TRAJE DE GITANA. Es el año de la
Exposición. La Feria ha de trasladarse
al Sector Sur. Entre ganaderos,
taberneros, truhanes y ganapanes, las
mujeres calés comienzan a imponer su
estilo. De sus viejas batas de trabajo
nacerá, tras pasar por el embudo de la
moda, el traje de gitana. En esta
imagen de 1930 se muestran dos de
ellas en su peculiar "caseta" ferial
tocadas con mantoncillo, peina y algún
que otro volante
LA PRIMERA PORTADA. La Pasarela. Así se llamó
incluso al recinto del Prado durante las dos primeras
décadas del siglo XX. Aquella vieja Portada, instalada
en 1896, estaba iluminada por 798 luces de gas y un
arco voltaico de batería en su cúpula. Fue demolida
en 1920. Sus 81.297 kilos de hierro fueron vendidos
como chatarra a un empresario almeriense por dos
reales el kilo.
CASETA DE CARTEL. En el primer año del nuevo siglo, un joven
pintor llamado Gonzalo Bilbao se llevó las 500 pesetas del premio
al mejor cartel de la Feria. Aquel año de 1900, este patio
plateresco del Prado de San Sebastián ganó el premio a la mejor
caseta. Una caseta de cartel.
LA VENTA DEL ENANO. Con be. Benta del Enano. Así se llamaba
uno de los negocios que rondaban la venta del ganado a
principios de siglo, fecha en la que ya colgaban del aire algunos
farolillos. La estética ferial comienza a tomar forma. La venta
murió a finales de los cuarenta.
CABALLOS SIN PASEO. La explanada del Prado, extrarradio de una
Sevilla con epicentro en el alminar, era una turbamulta de caballos en
los años treinta del siglo XX. Compra y venta. Tratantes y
compradores. Y en medio, "Mi bar Paloma", una furgoneta en la que
un charlatán pregonaba la pócima ferial: fino de Jerez.
LA ESQUILA. Viejo oficio de la gitanería. Cantaba Rosalía de
Triana: "Yo quiero ir a las minas de Egipto / porque me han dicho
que hay allí / unos probecitos gitanos / pelándole los borricos / a
los castellanos". Gitanos que pelan borricos. Esquilaores. Otra
palabra perdida en el abril de Sevilla. Años cuarenta.
COCHES Y CABALLOS. En 1850 había ya 93 tabernas sirviendo
vino con licencia en el Prado. En 1893 se pusieron las primeras
casetas. El mercado ganadero y la Feria dejaron de ser la misma
cosa. Lo prueba esta imagen de 1929, donde la Pasarela, que ya
había sido demolida, está atestada de coches y caballos.
EL MANTÓN. De Manila. Con la seda filipina en la que se envolvía el
tabaco que a Sevilla llegaba desde Oriente, las cigarreras se
pusieron pintureras. Costumbristas. De un retal, una joya de prenda.
La historia del mantón es, en fin, exacta a la de la feria: de un
tinglado, una ciudad efímera. Estas señoras de los años veinte ya
conocieron la joya y la ciudad.
FAROLILLOS DE VENECIA. Fue la primera vez que la reina Isabel II
vino a la Feria. Año 1877. Año de los farolillos venecianos. Las
bombillas se recubren con este exorno típico del carnaval italiano.
Hoy todo el mundo piensa que no hay nada más sevillano que un
farolillo. Sirva este dato -y esta imagen- para sanar el ombligo.
SILLAS DE MESÓN. Se habla de la enea como milenario asiento
sevillano. Se piensa que las sillas siempre fueron verdes o rojas. En
1920 la caseta del Centro de Bellas Artes tenía este aspecto. Sillas
de madera. De viejo mesón. Ni un farolillo. Uralita por lona. Café a
dos céntimos. Porque nada hay en la Feria que no haya sido víctima
de la evolución.
LA CALLE SAN FERNANDO. De Sevilla a la Feria. Ésta era la calle
principal de entrada al recinto. Muchas cosas han cambiado
desde 1910. Tras los árboles de la izquierda está la Universidad.
A la derecha, la calle se abre a los Jardines de Murillo. La foto
está tomada desde la propia Feria.
EL REY EN SU HOTEL. Se inauguró en abril de 1928. Con farolillos.
Cartas iban y venían desde Londres a Madrid. El Hotel Alfonso XIII
se adornó siguiendo el modelo que Gustavo Bacarissas había
creado en 1919 para las casetas para recibir al Rey que da nombre
al edificio. Por sevillanas: qué bien parecen doña Victoria Eugenia y
Alfonso XIII.
TRANVÍA A LA FERIA. Las vueltas que da la vida. Después de mil
vicisitudes, esta vista de la calle San Fernando a principios del
siglo XX apenas se diferencia de una imagen actual. Universidad,
raíles, catenarias... La única diferencia es que ahora a la Feria se
va por el puente.
MANTILLAS BLANCAS. En dos semanas, del negro al blanco. En la
mantilla. de Jueves Santo a jueves de Feria. La caseta del Ateneo
tenía este aspecto en 1929. Mujeres de mantilla, flamencos con
zahones y vino, mucho vino. Botas de vino.
FERIA EN PORTUGAL. Mientras las casetas le ganaban terreno al
ganado, la ciudad le comía espacio a la explanada. En 1936 ya no
existía la Pasarela, pero en el viejo llano del ganado se construyó
la Plaza de España. La Fábrica de Tabacos, al fondo a la derecha,
ya no está tan lejos. Y la cúpula del Consulado de Portugal, en el
centro, se reta con la cúpula de luz y papel de la ciudad de abril.
CASETA DE CASTILLA LA VIEJA. Años treinta. Ya se habían visto por
ahí la mantilla, la flor y la peineta. Falta el collar de perlas. He aquí.
La moda ferial femenina sigue evolucionando. La masculina, intacta.
Traje y corbata frente a volantes de seda. Y para seguir sumando, a
la izquierda un tamborilero del Rocío.
SEVILLANAS DEL LAÚD. La vieja seguidilla manchega se hizo baile
en Sevilla. Baile bolero. Baile del pueblo. Baile de escuela que salió
a la calle. Compás de tres por cuatro que se acompaña con lo que
se pueda. Guitarra,palmas, caña o laúd. Baile que se baila mientras
Sevilla se mira al espejo.
HOMENAJE A MARTÍN NOEL. Había diseñado el Pabellón de
Argentina en la Exposición Iberoamericana. Este porteño -abajo en el
centro con sombrero de ala ancha- fue uno de los bastiones de la
arquitectura neocolonial. Hombre clave para la Sevilla del 29.
Sevillano adoptivo. Recibió un homenaje en la caseta de la
Asociación de la Prensa en 1926, donde, a tenor de la imagen, se dio
un soberano homenaje de Feria.
LA REPÚBLICA. Entre caballos y uniformes, avanza un coche en el
que viajan Niceto Alcalá Zamora y Lluis Companys. Qué bonita está
Triana cuando le ponen al puente banderas republicanas. Faltaban
sólo tres días para la inauguración de la Feria de 1931 cuando se
proclamó la II República. Fue un 14 de abril. El Ayuntamiento de
Sevilla tuvo que hacer un esfuerzo para conseguir tantas banderas
tricolores como farolillos. Para lograrlo tuvo que gastarse 13.250
pesetas. Una "millonada" de la época.
LA CASETA REAL. En 1917 la caseta del Círculo de Labradores
consiguió el título de "Real". Fue la primera en lograrlo. La estética
de estos tinglados había sido definida años antes, en 1904, por los
hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero. Pero aún quedaba
mucho para llegar a la caseta real, a la de hoy. Esta imagen de la de
la Asociación de la Prensa de 1917 es significativa. Demasiado
ladrillo.
GITANAS CASTELLANAS. Los harapos con los que las calés se
habían ataviado a principios del siglo XX se sometieron a la alta
costura hispalense. En 1940 las mujeres ya iban a la Feria con
estos trajes. No hay patrón inamovible. Cada cual lleva el talle
donde gusta, lunares del tamaño que le place y volantes
personales. El mantoncillo es prenda generalizada. Desaparece la
mantilla para dar paso a la peina y la flor.
LA NUEVA PASARELA. En 1928 don Alfonso XIII visitó Sevilla en
abril para inaugurar el hotel que hoy lleva su nombre. La Pasarela,
que había sido demolida en 1920, renació. Se montó un inmenso
quiosco bajo el que la Familia Real accedió a la Feria a caballo
desde la calle San Fernando.
LA FERIA DE NOCHE. La foto es de 1928. Las luces son de gas.
Las justas. Al caer la noche, el Prado de San Sebastián traza una
cruz. De San Fernando a la Enramadilla. De San Telmo a Recaredo.
Desde 1885 existe el "alumbrao". En aquel tiempo, consistía en
treinta y cuatro arcos con globos de cristal que contenían luces
de gas ardiendo.
EL ORIGEN DE LA PORTADA. Hasta 1949, poco más de un siglo
después de su inauguración, la Feria de Sevilla no tuvo Portada.
Otra tradición moderna. Pero la mole de hierro y madera tiene
antecedentes. Hasta 1920, la Portada fue la Pasarela. Una vez
demolida ésta se levantaron diferentes estructuras metálicas como
esta de 1933. Porque la Feria de Abril era un campo con puertas.
UN CARRUAJE GANADOR. Coches enjaezados al modo andaluz.
Ninguno hubo como éste en 1927. El cuarto día de la Feria se
celebró un concurso. El primer premio, llamado Copa de Oro de los
duques de Andhra, se lo llevó este carruaje de loza cartujana.
Pertenecía a Carlos Pickman.
SEVILLANAS DE GALES. Sobre al jaramagal, allá por 1927, se bailan
sevillanas en galaico. O en inglés de Buckingham. Eduardo de
Windsor, el Príncipe de Gales, visita la Feria. Estas sevillanas se
bailaron en su honor. Atención a esta curiosidad: sólo bailan las
mujeres.
CERRANDO EL TRATO. Una mesita. Cigarrito de liar. Pana,
sombrero y moyate. Mucho moyate. No hay trato si no hay moyate.
Como documento, la mano. O la palabra. La palabra de un gitano.
Partidas de ganado que se venden en reales de vellón. Botos
machacados. Y una vara. La vara mágica de la vieja gitanería.
LA SEVILLA DE LA PANDERETA. En 1912, la Caseta de la Asociación
de la Prensa, que por entonces tenía en la ciudad a representantes
como Chaves Nogales, se disfrazó de la Sevilla de la pandereta, la de
la fiesta y el jolgorio. La del tópico. Sevilla costumbrista. De Galerín.
Tambor y pandereta que se tocaban con pluma y lápiz. Y un dato que
contextualiza: detrás de la guitarra se aprecia una esquina del
famoso cartel de García Ramos.
JURA DE BANDERA. El Prado de San Sebastián, tan marcado en el
siglo XVIII por la gitanería, cobró aire de alta aristocracia con el
cambio de siglo. En el año 1909, la reina Victoria Eugenia de
España, consorte de Alfonso XIII, presidió una jura de bandera
mientras se celebraba la Feria.
ALLÁ EN LA HUERTA. Aquel año, por petición de los comerciantes, la
Feria pasó de tres a cinco días de duración. Su extensión aún era
escasa. La venta del ganado todavía era primordial. Pero ya había
casetas para celebrar el negocio. Sevilla a lo lejos. Desde la huerta,
el gran fotógrafo Levy tomó esta imagen en 1888.
POSANDO POR SEVILLANAS. El remate, ese momento tan esencial
del baile, duerme en la cámara de Sánchez del Pando, que reflejó esta
estampa por sevillanas en una caseta de la Feria de 1934. Desplante
de bailaoras viejas. Los pies ni aparecen. Sólo importan los brazos.
Aquellos brazos en los que Pastora Imperio puso los cimientos de la
Escuela Sevillana del Baile.
LA BUÑOLERA. Acreditada buñolera del
Salvador. Así se anunciaba la gitana. En 1850 ya
había 15 buñoleras con licencia en la Feria.
Buñuelos, niño, buñuelos. Siempre los hubo en
esta fiesta donde los farolillos son de Venecia.
Antes que la enea, la lona, la portada o la
mantilla, el buñuelo. Buñuelo frito sobre hornete
de barro y servido en palangana caló.
EL POZO DE LOS MILAGROS. El clavel del
moño junto al pozo. Sevillanas corraleras. Lo
tiré al pozo. Quién sabe si el origen de la letra
está en esta caseta, "El Cortijo de los
Pepinales de la Peña Bética", que obtuvo el
tercer premio en 1935 por la colocación de
este pozo, denominado "Pozo de los
milagros". Porque, aún entonces, había
corrales en Triana. Y bajo la lona.
TODA CLASE DE GANADO. Ovejas, vacas, burros, caballos, mulos,
cochinos. De todo hay en esta imagen. Incluso una pancarta que
anuncia seguros. Las primeras casetas, el Circo Price a los pies de la
Giralda gracias a la perspectiva y Sevilla.
EL TIOVIVO. Se dice que lo inventó un tal Sebastiani, francés, en 1812.
Cuatro caballos de madera movidos por una rueda. Coromines dice que
la etimología de esta palabra hace referencia a la "viveza" del "tío" que
lo inventó. La explicación sirve para Sevilla, donde hasta el montaje era
seguido con viveza por la chiquillería en los años cuarenta. Lo que
ocurre es que aquí nunca hubo tiovivos, sino cacharritos.
A LO ÁRABE. Al principio, la Feria se construía nueva cada año. En
1904, la Caseta del Círculo Mercantil se levantó siguiendo el estilo
arquitectónico japonés. En 1905, como muestra la imagen, tomó un
aire más arabesco. Siempre obtuvo el primer premio hasta que se
cruzó en su camino un dúo de dramaturgos de Utrera.
LOS QUINTERO Y LA CANZONETISTA. Serafín y Joaquín impusieron
la estética que hoy predomina en la feria a partir de un cuadro de
Bacarissas. Tipismo hispalense. Corrales de comedia de hierro y
lona. Por su caseta pasaron grandes personalidades de principios de
siglo, como la emparaguada cantante Paquita Escribano, una de las
canzonetistas más famosas de la Historia.
LAS MADROÑERAS. Mantillas de Feria. Mujeres enjaezadas al estilo
de los caballos. Prenda goyesca. Sólo las potentadas estaban en
disposición de acicalarse con este tocado. En este caso, además,
las tres féminas están envueltas en ostentosos mantones de seda
de Filipinas.
LOS MOSQUITOS DE LA FERIA. Allá donde hay ganado tiene que
haber mosquitos. Y si es en abril y cerca del río, aún más. En la Feria
están documentados desde 1912, fecha en la que nace la "Peña Los
Mosquitos", caseta que ganó el tercer premio municipal. Su emblema
era el siguiente: "Obra del Mosquito Mayor del Reino".
jmr@
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