El Caballo de la Luna
Un cuento en Navidad
© José Antonio Prades
El Caballo de la Luna
Marito inventaba historias sin parar,
como la de la cueva de la sierra,
donde lloraba un buitre gigante porque había
crecido tanto que no podía regresar al nido,
o como la de la flor naranja,
que todas las primaveras nacía gigante
para esconder a los jabalíes
de las postas de los cazadores,
o como la de la oveja linda,
la de la lana arco iris por tanto mirar al sol
mientras lloraba suplicando
que no la esquilaran ese verano.
El Caballo de la Luna
Marito inventaba tales historias
que doña doña Luz, la maestra,
le castigó a escribir cien veces
“seré prudente y sólo contaré historias a
quien las sepa entender”,
pobre Marito,
que tardó cien días en acabarlas
porque a cada frase
añadía versos desconocidos
y decía que el salvador se los revelaba,
y doña Luz, perpleja, pues creía,
le preguntaba que quién era el salvador.
El Caballo de la Luna
Marito callaba, y don Patricio, el alcalde,
le rogaba que,
por favor, cuéntame lo del salvador,
pero Marito callaba
porque esta vez la historia no era suya,
y Marito dejó entonces de contar historias y
deambuló con la vista
quién sabe si hacia el cielo o hacia las nubes,
y un día frío de diciembre regresó a su casa
para despedirse de su madre,
partió por el camino de Torre Los Negros
y desapareció,
El Caballo de la Luna
y toda la gente se puso a buscarlo,
organizaron batidas alrededor del pueblo,
y pasaron más de cuatro días sin noticias,
pero nadie le encontró,
apareció el quinto día, de madrugada,
y entró en casa
y su madre le regañó como buena madre,
y le abrazó llorando por dentro,
y Marito preguntó por don Patricio
y su madre le dijo
que andaba buscándolo por la sierra,
y Marito salió y lo vio con su grupo de cinco,
El Caballo de la Luna
y le gritó, ¡don Patricio!,
y el alcalde se volvió,
se pellizcó y exclamó,
¡milagro, milagro,
es un don de los dioses, ha aparecido!,
y Marito, desde la altura,
con el grupo arrodillado ante él,
dijo a don Patricio
que los milagros eran de Dios
y que dejara de hacer el imbécil,
que había llegado al pueblo hacía una hora
y que quería hablar con él.
El Caballo de la Luna
Entraron al horno viejo
y Marito se sentó en los tablones altos
y le habló del caballo blanco
que surcaba los cielos en Navidad
derramando sueños felices hacia la tierra,
y don Patricio
no acertaba a escuchar o a insultar,
y Marito continuaba,
que el caballo blanco ha elegido este pueblo
para culminar su tarea,
y está buscando
un mundo para regalarle todos sus dones
El Caballo de la Luna
y ese mundo es Fuenferrada, don Patricio,
ha elegido Fuenferrada,
y yo estoy designado para atraer la voluntad de
mis paisanos y llevarlos hasta él,
es mi misión, don Patricio, ¿me ayudará usted?,
porque usted es el alcalde,
pero don Patricio no se decidía,
y Marito le agarró por la muñeca
y lo arrastró hasta las colinas de la sierra,
y le dijo,
don Patricio, mire a la Luna,
mire a los labios de la Luna,
El Caballo de la Luna
y empezó a nevar,
y don Patricio miró
y vio al caballo blanco
surcando las estrellas
y la estela de colores
que desprendía su vuelo
y cómo los destellos de la estela,
sueños felices,
iban cayendo a la tierra yerma y se ajaban
y entonces,
en su más importante decisión política,
apostó a ser alcalde para siempre.
El Caballo de la Luna
pero el alcalde subió unos cuantos peldaños
y lo interrumpió
para comunicar al pueblo entero
que no era un cuento, que todo era verdad,
y la mayoría rió, la mayoría rió con soltura,
a carcajadas, vamos,
y más cuando don Patricio
contó que había visto el caballo blanco,
y entonces Marito retomó la palabra
y se encendió,
vibró describiendo la estela
y los destellos de felicidad,
El Caballo de la Luna
y vibró argumentando
el privilegio de ser el pueblo elegido,
y tal era su tono de convencimiento
que la risa cesó
y sembró la duda en todos
y el alcalde propuso ir a mirar la Luna
a ver nacer al caballo blanco,
y fueron todos a la colina,
y Marito señaló los labios de la Luna
cuando comenzó a nevar
y vieron nacer al caballo blanco
con destellos de la estela entre los copos,
El Caballo de la Luna
y vieron cómo iban a parar a la tierra yerma,
pobre caballo blanco,
sin corazones que recojan la felicidad,
qué solitario estará en la Luna,
qué grande es el cielo para un caballo solo,
y por fin don Patricio tomó la palabra
y habló de la agonía del pueblo,
y de que todos buscaban un salvador
para guiarnos a la abundancia,
y qué más queríamos,
que era Navidad,
y esas cosas sólo pasan en Navidad,
El Caballo de la Luna
Marito lo ha encontrado,
¿acaso vamos a perderlo?,
y en turno de réplica,
una vecina dijo que lo que pasaba
por la noche siempre era pecado,
y ahí don Patricio, mirando a la agorera,
argumentó
que un caballo blanco tiene que venir de Dios,
y que el pueblo no tenía otra salvación
que no fuera divina,
y el caballo blanco salió de la Luna
en un vuelo fugaz
El Caballo de la Luna
y fabricó un carro enorme
y descendió hasta la colina,
y Marito ordenó
que todo el pueblo subiera,
y todos le obedecieron,
y el carro surcó el aire
dejando estela sin destellos,
y el caballo blanco sonreía,
y el pueblo se quedó abandonado para siempre,
a la espera de algún verano
o a la espera de que
todo volviera a ser como antes de la penuria.
Fin
Feliz Navidad
Feliz Año Nuevo
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