Lorena
González
Géneros literarios
Narrativo o épico
Lírico
Verso
Prosa
Teatral o dramático
Elegía
Comedia
Cuento
Epopeya
Oda
Drama
Novela
Cantares de gesta
Égloga
Tragedia
Canción
Sátira
El género épico o narrativo es un género literario en el que un narrador cuenta
las acciones reales o ficticias de unos personajes e introduce sus palabras.
La prosa es la forma más natural de escribir. Se puede contar un hecho de varias
maneras diferentes. Cuando se escribe en prosa se ocupa toda la línea.
En cuando salí a la brillante luz del sol desde la oscuridad del cine tenía sólo dos cosas en la caza:
Paul Newman y volver a casa. Deseaba parecerme a Paul Newman -él tiene pinta de duro y yo no-,
aunque imagino que mi propio aspecto no es demasiado desastroso. Tengo el pelo castaño claro, casi
rojo, y ojos gris verdoso. Ojalá fueran más grises, pues me caen mal los tíos de ojos verdes, pero he de
contentarme con los que tengo. Llevo el pelo más largo que muchos otros chicos, recto por atrás y
largo en la frente y por los lados, pero soy un greaser, y por el barrio casi nadie se toma la molestia de
cortarse el pelo. Además, me queda mejor el pelo largo.
El cuento es un subgénero narrativo que cuenta un relato breve
que responde por lo general a un esquema narrativo sencillo.
Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un
árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo
verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con
abracadabra, tan-ta-ta-chán,
supercalifragilisticoespialidoso y muchas otras, pero
nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: “¡¡por
favor, arbolito!!”, y entonces, se abrió una gran puerta
en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que
decía: “sigue haciendo magia”. Entonces el niño dijo
“¡¡Gracias, arbolito!!”, y se encendió dentro del árbol
una luz que alumbraba un camino hacia una gran
montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y
tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice
siempre que “por favor” y “gracias”, son las palabras
mágicas.
La novela es un subgénero narrativo que consiste en una
narración extensa en prosa en la que se relatan las acciones de
unos personajes.
Juan es un joven con una vida completamente organizada y medida. Sabe lo que tiene que
hacer y lo que hará en el futuro, con unos planes ya muy estudiados junto con María, su novia.
Se casarán, tendrán una bonita casa, hijos… y ante todo creará una familia muy diferente a la
que creó su padre. Sin embargo, un buen día, conoció a Fernando, un muchacho un par de
años más joven que él, que lo único que le importa son sus amigos y su madre, sin preocuparse
de nada más.
Pronto, ambos jóvenes, descubrirán que aquellos sentimientos que juraron no volver a sentir,
emergían de nuevo y más fuerte. Ellos no pueden ser homosexuales, pero indudablemente lo
son. Se atrae el uno al otro, se aman, sin embargo sus propios prejuicios sobre esta imagen les
provocan cierto rechazo a la hora de admitirlo. Ellos no son así, como todo el mundo dice que
son los gays. Ellos, simplemente, aman al otro. Poco a poco se irán preguntando ciertas
cuestiones sobre quienes son, su relación con la familia, amigos, la naturaleza, e inclusive Dios,
hasta que paulatinamente van ordenando sus ideas, comparándolas en yuxtaposición con los
conceptos e ideas de todos los agentes sociales.
El verso es una forma de composición que pretende crear ciertas sensaciones rítmicas.
Estas sensaciones se transmiten por medio de los versos, unidades limitadas por pausas y
que presentan una cadencia marcada. El ritmo se refuerza a menudo mediante la
reiteración de elementos como el número de silabas, el esquema acentual y la
terminación o rima.
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.
La epopeya es un subgénero
narrativo compuesto por un
poema extenso que relata
hechos ligados a los orígenes
míticos de un pueblo.
¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan? El hijo de Reto y de Zeus.
Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna peste, y los hombres perecían por el ultraje que el
Aterida infiriera al sacerdote Crises. Éste, deseando redimir a su hija, se había presentado en las
veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían
de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de
pueblos, así les suplicaba:
¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os
permitan destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a la patria! Poned en libertad a mi hija y
recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que hiere de lejos.
Los cantares de gesta son un subgénero narrativo que narra las hazañas de un héroe
histórico o seudo histórico. En la literatura en lengua castellana destaca el Poema de Mío
Cid.
Por las calles de la Habana
Un duende se pasea.
Bajo el sol o en pos de las estrellas
Se escucha a través de las celosías
Su voz cascada, sin prisas,
Cantando sus loas.
Su paso incansable
Golpea los adoquines
Con el peso de su historia.
Su andar de mil eras
Es camino que conduce
Al reino de la Hidra y de la Sierpe.
Sus manos no imploran,
Regalarle un pan no es dádiva,
Sino premio que otorga
Desde su antigua dignidad
De orate.
Sus manos van llenas de regalos:
Pajaritas de papel,
Cometas,
Flores…
Su trenza habla de noches en contienda,
Tormento de dragones,
Salvador de damiselas,
Amo del grifo y de la esfinge,
Glorioso servidor de tantos reyes.
Sus ojos se pierden más allá de la mirada,
Evocando sueños de gloria al descampado.
Su afilado perfil,
Retrato ideal de aquel Hidalgo,
Guarda las claves del misterio.
Su alma noble no conoce el reposo,
Va tras su voz,
Proclamando su gloria, que ya es nuestra.
Parte de nuestras evocaciones,
De nuestros más caros recuerdos,
Leyenda, aún antes de la muerte,
Le miro ahora, hecho estatua,
Y sé que el caballero no está ahí.
Nadie lo pudo atrapar jamás en jaula alguna.
Caballero del viento,
De la nube, de las aves,
Jinete de la lluvia,
De los bancos de los parques,
De las plazas y glorietas.
Paladín de los locos,
De los niños, de los bardos,
Del polvo y de la risa.
Sé que vagarás,
Cual adalid de lo mejor del alma humana,
Más allá del tiempo y del espacio,
Hasta desgastar los adoquines
Que forman las calles de esta villa
Que dio espacio a tus andares
En esta pequeña isla
Que flota sobre el mar
De la deriva.
El genero lírico es un genero literario en el que el autor quiere transmitir sus
emociones, sentimientos, sensaciones… Hacia una persona u objeto que utiliza
de inspiración.
La elegía es un subgénero lírico compuesto por una
composición triste, en la que el poeta expresa su dolor
ante unos hechos desgraciados.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
La oda es un subgénero lírico caracterizada
por su tono elevado y solemne, que se
emplea por lo general en alabanza o
exaltación de algo o alguien.
¡Oh Patria que te extiendes, egregia y soberana,
sobre un istmo radiante de luz y de verdor;
te arrulla el armonioso murmullar de dos mares
y te cobija un cielo de espléndido fulgor!
Tierra predestinada, que la Naturaleza
ha enclavado en el mismo corazón tropical
para que seas vórtice de los altos designios
que vislumbró Bolívar en su ensueño genial.
Surgiste en el consorcio de las naciones libres
con tu diadema diáfana de estoica dignidad;
tu historia es un compendio de férvido heroísmo
y tu lema, un baluarte de confraternidad.
Eres puente que abraza a los pueblos del mundo
en comunión de anhelos de paz y libertad,
y aunque pareces frágil, por dimensión geográfica,
grande eres por tu fuerza de solidaridad.
¡Oh dulce Patria amada, ubérrima y señera,
que vibras y palpitas con latido inmortal,
en cada sacro pliegue de la bandera augusta
y en las trémulas notas del himno nacional!
Nosotros, los que abrimos los ojos en tu tierra,
y en tu entraña bebimos la sabia maternal,
somos, Patria, tus hijos. Y nuestra sangre es chispa
saltada de las vetas de tu ígneo pedernal.
Por eso la ofrendamos, solemne, en tus altares,
por tu soberanía, prosperidad y honor
y porque ondule siempre, altiva, inmaculada,
bajo tu cielo límpido, la enseña tricolor.
La égloga es un subgénero lírico desarrollado mediante un
monólogo pastoril o más frecuentemente un diálogo en que unos
pastores se cuentan sus historias de amor en medio de un paisaje
idealizado.
Corrientes aguas puras cristalinas;
árboles que os estáis mirando en ellas;
verde prado de fresca sombra lleno
aves que aquí sembráis vuestras querellas
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba
donde con dulce sueño reposaba
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.
La canción es un subgénero lírico compuesto por un ritmo muy
marcado, en la que se suele expresar un sentimiento amoroso.
Una tarde sin fin, un teléfono,
un espejo que no deja de esperar,
unos labios sin beso,
una pareja sin sexo,
una parada de más.
Una historia que no existe todavía,
unas cartas recordando nuevos días,
un abrazo que no tiene salida,
un porqué camuflado en ironía.
No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte.
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.
Una parcela de cielo en la tierra,
el mundo entero en tu regazo,
una puerta por la que siempre pasar,
un billete de ida para huir de la rutina,
un mirador con vistas al infinito,
este insomnio placentero,
el olor de la ansiedad sobre mi almohada,
una última caricia en mi ciudad callada, no.
No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte.
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.
No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte.
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.
Una pregunta que aún no quiero
entender,
una respuesta en tu mirada,
un mar de aceite que me vuelve a
sorprender,
cuando en mi vida haces tu entrada, no.
No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte.
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.
No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte.
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.
La sátira es un subgénero lírico que expresa indignación hacia alguien o algo, con
propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco.
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Los doce tribus de narices era;
Érase un narcicismo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
El genero teatral o dramático es un género literario que representa momentos
de la vida de personas por medio de diálogos de personajes.
La comedia es un subgénero dramático que se
caracteriza porque sus personajes protagonistas
se ven enfrentados a las dificultades de la vida
cotidiana y por eso ellos enfrentan las
dificultades haciendo reír a las personas.
Alba: (Desorientada) ¿Yo iba o venía?
Nelda: (Conjeturando) ¿Y?... Si estaba mirando para acá… es seña que venía.
Alba: -¿Sabe que siempre me olvido de acordarme?
Nelda: -¿Se acuerda o se olvida?
Alba: -Me acuerdo que me olvido…pero no se qué me olvido…si no, me acordaría.
Nelda: -Eso puede ser que duda de todo y dicen que el que duda piensa… a mi me da
que pensar… pero eso a usted le pasa por desconfiada.
Alba: (No entiende) -No, yo tengo confianza con todos…menos con los de gorritas…
Nelda: - ¿Los de gorritas? ¿Qué gorritas?
Alba: (Asustada) -Esos muchachitos que usan gorritas…son peligrosos. ¡Tienen una cara! Esos
seguros que te chorean… yo cuando salgo a la calle, me pongo el monedero en el corpiño…
Nelda: (Extrañada) -¿El monedero en el corpiño?
Alba: -Sí, ya estoy acostumbrada…el problema es cuando tengo muchas monedas…
El drama es un subgénero intermedio entre la tragedia y la comedia. La intensidad
de las pasiones es menor que en la tragedia, así como el sentimiento de fatalismo.
Se abre el telón y lo primero y lo único que se ve es a dos personas mayores llorando frente a un
televisor (que debe de estar de espaldas al público y ellos de frente). Se están echando las culpas el
uno al otro por la reciente desaparición de su hijo.
M- ¿Pero cómo ha podido pasarnos esto? (llorando)
P- No debe de tardar muchos días en volver, ya verás cómo para de aquí una semana ya está de
vuelta, no resistirá mucho tiempo por ahí sólo sin nadie.
M- ¡Mi hijo no se hubiera ido de no ser por las malas compañías con las que va y que tú permites que
tenga !
P- ¡Ahora no vengas tú echándome las culpas de algo que podrías haber hecho tú misma !
La tragedia es un subgénero dramático cuyos
personajes protagónicos se ven enfrentados
de manera misteriosa, inexpugnable e
inevitable contra el destino o los dioses,
moviéndose casi siempre hacia un desenlace
fatal por una fuerza ciega.
HAMLET: Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño
eterno
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción. ? Pero, alto:
la bella Ofelia. Hermosa, en tus plegarias
recuerda mis pecados.
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