Una entrega a todo riesgo
Las Hermanas
Mª Justa, Mª Olimpia, Mª Cándida y Mª del Buen Consejo
dieron su vida en África
25.11.1964
Textos del Libro del mismo título de Nieves Campión
Comunidad de Stanleyville
Amaron tanto la vida que no temieron la muerte
“Nuestro camino es el de Dios y si hemos de morir,
moriremos, pero no podemos abandonar la misión.”
Comunidad de Stanleyville
Mujeres de una gran fuerza interior, forjadas en la oración
Reforzadas en el mutuo testimonio del amor fraterno
Vivido dentro y fuera con un punto de mira común: el Evangelio.
A la luz de un discernimiento comunitario decidieron permanecer
en la misión porque llevaban al pueblo africano en su corazón.
Entendieron que ese era el camino de Dios y efectivamente se
encontraron con El.
María Cándida
Nació en Navarra, su familia era de arraigada fe y bastante
numerosa. Dos de las hijas decidieron ser
Misioneras Dominicas.
Era una mujer agraciada, de temperamento alegre. De gran delicadeza y
exquisita sensibilidad. Muy decidida en su vocación misionera.
Las Hermanas que la conocieron dicen que era una mujer mística, contemplativa y al
mismo tiempo profundamente humana. Ligada fuertemente a las raíces de su tierra.
Anhelaba, esperaba y deseaba ir a la misión del Congo con toda su alma.
María Justa
•
Nace en Navarra. Su hogar es una familia cristiana, en la que crecieron las vocaciones de
otros tres miembros: Dos jesuitas y dos Misioneras Dominicas.
•
Mujer de gran carácter, enérgica, valiente acostumbrada a sumir responsabilidades.
Inteligente, con gran sensibilidad y cuidadosa en los detalles.
•
Las hermanas dan testimonio de su gran capacidad de servicio y de su buen humor. Mujer
de oración y de trabajo. Madura humanamente, realizada y feliz.
María del Buen Consejo
•
De una familia profundamente religiosa, nació en la
provincia de León.
•
De temperamento reservado, su aspecto exterior
siempre impecable y elegante. Físicamente
atractiva, mujer de gran fortaleza, pero de trato
suave y delicado. De gran sensibilidad e
inteligencia.
•
En su diario refleja su fortaleza interior, su exigencia
personal, su austeridad de vida y el ideal siempre
renovado de ser santa. Sencilla, cercana, se tomó la
vida en serio y se entregó hasta el final.
María Olimpia
De origen vasco-navarro, su familia sencilla y católica, tiene
entre sus miembros tres hijas religiosas: dos clarisas y una
Misionera Dominica.
Es una joven bonita y simpática que en la experiencia
juvenil descubre su vocación misionera. Muy clara en sus
decisiones, asume con responsabilidad y coherencia su
vocación.
Se adaptó muy bien a la misión y desplegó un trabajo desbordante. Su preocupación era
responder a las urgencias y necesidades sin descanso. Por ello experimenta
profundamente la necesidad de la oración.
¿Por qué murieron?
Por el talante de su vocación
misionera totalizante y
definitiva
Por la decisión de seguir a Jesús. “a quien
conocí, de quien me enamoré, en quien
puse mi confianza, a quien quise con
ternura” (Hna. Mª Cándida)
Por una praxis cristiana. “¿Cómo anunciar que Dios está con los pobres y darles la
espalda cuando llega el conflicto?”Permanecer significaba mostrar con su vida y
muerte, si era necesario, de qué lado se encontraban.
No quisieron irse del camino de Dios
Su memoria hoy nos desafía
Vivieron volcadas
los demás,
¿Y hacia
nosotras
qué?
olvidadas de sí mismas.
Buscaron siempre el camino de
nosotras
qué?
Dios ¿Y
y éste
indefectiblemente
pasa por el más pobre según
nuestro carisma.
“La mejor manera de llorar un amigo
es continuar cultivando su campo”
Mons. Mee Muzihirwa
Asesinado en Bukavu el 29-10-96
Creyeron que hay algo
mayor que la propia vida:
¿Y
nosotras
qué?
los otros
y por ellos
entregaron su vida.
Ya se manchó la nieve.
la blancura de la bandera del amor paciente
y se manchó con la resplandeciente
luz inmortal de una amapola oscura.
No pudieron mancharla ni la impura
tierra de polvo y lodo, ni el hirviente
espumarajo de la mar caliente
del perezoso mal y su blancura.
Pero Cristo, pasaba enamorado
pidiendo flores, al nacer el día
por su propio jardín predestinado.
Y aquella voz, sin voz, le respondía:
aquí tienes mi hábito manchado
por la limpieza de la sangre mía.
José María Pemán 1964
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Diapositiva 1 - Misioneras Dominicas