Posconflicto y Fuerzas Militares
Francisco Leal Buitrago
Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, 12 de diciembre de 2014
Partes de la presentación:
1.
Acontecimientos históricos que han afectado al país, en
especial a la Fuerza Pública.
1.
Aspectos que condicionan de manera permanente a las
Fuerzas Militares. Son supuestos que no se cuestionan y
tienen consecuencias negativas.
2.
Cambios que convendría hacer en la Fuerza Pública, una
vez terminado el conflicto armado interno.
PRIMERA PARTE
- “La Violencia”: (1946 – 1965): Modernización capitalista.
- Surgimiento de la subversión guerrillera: “enemigo interno”.
-Deficientes decisiones políticas de los gobiernos y carencia de
políticas sociales: Ineficacia militar contra las guerrillas.
-Surgimiento del paramilitarismo: Iniciativa de latifundistas con
apoyo militar.
-Autonomía paramilitar: Por respaldo de políticos regionales y
expansión del narcotráfico.
-Procesos de paz: Iniciados en 1982, con poco éxito:
Fortalecimiento de la subversión con efecto negativo en los
militares.
Mayor involucramiento de Estados Unidos en la política
colombiana, motivado por la política prohibicionista de ese país
contra las drogas: “Plan Colombia” con efectos ambivalentes:
Positiva reforma militar para la guerra irregular, pero estímulo a
decisiones políticas internas condicionadas por gobiernos de E.U.
Situación que desembocó en el gobierno de Álvaro Uribe:
Desconoció conflicto armado interno: Amenaza terrorista //
Indujo en la opinión pública un odio visceral contra las FARC:
Promesa presidencial de exterminarlas.
Uribe no acabó con las Farc, pero su política le sirvió para su
reelección presidencial.
Inexequibilidad de la segunda reelección de Uribe por parte de la
Corte Constitucional. Pero sus 8 años de gobierno y el intento de
introducir el caudillismo en un país sin este fenómeno político,
provocó la polarización de la opinión pública con mayorías a su
favor y cautivó a los militares.
Esta situación indujo al gobierno de J. M. Santos a gobernar bajo
la sombra de Uribe, en medio de las negociaciones en La Habana.
Peligroso juego soterrado de sectores militares que apoyan la
agresiva política uribista y del “Centro Democrático” en contra
del proceso de paz.
- Ministro J.C. Pinzón: Amortiguador ambivalente frente a Uribe.
- Rechazo del Gobierno a un cese bilateral del fuego con las Farc.
Violencia a lo largo de la vida republicana del país: No hay un
Estado Moderno: No hay monopolio legítimo del uso de las
armas: La Fuerza Pública siempre ha competido con grupos
armados internos de carácter privado.
Aunque el Estado se modernizó y creció en tamaño y recursos a
partir del Frente Nacional (1958–1974), no se ha fortalecido en
términos políticos: círculo vicioso.
Los conflictos armados entre países han disminuido: Naciones
Unidas y diplomacia. En los Estados modernos los militares son
parte del Estado y último recurso para resolver conflictos.
SEGUNDA PARTE
EFECTOS IDEOLOGICOS CUASIESTRUCTURALES EN LA
MENTALIDAD MILITAR
Visión militar a través de la lente amigo–enemigo: Un enemigo
virtual permanente. // Bandos antagónicos constantes en toda
situación de la vida militar: Es un ambiente bélico definido como
de guerras:
-“Guerra política”: Escudriñan toda decisión de política pública.
-“Guerra jurídica”: Tendencia a ver inclinación contra militares.
-“Guerra mediática”: Ven opiniones críticas como de izquierda.
- “Guerra no armada”: Escenario mental bélico permanente.
“Guerra de organizaciones”: bando contrario (¿el enemigo?) vs. el
propio. Ejemplo: Consejo Nacional de Paz (Ley 434 de 1998,
durante gobierno Samper), revivido por el gobierno de Santos:
Tendencia a ver las ONG como de ideología comunista.
Inteligencia militar: Sector poco controlado. Ejemplo:
contradicciones de sectores oficiales en caso “Andrómeda.
“Guerra de inteligencia estratégica”: amigos (instituciones
propias) vs. enemigos (las demás).
“Construcción de la defensa prospectiva”: ¿futuro incierto con los
actores actuales?
En la historia republicana del país, la política ha estado mediada
por la violencia. La política ha sido el factor de reproducción de la
violencia organizada. Hay que terminar con esta mediación
fortaleciendo el Estado en términos políticos: Monopolio del uso
legítimo de la fuerza: Primer paso: acabar con la violencia
política.
Las demás violencias organizadas pueden eliminarse luego con
menos problemas: No tienen ese factor constante de reproducción.
Pero no es posible eliminar la política, pues es resultado de las
desigualdades sociales en la historia de la humanidad. Ellas se
pueden –y se deben– disminuir, pero es imposible acabarlas.
TERCERA PARTE
POSCONFLICTO Y FUERZA PUBLICA
Gasto militar: ascenso progresivo desde el gobierno de
Samper (1994–1998).
Según Mindefensa: 2.8% del PIB en 1994 -- 5.2% del PIB en
2009.
Efectivos de la Fuerza Pública (gobierno de Álvaro Uribe V.):
- 2002: 313.406 (203.283 FF.MM. y 110.123 Policía
Nacional).
- 2010: 426.014 (267.629 FF.MM. y 158.385 Policía
Nacional).
Informe de 2014 de SIPRI (Instituto Internacional de
Estudios para la Paz de Estocolmo):
-Gasto militar en 2004: 10.6 billones de pesos.
- Gasto militar en 2012: Poco más de 21 billones de pesos.
-Gasto militar en 2013: 24 billones de pesos.
Colombia es el país de la región que destina más dinero al sector
militar como % del PIB, seguido por Chile, Ecuador, Brasil,
Venezuela y Uruguay.
Incluye: Compras e inversiones en Fuerzas Armadas, agencias
gubernamentales de defensa, entrenamiento y equipos para
operaciones militares, pensiones y seguridad social a miembros
activos y en retiro y sus familias, mantenimiento de equipos,
construcciones e investigaciones militares y servicios médicos.
Las guerrillas de las Farc y el ELN cuentan hoy con el menor
número de efectivos en las dos últimas décadas.
Para combatirlas no se requiere del aparataje militar que surgió a
partir de la reforma militar adelantada durante el gobierno de
Pastrana. Tampoco, de ajustes estratégicos, ni incremento de
recompensas por información y dádivas por deserciones, como
ocurrió hace algunos años.
Una situación de posconflicto requiere reducción de las finanzas y
efectivos de las Fuerzas Militares y abolición del servicio militar
obligatorio. Pero, con sólo mencionarlo, aparecen variadas y
enconadas resistencias, que tal vez se moderarían si las
negociaciones culminan de manera exitosa.
La resistencia más vociferante es la promovida por militares de
la reserva activa –o en retiro–, alborotados por el radicalismo
“uribista”. También hay resistencias soterradas y un “juego sucio”
de los servicios de inteligencia militar con la “filtración” de
información, además de la ideología del “espíritu de cuerpo”, de
naturaleza conservadora en cualquier ejército. Además de la
polarización de la opinión pública alimentada por el gobierno de
Uribe y ahora por el Senador y su partido político.
La ubicación tradicional de la ideología política del país hacia la
derecha se ha inclinado aún más en los últimos años.
Con prolongación del conflicto armado: más complicado someter
rezagos de “paras” y guerrillas, además de bandas de narcotráfico,
minería ilegal, clientelismo y corrupción. También, más difícil la
solución de la inseguridad ciudadana.
Si se llega a solución negociada del conflicto: Diseño de estrategias
donde componente represivo sea uno entre varios. La Policía: Papel
acode con su naturaleza cívica y urbana. Los militares: Evaluación
de funciones en una nueva situación, además de mantener la
seguridad hacia el exterior. Pero hoy las amenazas son difusas y
trasnacionales: Difíciles de ubicar en un plano nacional. La
disminución de efectivos militares sería pausada, a medida que se
acabe con las bandas organizadas: Operaciones coordinadas entre
militares y policías.
El problema de la Policía Nacional es distinto. No cuenta con
capacidad suficiente para garantizar seguridad ciudadana.
Requeriría aumento del pie de fuerza, pero no de cualquier manera.
En posconflicto subsistiría la delincuencia organizada: Rediseño de
Escuadrones Móviles de Carabineros, con apoyo de FF.MM.
Lastre de la Policía Nacional: militarización: Impide su identidad
de acuerdo con la Constitución: Cuerpo armado civil. También es
una “rueda suelta” que depende del ministro de Defensa (no del
Ministerio de Defensa): Debería adscribirse al Ministerio del
Interior para redefinir funciones sin interferencias militares.
Ministerio del Interior (de la política): Débil políticamente.
Reformas necesarias para fortalecerlo: Incluyen la adscripción de
la Policía y la articulación con niveles regionales (gobernaciones)
y locales (alcaldías e inspecciones de policía).
Gobierno Nacional: Política unificadora para evitar colapso en
refrendación de acuerdos. Debe incluir también medios de
comunicación y redes sociales.
CONCLUSIONES
Fuerzas Militares: Problema central para cambios necesarios en la
Fuerza Pública en situación de posconflicto. Un proceso largo y
complejo de solución. Gobierno nacional debe abandonar sus
ambivalencias, para definir un norte frente a la opinión pública y
orientar a la Fuerza Pública para contrarrestar prevenciones.
Recordar inicio de transformaciones en el entorno militar mundial:
cambios estratégicos, crecimiento de población y urbanización
acelerada, globalización y realce de la diplomacia. Funciones
militares alternativas: Ej. defensa de la naturaleza. Redefinición de
la “defensa nacional”. Sin violencia política los cambios serían
sosegados para la Fuerza Pública.
Todos los problemas mencionados son de carácter político y su
tratamiento debería ser de su misma esencia.
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