vital,
es algo renovador y
transformador, es acción directa
del Espíritu Santo por medio del
texto escrito, pero es fundamental
una respuesta a esa
manifestación, que requiere una
correspondencia, al amor
preferencial del Señor que se
revela por medio de su Palabra.
Si de verdad hay encuentro
con el Señor nunca, de
ninguna manera uno puede
salir siendo la misma persona.
Eso no, sino que el encuentro
lleva a la transformación y
esta transformación es
respuesta y docilidad a la
acción del Señor en uno
mismo
Una metodología para una espiritualidad
bíblica.
• La Lectio Divina es una
metodología que busca
profundizar el texto bíblico
en vista a la vida, que
trasciende lo escrito para
adentrarse en el mundo de
Dios que está como base de
toda la Escritura.
• En sí es una experiencia
espiritual con la Biblia haciendo
que ella sea Palabra viva de
Dios para cada uno de nosotros,
por medio de la oración.
• Es un modo de asumir la espiritualidad, es
tener la Biblia como elemento básico de toda
la vida, es hacer de la Palabra escrita el
alimento diario para la fe. Es buscar al Señor
por medio de la Palabra que se revela en ella,
para encontrarlo vivo y presente en el hoy,
aquí y ahora.
La Palabra escrita en la
Escritura es un medio
para el conocimiento y el
encuentro con el Señor,
de ahí que ella es fuente
de vida espiritual tanto
personal como
comunitaria.
En la medida que cada uno tenga
familiaridad con la Palabra que
se
acostumbre
a
leerla
personalmente, a rezarla y a
utilizarla como medio para el
encuentro vivencial con el
Señor, el encuentro comunitario
será mucho más rico y profundo,
pues será un compartir las
experiencias y las riquezas del
encuentro con el Señor, a partir
de la Palabra.
La Lectio Divina no es
simplemente pasos para
conocer la Biblia, sino un
medio privilegiado para
conocer existencial y
vivencialmente la Palabra,
para hacer de la Escritura
el alimento y la vitalidad
para la vida de fe.
Importancia del
método de la lectio
divina.
La Lectio Divina como
método de lectura-reflexiónvivencial es un medio para
profundizar en las Sagradas
Escrituras. Con los pasos
que presenta, ayuda a
conocer el texto, a saber lo
que el Señor nos dice por
medio de su Palabra, escrita.
El
paso de la lectura es
preparación para la meditación,
donde se busca profundizar,
conocer
más
detalladamente
aquello que fue leído, aquí entra en
juego toda la información y
conocimientos que cada uno pueda
tener de las Escrituras. El compartir
lo que la Palabra le dice a cada uno
es un momento de mutuo
enriquecimiento.
La lectura y la
medicación llevan a la
contemplación, si en
los dos primeros pasos
entra mucho la
capacidad y habilidad
del lector, en la
contemplación uno se
encuentra ya en el
mundo de Dios, donde
todo es gracia.
La contemplación busca ese encuentro personal
y directo con el Señor, pero esto no es posible
solo con técnicas o por el simple querer, sino
que aquí todo es gratuidad de parte de Dios. Es
por eso que en la contemplación es
imprescindible la docilidad y apertura interior
para que el Señor vaya tocando y
transformando la vida de cada uno.
La contemplación es el punto más
alto de la oración, allí uno se
encuentra o no con el Señor, y eso
es absolutamente personal.
Si la lectura fue la base para la meditación y
ambos para la contemplación, toda esta
experiencia de lectura, reflexión e
interiorización es llevada a la oración. Aquí
se busca que esa Palabra reflexionada ilumine
la realidad que estamos viviendo, es presentar
la propia vida o la de la comunidad, o de las
personas que nos rodean para que el Señor
actúe en ellas.
Y finalmente, después de haber leído y meditado en la
Palabra, después de haberla contemplado y de haber
rezado con ella, ¿Qué va a cambiar en mi vida? Pues
si de verdad hubo encuentro con el Señor, no puedo
salir siendo el mismo.
De aquí la importancia del
actuar, es decir de hacer vida
aquello que fue reflexionado y
rezado, para que paulatinamente
mi vida sea reflejo del evangelio,
asumiendo el estilo del Señor
Jesús.
La Lectio Divina busca profundizar el texto de la
Biblia por medio de cinco pasos que son
consecutivos y concadenados, pues uno está en
relación al otro y el anterior da elementos al
posterior, llevando a un conocimiento gradual del
texto, teniendo diferentes acercamientos al texto
escrito, buscando el mensaje que transmite y la
actualidad que tiene para nuestra vida, queriendo así
hacer vida la propuesta que nos presenta el Señor por
medio de su Palabra escrita.
De ahí que los pasos de la Lectio Divina son
medios que partiendo del texto se busca
iluminar y transformar la vida. Con la Lectio
Divina se busca el encuentro personal y
vivencial con el Señor, para esto se parte del
texto escrito, pero la meta no es lo escrito,
sino Aquel que suscitó la Escritura y que
motivó al escritor sagrado a comunicarlo.
Esto es gracia y don del Señor, de
ahí la necesidad de acercarse al
texto de la Biblia con el corazón
abierto y disponible para escuchar al
Señor y que de esa escucha surja el
encuentro vivo y actual con Él, que
siempre está presente y es el que
nos motiva a conocerlo y amarlo
por medio de su Palabra.
• En la Lectio Divina se siguen cinco pasos, que
son momentos de oración y de
búsqueda del Señor, como son:
1,2,3,4,5.
+LECTURA.
+ MEDITACIÓN.
+ CONTEMPLACIÓN.
+ ORACIÓN.
+ ACCIÓN.
• Estos pasos son medios y no
fin, de ahí que se los debe
seguir como ayudas, pero
no ser rígidos en su
utilización, esto todo
depende de la situación.
Como criterio para seguir
los pasos, es el
ENCUENTRO con el
Señor.
Siendo así es de considerar que
una es la actitud en la oración
personal, donde estos pasos se
relativizan y se flexibilizan, pues
se los utiliza en la medida que
ayuden
y
favorezcan
ese
encuentro con el Señor.
En la oración individual uno debe
detenerse en el momento en el que el
Señor haya iluminado o inspirado, es
ahí donde se debe profundizar y
dejarse conducir por el Espíritu;
habiendo sentido la presencia o la
acción del Señor en uno, ya no es
necesario hacer todos los pasos, es
simplemente deleitarse de la Palabra
o de la inspiración.
• En cambio, cuando se realiza la Lectio Divina en
grupos, allí es recomendado y aconsejable realizar
todos los pasos, para ir formando la mentalidad y el
corazón de los participantes, para que partiendo del
texto, del compartir las inspiraciones que el Señor
suscita y enriquecerse con la sabiduría de la Palabra,
que eso ilumine la propia vida y cuestione la manera
como se está viviendo, en vista a manifestar con
actitudes y gestos concretos aquello que fue
reflexionado, rezado y contemplado.
Los cinco pasos que se presentan como un proceso
para realizar el diálogo texto-vida van adquiriendo
diferentes aspectos, destacándose:
LECTURA-MEDITACION. Apunta a la CABEZA
(conocer-reflexión). Tiende hacia fuera, en una
dimensión horizontal, compartiendo con los otros
aquello que la Palabra nos dice.
CONTEMPLACION. Apunta al
CORAZON hacia dentro, buscando ese
encuentro vital y transformador. Se
destaca la intimidad con el Señor en
una relación de comunión vertical.
ORACION. Se parte del
corazón hacia fuera. Desde
la Palabra, se busca mirar
todo lo que nos rodea. Es el
compromiso con los demás,
es la dimensión horizontal.
ACTUAR. Aquí ya no es cuestión de hablar ni
pensar, sino de hacer y de vivir, de ahí que se apunta
a las MANOS y a los PIES. Es el compromiso vital;
es pensar la Palabra hacia fuera, para hacerla vida.
• La Lectio Divina es un método que favorece
una espiritualidad encarnada, con los pies en
la tierra, viviendo lo que es reflexionado,
buscando ser místicos en acción,
contemplativos activos, personas que tiene el
corazón de Dios y los pies y las manos en la
vida dándole sabor de Cristo a todo lo que se
hace y se vive.
Es un método que
favorece el diálogo
texto-vida, a partir de
una lectura fiel del
texto, favoreciendo una
intimidad
contemplativa en
comunión con las
demás personas en la
misma búsqueda del
Señor.
Es de insistir, los pasos, son
medios, como también toda
la Lectio Divina es medio y
no fin, lo mismo que la
Biblia en sí misma, ella no es
fin, sino medio para el
conocimiento de la
revelación y de la
manifestación del Señor.
El objetivo central de la “lectio divina es que
con la ayuda de la Biblia nosotros podamos
descubrir, asumir y celebrar la Palabra de
Dios que esta en nuestra vida hoy, como
dice el salmo “!Ojalá escuches hoy su voz.
(Sal 98,5).
• Y sigue siendo el objetivo de la “lectio
divina” el mismo de la Biblia: dar “la
sabiduría que lleva a la salvacion mediante la
fe en Cristo Jesús”(2 Tm 3,15) lectura
creyente y orante de la Palabra de Dios
La “lectio divina” une en
si la escucha de la palabra
y la vida de oracion del
cristiano.
IMPORTANCIA
La Pontificia Comisión Bíblica ha definido la
Lectio Divina como: “…una lectura,
individual o comunitaria, de un pasaje más o
menos largo de la Escritura, acogida como
Palabra de Dios, que se desarrolla bajo la
moción del Espíritu en meditación, oración y
contemplación.” defensor, que el Padre les
enviará en mi nombre, les va a enseñar todas
las cosas y les va a recordar todas mis
palabras”(Jn 14,26).
• Conocer
• Amar
• Seguir
JESÚS
RECORDEMOS
PASO UNO: LECTURA
¿QUE DICE EL TEXTO?
Una LECTURA de fe, con
espíritu de discípulo, con
corazón abierto y
disponible, buscando
conocer y profundizar
aquello que el Señor nos
transmite es la base para
cualquier reflexión
bíblica. La LECTURA
atenta y pausada de la
Palabra escrita del Señor,
es la base y el corazón de
la Lectio Divina.
Para nosotros que creemos, nuestro
acercamiento al texto es la de un creyente y un
discípulo, donde más allá de hacer un estudio
detallado del texto, de conocer su estructura
interna, el contexto donde fue generado, la
actitud ante el texto de la Escritura es una
actitud de fe, buscando conocer el mensaje que
transmite para hacerlo vida y asimilarse al
Señor Jesús, de ahí, que nuestra lectura no es
neutra, sino la de un creyente, que encuentra en
ella una revelación del Señor y una propuesta
de vida.
Pero también la LECTURA, es determinante para todo el
método, pues si no se conoce lo que dice y transmite el pasaje,
si no se entiende lo que dice la Escritura, es imposible hacer la
meditación o la contemplación, como tampoco ver el actuar,
aquello que se debe poner en práctica. Para una recta
interpretación es determinante una lectura atenta, detenida y
creyente del texto.
Actitudes y disposiciones para la
lectura:
Existen diversas maneras de leer el
pasaje:
1. Hacerla desde la Biblia y con la Biblia. Si no
se tiene el texto escrito de la Biblia ,será
simplemente imposible hacer la Lectio Divina.
De ahí que el primer paso esposeer una
traducción fiel y actualizada de la Sagrada
Escritura que posibilite conocer fielmente el
texto original y no quedarse en interpretaciones
y menos en adaptaciones, que muchas veces son
manipulaciones del texto. El Señor y quedarse
en su presencia siendo transformado por la
presencia y la acción del Señor.
2. Tener el corazón abierto y disponible para escuchar
al Señor. La lectura es una experiencia de encuentro
con el Señor que nos habla por medio de su Palabra
escrita, que nosotros lo debemos escuchar con
atención, pues es nuestro Dios el que nos está
hablando.
3. Formas de proclamar la Palabra.
Anuncio y proclamación de la Palabra. Una
persona lee (proclama ,transmite) la palabra,
los demás del grupo siguen la lectura desde su
Biblia, escuchando con fe la lectura. Esta es la
manera tradicional como se lee la Biblia en las
celebraciones litúrgicas.
Lectores intercalados. Se le pide a dos
personas que proclamen el texto de la
Escritura de forma alternada y sucesiva.
Por versículos. Es una manera que favorece la
participación de todos los integrantes del grupo,
promoviendo una lectura atenta y dinámica. Es
una forma de implicar y comprometer a los
participantes, para que nadie esté de manera
pasiva como un espectador en la reunión.
Por personajes. Es la mejor manera de leer, si
bien la más difícil, pues requiere el doble de
atención y concentración. Para realizarla, se
distribuye el texto haciendo que una persona haga
de Lector, otra asuma el papel de Jesús, una
tercera o una cuarta el de los otros personajes. Es
una lectura dinámica, que favorece la atención,
donde se puede ver mejor el sentido de la lectura,
pues se identifica quién dice lo que dice y se
caracteriza lo que dice, facilitando así la
comprensión del mismo.
4. Otros recursos para la lectura.
• Recomponer el texto. Es un recurso útil, práctico,
fácil e implicante para la lectura, principalmente en
medios rurales, con campesinos o en las
comunidades barriales, donde no todos tienen el
texto de la Escritura, y en algunos casos tampoco
saben leer. En esas circunstancias se busca hacer
una lectura atenta, las veces que sea necesaria y
posteriormente se le pide a que alguien del grupo,
cuente, relate lo que escuchó, lo más fiel y
estrictamente posible, siguiendo paso a paso el
relato, sin comentarios personales ni agregados, ni
adornos, naturalmente esto con la Biblia cerrada. Es
simplemente recontar aquello que fue escuchado.
• i. Existe la posibilidad de que uno del grupo
recuente, relate aquello que fue leído, y el
grupo va completando lo que no fue dicho.
• ii. También es posible que todo el grupo en
conjunto vayan recomponiendo paso a paso el
contenido de la lectura. De esta manera, es
fundamental el rol del animador, para ir dando
la palabra e ir recomponiendo paso a paso
todo el pasaje.
Lectura en Eco. Es una manera informal de
asumir lo que fue leído, donde cada uno va
repitiendo libre y espontáneamente aquello que
más le tocó y que más le gustó de lo que fue
leído. La mejor manera es repetir la frase, o
versículo más significativo y que el grupo
escuche, pero en algunos casos el grupo repite
aquello que fue compartido.
• Riesgo o cuidado para la LECTURA: El riesgo
de la LECTURA es presuponer que ya se conoce
el pasaje, que ya se lo ha escuchado, cayendo en
la rutina, haciendo una lectura superficial, sin
prestar atención a cada palabra que está escrita,
que en sí es siempre nueva. De ahí, la
importancia de hacer lectura conciente, sabiendo
que aquello que se está leyendo es Palabra de
Dios.
Lectio: «Desconocer la Escritura es
desconocer a Cristo» (San Jerónimo) Se trata,
simplemente, de leer, leer y releer la Biblia
hasta familiarizarnos con ella. La Biblia no es
un libro anticuado e insignificante para
nuestra vida, sino ACTUAL Y
SIGNIFICATIVO. Tiene mucho que decirnos
sobre nosotros mismos, sobre el mundo y
sobre el momento histórico que vivimos. Pero
para descubrir ese nexo entre la Palabra,
escrita hace siglos, y nosotros, es preciso leer
de forma constante y continua, perseverante y
diaria.
PASO DOS:MEDITACION.
¿QUE NOS DICE EL SEÑOR POR
MEDIO DEL TEXTO?
La MEDITACIÓN es adentrarse en el texto, es
profundizarlo, no quedarse en la
información recibida en la lectura, sino ir más
allá, haciendo una relectura atenta, viendo el
sentido del pasaje, buscando el mensaje que
transmite, actualizando ese mensaje a nuestra
realidad personal, comunitaria y social.
Es detenerse en la Palabra, conocerla por
dentro, gustar los detalles Conocerla,
descubrir la voz del Señor en ella. Tener tal
familiaridad con las escrituras que uno vaya
adentrándose en las enseñanzas del Señor
Conociendo su persona y su estilo.
• La MEDITACIÓN es ir más allá de lo que se ha
escuchado en la lectura, es buscar la riqueza que
encierra, es descubrir el mensaje actual, vivo y
comprometedor que el Señor nos transmite por
medio de su Palabra que es siempre viva y eficaz,
que es más tajante que espada de doble filo (Heb
4,12).
• La MEDITACIÓN es una experiencia de escuchar
al Señor que se manifiesta y que se comunica por
medio de la experiencia de los demás del grupo. Es
abrirse a la acción de Dios no solo en su Palabra, que
es siempre eficaz, sino que también se lo busca
encontrar y escuchar en cada persona que participa
de la reunión, sabiendo que el Espíritu Santo actúa en
todos y en cada uno de nosotros.
• La Lectio Divina, no es una oración donde se busque
ponerse todos de acuerdo sobre un punto, es
simplemente compartir aquello que el Señor va
inspirando por medio de su Palabra, de ahí que en la
MEDITACIÓN puede haber diversas opiniones, que
se deben respetar, en ciertos casos aclarar o definir
cosas que no corresponden a la verdad del texto, pero
en general, no es necesario ponerse de acuerdo en lo
que se está compartiendo, es simplemente transmitir
y dar a conocer con sencillez y humildad lo que se
descubre en el texto y como el Señor inspira y toca a
cada uno con esa lectura. El compartir tampoco debe
llevar al debate ni a la discusión, ¡no!, es sólo
comunicarlo que cada uno ve y descubre en el texto
con una actitud de fe.
• La MEDITACIÓN parte del texto, es sobre el texto,
y es a partir del texto, para compartirlo que se ve, se
descubre, se conoce, se siente del texto de la
Escritura. Es imprescindible que el punto de
referencia sea única y exclusivamente el texto de la
Escritura.
• Ahí no es el momento para hacer comentarios
paralelos sobre otros temas, sino que todo debe girar
en torno a la Escritura. El espíritu y el clima de la
MEDITACIÓN debe ser la participación y el mutuo
enriquecimiento, es un buscar en grupo lo que el
Señor nos transmite por medio de su Palabra.
• Se parte de una pregunta ingenua, como “¿Qué me
llama la atención en este pasaje?” Pregunta que
busca romper el hielo, promover la participación de
todos, que comiencen a hablar, que tengan confianza
a compartir lo que el texto les inspira.
?
• A partir de ese momento se va profundizando más y
más en el texto, y aquí ya entra en juego la capacidad
del grupo. Pero de cualquier manera se debe buscar ir
a lo esencial, es decir al mensaje que el texto
transmite, aquello que el Señor ha querido dejarnos,
sus enseñanzas. Este mensaje puede tener diferentes
aspectos, cada uno lo expresa de acuerdo al momento
que está viviendo.
• Sugerimos algunas preguntas generadoras y
motivadoras, para ayudar a leer entre líneas lo
que el escritor sagrado ha querido
transmitimos. Esta reflexión pretende ver la
riqueza del texto y buscar entre todos él
mensaje y la actualidad de dichas enseñanzas
para nosotros hoy, aquí y ahora. Lo principal
es centrarse en Jesús, o en el Espíritu Santo y
así indirectamente a Dios que actúa en y por
medio de ellos.
Meditatio: «María custodiaba estas cosas
rumiándolas en su corazón» (Lc 2,19)
Tras responder a la pregunta ¿qué dice el texto?, ahora
abordamos otra cuestión: ¿qué me dice el texto a
mí, a nosotros? Se trata de actualizar el mensaje y
entrar en diálogo con el Dios que nos habla, en él,
aquí y ahora.
CÓMO HACER LA MEDITACIÓN.
PREGUNTAS. Algunos materiales que siguen la
metodología de la Lectio Divina, facilitan algunas
preguntas sencillas que buscan llamar la atención del
lector a algunos aspectos significativos que tiene el
texto
Estas preguntas buscan favorecer la
comunicación y el compartir en grupo,
buscando que cada uno transmita aquello que
descubre en la Palabra, lo que conoce de ella o
lo que ve como novedad. Esas preguntas son
graduales, pues se parte de una muy sencilla e
ingenua, para ir tratando gradualmente en texto
en sí mismo, profundizando versículos o
palabras. En sí las preguntas son un medio
para el diálogo, un instrumento para el
compartir.
• Ver los VERBOS. Una manera un poco más
complicada pero también muy rica es ver los
verbos del relato, viendo si están en presente,
en futuro, en pasado. Teniendo en cuenta lo
que significan y lo que quieren decir con eso.
• El relato. Existen
métodos de lectura
que se detienen en ver
el cuándo, el dónde ,el
quién y el cómo del
relato, en vista al para
qué. Son métodos de
lectura que dan mucha
atención al rol de los
personajes, viendo lo
que dicen y lo que
quieren decir, en vista
al sentido del mismo.
• Independiente del cómo se haga la
MEDITACIÓN, es imprescindible
que siempre esa reflexión termine
con una alusión a nuestra realidad
actual, a nuestro hoy, aquí y ahora,
aplicando ese pasaje y ese mensaje a
nuestra realidad cotidiana, que ella
nos haga pensar en la manera cómo
estamos asumiendo esa Palabra en
nuestra vida y lo que estamos
haciendo al respecto.
• De ahí, que al
finalizar la
MEDITACIÓN
siempre es bueno
preguntarse: ¿…y
a nosotros (mejor:
a mí) qué nos dice
este pasaje, a qué
nos compromete
y cómo nos
interpela?
• Riesgo en la MEDITACIÓN: Un riesgo
siempre actual es querer manipular la Palabra,
hacerla decir lo que uno quiere oír o lo que le
interesa, tergiversando el sentido propio y
original del texto. Es ahí, donde la comunidad
o el grupo manifiesta el sensus ecclesie, el
sentir de la Iglesia, dando a conocer aquello
que hace parte de la propia fe que se
desprende de una lectura fiel de la Palabra.
• Por otro lado existe el riego de que una o dos
personas monopolicen y acaparen la reunión,
haciendo de ella no una oración sino una
charla o una clase. En esos casos el animador
del grupo está obligado a dar la palabra a
otros. En la MEDITACIÓN debe primar el
sentido común, la caridad y la solidaridad,
dando espacio para que todos participen y
haya un mutuo enriquecimiento.
• PASO TRES :
CONTEMPLACION.
¿Qué ME HACE DECIRLE AL
SEÑOR?
Contemplatio:
|
«Y miró Dios a los hijos de Israel y conoció...
"Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo
en Egipto. He escuchado y he bajado para
librarle"» (Éx 2,25; 3,7-8)
Es interiorizar el pasaje, no quedarse en el
conocimiento ni en la información. Se trata de
dar un paso más, es buscar que el texto sea
trampolín para el encuentro con el Señor;
buscar al Señor a través del texto. Es
compartir con el Señor, que nos habla por
medio de su Palabra, lo que ella ha suscitado
en mí, lo que me ha tocado; es hablarle al
Señor de lo que he descubierto, de lo que me
ha impresionado, de lo que Él me ha inspirado
• Es la oración totalmente gratuita,
desinteresada, donde simplemente buscamos
conocer al Señor y estar con él, mirándolo,
aprendiendo su estilo, su manera de ver las
cosas, de actuar. Lo miramos para imitarlo,
para vivir como él lo hizo, para ser como Él.
En la contemplación todo es gracia, pura
gratuidad. Aquí simplemente como Samuel
debemos decirle: “Habla, Señor que tu siervo
escucha”.
• Por otro lado la contemplación es la
oportunidad para dejarse deslumbrar,
maravillarse y fascinarse por la
revelación y manifestación de Dios. Si
en los otros pasos no habían reglas;
aquí menos, ya que entramos en el
mundo de Dios, donde Él se revela y se
manifiesta como o y cuando quiere, de
ahí que es imprescindible que tengamos
una
actitud
de
docilidad,
de
disponibilidad y apertura a la acción del
Espíritu Santo en nuestra vida por
medio de la Palabra.
La CONTEMPLACIÓN es anticipo de
la eternidad, pues según Jn 17, 3 “…la
vida eterna es que te conozcan a ti,
Padre eterno y a tu enviado…”. Es esto
lo que se busca en la contemplación
conocer en profundidad a Aquel que da
sentido a todo lo que creemos, a nuestro
Dios, que es Uno y Trino.
Para la CONTEMPLACIÓN no es suficiente ser
inteligente, sino que se necesita ser una persona con
sed de Dios, con ganas de conocerlo y amarlo, de
buscarlo y encontrarlo. De ahí que la
CONTEMPLACIÓN lleve a ese encuentro personal
y dialogal con el Señor, es adentrarse en el texto
llegando al corazón del Señor.
Si bien el contenido de la contemplación es lo
leído y reflexionado, pueden existir algunas
técnicas para favorecer este encuentro, como
son:
• Usar la imaginación.
• Interrogar.
• Colocarse en la Palabra.
Usar la imaginación. Visualizar el pasaje,
adentrarse en la escena, ser uno más, y ahí ver
lo que sucede, tener en cuenta a los que
participan de la escena, mirarles a los ojos,
escuchar lo que dicen, ver la reacción que
tienen, lo que sienten. Después de todo eso
siempre, absolutamente siempre detenerse y
fijarse
en
Jesús,
buscar
conocerlo
interiormente, deleitarse y fascinarse en su
persona, en sus gestos, en sus palabras,
simplemente conocerlo interiormente.
Interrogar. Después de haber participado de
la escena, de haberle mirado a Jesús en los
ojos, de haberle escuchado, buscar conocerlo
más profundamente; entonces interrogarlo en
el por qué hizo lo que hizo o dijo lo que dijo,
ir más allá del gesto o de las palabras, ir a las
motivaciones, a sus intenciones más
profundas. Interrogar, pero a su vez callar,
escuchar, dar tiempo a la respuesta, para
escuchar la voz del Señor que habla en el
fondo del alma.
Colocarse en la Palabra. La palabra escrita
es también para mí, no solo para conocerla,
sino que ella debe decirle algo a mi vida.
Debo colocarme ante esa Palabra para que ella
me cuestione, me interpele, me ayude a
conocerme más y ver si estoy viviendo lo que
el Señor quiere y espera de mí.
• Para la contemplación es fundamental el
silencio, el dar tiempo para que el Señor actúe
y deje oír su voz en el corazón. Esto es
imprescindible. Pero para cuando se hace la
contemplación en grupos, ofrecemos dichas
pistas, que pueden favorecer ese encuentro
con el Señor; ellas son como modelos, para
que cada uno le diga al Señor lo que está
sintiendo, lo que está viviendo, lo que esa
Palabra ha inspirado en cada uno.
Riesgo: En la CONTEMPLACIÓN el riesgo
es mínimo, pues ahí no existe la manera de
conocer si hubo o no encuentro. La
CONTEMPLACIÓN es la oración más pura y
profunda, allí cada uno se relaciona con el
Señor de acuerdo a su propio crecimiento
espiritual y a la respuesta y docilidad a la
gracia.
Usar la imaginación
Técnicas
Interrogar
Colocarse en la palabra
• En este momento
especialmente dedicado a
la oración, el creyente
responde a Dios, movido
por el Espíritu. Puede
hacerlo valiéndose de los
salmos (como hizo el
mismo Jesús), de oraciones
ya existentes, de cantos o
de palabras brotadas
espontáneamente de sus
labios al hilo de la
experiencia.
pero se coloca este paso que se le llama
ORACIÓN, buscando que esa palabra que fue
leída y conocida en la LECTURA, que fue
profundizada y reflexionada en la
MEDITACIÓN, que sirve de medio para el
encuentro de corazón a corazón con el Señor
en la CONTEMPLACIÓN, ahora se pretende
iluminar nuestra vida personal o comunitaria a
la luz de esa Palabra pidiendo la gracia para
vivirla, o agradeciendo por el don que ella
significa, o alabando al Señor por lo que ha
implicado su revelación o su persona.
La lectura nos ayuda a conocer lo que el Señor
nos transmite, la meditación nos ayudó a
profundizar en el sentido de todas esas
enseñanzas; la contemplación nos ayudó a
relacionarnos con el Señor; ahora en la
oración buscamos que eso que hemos
reflexionado sea aplicado a nuestra vida, para
que esa palabra reflexionada ilumine la
realidad que estamos viviendo; de ahí la
necesidad de confrontar lo que se está
viviendo con aquello que el Señor nos
transmite en su Palabra
La ORACIÓN es un recurso que se propone
para que a partir de la Palabra se aplique el
mensaje que ella transmite a nuestra realidad,
buscando identificarnos con el mensaje que
transmite y comunica.
Como toda oración y todo encuentro, en sí no
hay reglas ni normas fijas. En este paso de la
ORACIÓN cada uno, a partir del texto leído,
meditado y le pide, o le agradece al Señor por
lo que crea más conveniente. Es actualizar esa
Palabra en nuestra vida actual.
En sí, no hay oraciones preestablecidas, sino que cada
uno debe colocarse delante de la Palabra y llevar
consigo todo lo que está viviendo para que el Señor
actúe en todos aquellos que nos rodean. Hablarle al
Señor de uno mismo, o de la comunidad, o del
barrio, o de la sociedad o de aquello que está
sucediendo; dejar que la Palabra diga algo a nuestro
hoy, aquí y ahora.
Que esa Palabra tenga algo que decir a lo que
estamos viviendo.
¿Qué le digo (le decimos) al Señor
motivado(s) por su Palabra? Orar la
Palabra…para dialogar con Dios y celebrar
nuestra fe en familia o comunidad.
Riesgo: Es el divague, es no
aplicar la Palabra a la propia
vida, a la familia o a la
comunidad. El peligro de la
ORACIÓN es hacer oraciones
tan generales y sobre
cualquier cosa, que se
aplicarían muy bien a
cualquier texto. En cambio
aquí lo que se busca es que
ese texto reflexionado diga
algo a la realidad que estamos
viviendo.
PASO CINCO:
ACTUAR
¿QUE VA A CAMBIAR EN MÌ?
Después de haber leído, reflexionado,
comentado, contemplado, rezado la Palabra
del Señor, yo no puedo seguir siendo el
mismo, algo debe cambiar en mi vida. Si de
verdad hubo encuentro y si de verdad esa
Palabra caló hondo en mí, algo debo hacer
para que esa Palabra se haga vida en mi vida,
debo buscar adherirme a esas enseñanzas,
buscar responderle al Señor con mis actitudes
y mi vida, dejarme transformar por la acción
del Espíritu Santo, haciendo vida lo que
hemos reflexionado, es el compromiso
concreto, la búsqueda práctica de vivir lo que
el Señor nos ha trasmitido, para que mi vida se
corresponda con el proyecto del Señor.
Siempre es bueno recordar que la Palabra del
Señor no es solo para ser conocida, sino que
ella debe ser hecha vida (Mt 7,21), y debe ser
el fundamento de nuestras actitudes y de
nuestros gestos (Mt 7,24-27), porque son
bienaventurados: “…lo que escuchan la
Palabra y la ponen en práctica…” (Lc 11,28).
Esto es el fundamento del quinto paso de la
Lectio Divina, el ACTUAR, el vivir, el hacer
vida aquello que fue reflexionado y rezado.
La Palabra del Señor es una propuesta de vida,
es un estilo de vida, una manera de vivir la
vida, pero no es información, sino Buena
Nueva, ella es para ser asumida y vivida.
• De ahí la necesidad de iluminar la propia vida
con esa Palabra y ver de qué manera uno se
está identificando y asumiendo ese estilo de
vida.
• Es en este sentido donde el Actuar es un
mirarse a uno mismo y sincerarse a sí mismo,
viendo dónde uno está parado y a la luz de eso
ver qué se puede hacer para hacer vida ese
proyecto que el Señor nos deja en su Palabra.
El ACTUAR es un mirarse a uno mismo, es
buscar las actitudes y la manera de vivir el
mensaje que se ha encontrado y que es
propuesta para mi, hoy, aquí y ahora.
Riesgo:
El riesgo en el ACTUAR es que las personas no
apliquen el texto a su vida, sino que lo apliquen a la
vida de los demás, dando recetas para todos, menos
para sí mismas .
A su vez es bueno recordar que en el mundo de la
vida espiritual todo es gracia y don, y ahí es el Señor
quien actúa y se manifiesta y que nosotros apenas
somos receptores de su amor, siendo así tener
cuidado para no caer en un voluntarismo e
individualismo obsesivo, donde uno dice: voy a
hacer y lo voy a hacer, porque yo quiero...
... Eso no, en cambio, sí es importante escuchar
aquello que el Señor está iluminando e
inspirando por medio de su Palabra, escuchar
y ver su voluntad por medio del texto que se
está reflexionando
LA "LECTIO DIVINA EN LA
ESCUELA DE ORACIÓN DE MARÍA
"Tomad con confianza entre
las manos el rosario,
descubriéndolo de nuevo a la
luz de la Escritura,
en armonía con la Liturgia y
en el contexto de la vida
cotidiana"
(Juan Pablo II)
Una palabra inicial sobre el santo Rosario
El rosario tiene su origen' en la edad media,
cuando la oración de la liturgia de las horas
fue sustituida por esta otra oración que podía
estar más fácilmente en las manos de todo el
pueblo. Fue manera concreta que la Iglesia
descubrió para que todos pudiéramos orar
nuestro caminar histórico en comunión con
María y al ritmo de la Palabra de Dios.
El rosario es una adaptación occidental de una
manera de orar oriental. La llamada "oración
de Jesús", que conocemos por el relato del
peregrino ruso, que consistía en repetir
litánicamente "Jesús, hijo de David, te
misericordia de mí" (eco de la oración Jericó
en Lc 18,38), fue asumida de forma creativa
en el Ave María, acompañada por el Padre
Nuestro y el Gloria.
El rosario abrevia lo esencial
del evangelio y lo coloca bien
hondo de nosotros, hasta que en
el corazón se sienta el eco de la
Buena Nueva de Dios. Es como
una semilla que se coloca en el
surco y germina, crece, madura,
hasta que da frutos de vida: los
frutos del Reino.
El rosario es una oración que no se limita a la
simple repetición, como si estuviera carente de
creatividad, es más bien como una rueda de molino
de agua, que en cada movimiento siempre hace algo
nuevo.
El rosario es como es como la concha marina que
retorna en si el eco de todo el canto del mar. Nunca
nos cansamos de oído cuando la colocamos en
nuestros oídos.
El rosario es como la corona de flores que los
príncipes colocaban sobre la frente de sus
amadas. Cada rosa y cada gesto era una bella
poesía de amor.
Es así como nosotros tomamos ese rosario -o
corona de rosas- para venir al encuentro de Jesús
y María, en el amor de la Trinidad.
Por eso Pablo VI decía que "si el rosario no es una
oración contemplativa, es un cuerpo sin alma, un
cadáver" (Marialis Cultus, 47). De ahí, que orar con
el rosario sea mucho más de lo que parece a primera
vista. Lo importante del rosario es que limitando la
oración a pocas palabras, repetidas lentamente, el
corazón va absorbiendo en su interior la luz de Dios
que brilló en María y somos así conducidos a la y al
servicio al mundo que la caracterizó.
El rosario, en síntesis, se centra en la contemplación
del evangelio en comunión con aquella que
meditaba todas estas cosas meditándolas en su
corazón (Lucas 2,19). En cada decena del rosario
reposamos amorosamente las agitaciones de nuestra
respiración, hasta que se suscite en nuestro corazón
orante una dinámica interior que remueva nuestra
vida de sus inercias y nos ponga a volar alto en las
profundidades de Dios.
El "Ave María como escuela de oración que
acompaña el ejercicio espiritual de la Lectio
Divina
El "Ave María" es una escuela de oración
bíblica. Si tomamos conciencia del valor de
cada una de sus palabras, nuestra oración
crecerá más por las rutas del Espíritu.
No necesitamos una palabra que sirva de
"manantial" inicial, porque ésta ya fue dada en
el "Padre Nuestro" con el grito "Abbá", la cual
permanece en el horizonte de toda oración
cristiana. Con el "Ave María" lo que hacemos
es una profundización. '
Así como el "Padre Nuestro", el "Ave María",
tiene dos movimientos que reproducen el
palpitar el corazón, el doble movimiento
oracional de la alabanza y de la súplica.
El primer movimiento es de alabanza y
comienza con el "Dios te salve María". El
segundo movimiento es de súplica y comienza
con el "Santa María, Madre de Dios".
Lo más bello es que mientras nos dirigimos a
María en alabanza y súplica, al mismo tiempo,
junto con ella nos dirigimos a Jesús, quien es
el motivo de nuestra alabanza y el fundamento
de toda invocación. Revivimos con María los
misterios salvíficos de su Hijo y con ella los
meditamos en nuestro corazón.
Al mismo tiempo, junto con ella, podemos pedir
juntos la intervención del Señor por una
necesidad particular.
Es interesante: se trata de un ejercicio espiritual
tremendo. Con este tipo de oración tan
privilegiado, nuestro corazón vive una triple
atención: a María, a Jesús y a las necesidades
actuales de la gente.
Recemos ahora, muy despacio, un "Ave María"
para que le saquemos el gusto y hagamos
escuela de oración en la cual acogemos el don
de la Palabra (=la contemplación del
Evangelio recogido en los misterios del
Rosario).
1. Primer movimiento: la alabanza
1.1. El saludo del Ángel: La voz del cielo
"Dios te salve María, llena eres de gracia, el
Señor está contigo"
"Alégrate María" (Lucas 1,28). El saludo del
ángel abre la oración. Es Dios mismo quien
toma la iniciativa y esa iniciativa es una
proclamación de la alegría.
• El panorama que se abre ante el rezo del A ve
María es positivo, es el gozo de Dios que se le
comunicó a María y que Jesús, en su Buena
Nueva, le sigue comunicando a todo hombre.
Es la alegría de la vida nueva, de la criatura
que salta de felicidad en los brazos de su Dios,
con la conciencia de saberse creada, valorada,
acogida.
Al retomar el saludo a María con la misma
mirada con que Dios se dirigió a su humilde
sierva, redescubrimos la alegría que está en el
corazón de Dios y que se desveló a la
humanidad cuando por medio del ángel
expresó la alegría que María le hacía sentir.
En María está la humanidad entera con sus
búsquedas y sus dolores. "Alégrate
humanidad" porque Dios no se ha olvidado de
ti, él está ahí como poderoso salvador.
"Alégrate humanidad" porque tú eres el gozo
de Dios.
"Llena de gracia..."
Es una declaración de amor. Quiere decir: Tú
eres la perfectamente amada, porque eres
amada por el amor perfecto de Dios, cuyo
amor no conoce traiciones ni mediocridades.
El secreto de María es el amor. El amor es un
fuego que se enciende en el corazón gracias a
la chispa del amor primero y contundente de
Dios.
El secreto de María es el amor: no sólo es amada
sino también amante porque está
completamente entregada a 'Aquel que toma
cuerpo en sus entrañas y a quien ella entregará
amorosamente al mundo.
Cada vez que rezamos el Ave María, tomamos
conciencia: "Dios me ama" y en ese amor
recibido en el corazón encuentra un impulso
grande de entrega y de oblación.
El Señor está contigo..."
Esta expresión clarifica la anterior. María es llena de
gracia porque el Señor está con ella. Dios se percibe
como presencia viviente. Dios está presente en su
vida, no la abandona ni un instante, es fiel. La gracia
de la que María está colmada es esta presencia de
aquel que es la fuente de toda gracia.
En María Dios le dice a todos sus pequeñitos: no estás
abandonado. Y o estoy contigo, tú eres mío, yo
estoy de parte, estoy aquí para ayudarte.
Cada vez que rezamos el Ave María, tomamos
conciencia: "el Señor está aquí conmigo".
Ya podemos decir, muy despacio,
concientemente, dejando que entre en nuestro
corazón una luz de esperanza: "Alégrate
María, llena eres de gracia, el Señor está
contigo" (Lucas 1,28).
Así, las tres primeras frases del Ave María, que
retornan las palabras del ángel Gabriel, tienen
también el sabor festivo y esperanzador de la
profecía de Sofonías 3,14.173: "Alégrate...
Hija de Jerusalén... El señor" está "en
medio de ti".
María, en quien el mismo Señor viene a habitar, es la
personificación de la Hija de Sión, del Arca de la
Alianza, el lugar donde habita la Gloria del Señor.
Ella es, como dice el Apocalipsis, "la morada de
Dios entre los hombres" (21,3). Ya la luz de'este
misterio de María comprendemos mejor el nuestro
porque se nos revela el sentido de nuestra vida, de
nuestra vocación en el mundo.
1.2. El saludo de Isabel: la voz de la
humanidad llena del Espíritu Santo
"Bendita tú eres entre todas la mujeres y
bendito es el fruto de tu viente"
La felicitación de Isabel proviene
de un impulso profundo de
alegría. No sólo es el gozo de
María, es también el gozo del
orante que comprende el
misterio de María. Pero en lugar
de decir algo sobre sí misma,
como por ejemplo: me siento
inmensamente feliz, más bien le
dice a María quién es ella. Isabel
es la primera de una larga serie
de generaciones que llaman a
María "Bienaventurada":
Así contemplamos a Jesús en María, quien es la
causa de su bendición, y también
contemplamos a María en Jesús: el fruto de
sus entrañas le da sentido a su vida entera.
2. Segundo movimiento: la súplica
Después de las palabras del Ángel y las palabras
de Isabel, vienen nuestras propias
palabras. Son palabras de reconocimiento de lo
que María es para nosotros y de lo que
nosotros somos para ella.
"Santa María, Madre de Dios..."
y porque es nuestra Madre le hablamos
contándole nuestras penas, le confiamos todas
nuestras preocupaciones y nuestras
imploraciones. En el corazón materno de
María descubrimos el misterio de la
intercesión: una verdadera madre siempre
lleva en su corazón las angustias, las tristezas,
las búsquedas y los gozos de sus hijos.
María ora por nosotros así como lo hizo por sí
misma cuando dijo el fiat: "Haz en mí lo que
has dicho”: (1,38). Apoyándonos en la
oración de nuestra madre del cielo, con ella
nos abandonamos con paz y sin resi'stencias
en el corazón de Dios para hacer su querer:
"hágase tu voluntad".
Pero precisamente porque no conseguimos
caminar siempre al ritmo del querer de Dios,
es que nos reconocemos distantes de Dios y
nos declaramos pecadores.
"Ruega por nosotros, pecadores..l "
Es una oración cargada de esperanza, de una
gran ilusión. Es con esta actitud de humildad
que ha aprendido a acercarse a ella nuestro
pueblo.
Apoyados en la intercesión de
María, no nos sentimos solos, ni
incapaces. Si nos reconocemos
pobres pecadores es que porque
tenemos la certeza firme de
María, quien es "Madre de
misericordia", nos pondrá en
sintonía con la misericordia de
Dios que nos obtuvo el perdón
en la sangre del cordero
inmolado por amor, cuya
entrega cubrió todos nuestros
pecados.
"Ahora y en la hora de nuestra muerte"
Todos los instantes de nuestra vida están puestos
en la oración de María, quien nos asocia a su
contemplación de Jesús y en comunión con
ella nos impulsa para caminar como discípulos
fieles, en la obediencia a la Palabra, en pos del
Maestro.
Nos entregamos a María "ahora", en el hoy de
nuestra existencia. Y nuestra confianza se
dilata para ofrecemos eucadsticamente junto
con ella y desde ahora, "en la hora de nuestra
muerte" .
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