La única respuesta adecuada a la llegada del Reino es el amor.
El modo de ser y de actuar de Dios ha de ser el programa para todos.
Un Dios compasivo está pidiendo a sus hijos e hijas
una vida inspirada por la compasión.
Construir la vida tal como la quiere Dios sólo es posible
si se hace del amor un imperativo absoluto.
Mateo 20, 1-16 // XXV Tiempo Ordinario –A- // 21-9-08
1Por
eso, con el reino de los cielos sucede lo que con el
dueño de una finca que salió muy de mañana a contratar
obreros para su viña. 2Después de contratar a los obreros
por un denario al día, los envió a su viña. 3Salió a media
mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo,
4y les dijo:
«Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo».
5 Ellos fueron. Salió de nuevo a mediodía y a primera hora
de la tarde e hizo lo mismo.
6 Salió por fin a media tarde, encontró a otros que estaban
sin trabajo y les dijo: «¿Por qué estáis aquí todo el día sin
hacer nada?».7 Le contestaron: «Porque nadie nos ha
contratado». Él les dijo: «Id también vosotros a la viña».
El Dueño de la viña tiene trabajo para todos y a todas horas.
En la viña del Señor hay cabida y tarea para todos,
sin ningún tipo de privilegios, diferencias ni excepción.
La viña -comunidad cristiana- en la que sólo pueden trabajar unas pocas personas
tiene poco que ver con la Viña que Jesús quiere y presenta en la parábola.
Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: «Llama a los
obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros».
9 Vinieron los de media tarde y cobraron un denario cada uno.
8
Cada persona tiene su hora, su día, su edad...,
de ver y aceptar su encuentro con el Señor.
El dueño de la viña no paga por trabajo realizado, ni por horas,
ni por trabajar a destajo, sino por la disponibilidad, por la actitud,
por la apertura y acogida a su invitación.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que cobrarían
más; pero también ellos cobraron un denario cada uno.
11 Al recibirlo, se quejaban del dueño,12 diciendo:
«Estos últimos han trabajado sólo un rato y les has pagado
igual que a nosotros, que hemos soportado el peso del día
y del calor».
10
Los trabajadores de la primera hora no se quejan de haber padecido una injusticia
-recibieron el denario acordado-, se quejan de lo que reciben los demás.
Sienten envidia de que otros sean tratados igual que ellos.
Lo que les molesta no es recibir una paga insuficiente
sino el comprobar que el Señor es bueno con todos.
Es la envidia de las personas que se creen justas ante un Dios cuyo amor
es desconcertante, libre, gratuito, escandaloso...
Pero él respondió a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No
quedamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Si yo quiero dar a este último
lo mismo que a ti,15 ¿no puedo hacer lo que quiera con lo mío?
13
Dios es pura gratuidad, pura gracia más allá de todo interés, de toda ley, de toda
justicia, de todo mérito, de todo lo que imaginamos o deseamos.
La gratuidad de Dios desborda la justicia. Es Bondad asombrosa. Bondad absoluta.
Bondad que transforma al ser humano y al mundo.
Contra todas las apariencias, sólo la bondad y la gratuidad pueden mover al mundo.
El Reino es actitud de agradecimiento, no exigencia de nómina.
¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno?».
El pertenecer al Reino y la relación con Dios no es cuestión de méritos ni de justicia,
es cuestión de que el Dueño es bueno.
Jesús quiere provocar un cambio de actitud:
que nos dejemos contagiar por la generosidad de Dios y la contagiemos,
que acudamos a su viña, no para acumular méritos, ni buscar recompensas,
sino por puro agradecimiento, porque la bondad del Dueño nos ha atrapado
en su espiral de gratuidad.
16
Así los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.
“Los últimos y los primeros” nos puede dar una pista del mensaje:
la diferencia entre nuestras maneras de juzgar y valorar
y la manera de juzgar y valorar de Dios.
Es el cambio radical de situación que trae consigo la llegada del Reino
Está en juego la posibilidad y la propuesta de un nuevo modelo
y sistema de relación y convivencia humana, basado, no en el rendimiento
y la correspondiente compensación, sino en la gratuidad, la bondad y el amor.
Saliste, Señor, en la madrugada de la historia a buscar obreros para tu viña.
Y dejaste la plaza vacía –sin paro-, ofreciendo a todos trabajo y vida
-salario, dignidad y justiciaSaliste a media mañana, saliste a mediodía y a primera hora de la tarde
volviste a recorrerla entera.
Saliste, por fin, cuando el sol declinaba,
y a los que nadie había contratado te los llevaste a tu viña,
porque se te revolvieron las entrañas viendo tanto trabajo en tu hacienda,
viendo a tantos parados que querían trabajo
-salario, dignidad y justiciay estaban condenados todo el día a no hacer nada.
Al anochecer cumpliste tu palabra.
A todos diste salario digno y justo,
según el corazón y las necesidades te dictaban.
Quienes menos se lo esperaban fueron los primeros en ver sus manos llenas;
y aunque algunos murmuraron, no cambiaste tu política evangélica.
Señor, sé, como siempre, justo y generoso, compasivo y rico en misericordia,
enemigo de prejuicios y clases, y espléndido en tus dones.
Gracias por darme trabajo y vida, dignidad y justicia a tu manera... no a la mía.
Ulibarri Fl.
Descargar

25 Tiempo Ordinario -A-