En las manos de Dios
Cuántas veces, Señor, no sé qué decirte, ni
qué pedirte.
Estoy aquí contigo, como la madera en manos
del artista.
Trabájame, porque en tus manos seguro que
llegaré a ser lo que los demás necesitan.
No olvides que soy humano y me gusta
aparentar.
Doblégame para que
sea a ti a quien vean, y
a ti a quien alaben.
Déjame a mí ser el medio por el que tú te
comunicas.
Con eso tengo ya la plena felicidad.
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