Revista Sociocultural
Un paseo por los castillos de los “Hombres Buenos”
Los albigenses fueron una secta
herética de los siglos XI y XIII, que
se extendió desde la ciudad de Albi
(Occitania) de la que toma su
nombre, por toda Europa. También
conocida como "cátara" -del
griego “kataros “(puro).
Los Cátaros, llamados
“los bons homes” se
consideraban como
la verdadera “Iglesia
de Dios”. Más pura y
auténtica que la
iglesia católica, a la
que llamaban “cueva
de ladrones” por los
abusos que cometían
clerigos y obispos.
El catarismo fue un evangelismo
que propugnaba la necesidad de
llevar una vida ascética y la
renuncia al mundo para alcanzar la
perfección
Los cátaros rechazaban el Antiguo Testamento y
repudiaban la relajación de costumbres del clero
medieval y las ansias de poder temporal de sus
prelados. Admitían únicamente, el sacramento de
la imposición de manos-el "Consolamentum", un
sacramento equivalente al Bautismo que era
realizado a través de la imposición de manos, y
cuyo objeto era limpiar al moribundo de todo
pecado, a fin de alcanzar la salvación- y
rechazaban todos los sacramentos posteriores que
no se fundaban en las Santas Escrituras.
Fueron denominados también
albigenses en referencia a la
ciudad occitana de Albi o quizá
por considerarse puros, ya que se
autodenominaban albinos, que
tendría su origen en la raíz "alb",
que significa blanco, raíz de la
que derivan nombres como
Albania.
Negaban tajantemente la
naturaleza divina de Jesús y
rechazaban, igualmente, la
eucaristía y la veneración de la
cruz por considerarla objeto de
crueldad y no de redención.
Su teología era dualista radical,
basada en que el universo
estaba compuesto por dos
mundos en conflicto, uno
espiritual creado por Dios y otro
material forjado por Satán ....
También se oponían
radicalmente al
matrimonio con fines de
procreación, por considerar
un error traer un alma
pura al mundo material y
aprisionarla en un cuerpo.
Aceptaban las relaciones
sexuales libres, así como la
homosexualidad, ya que
pensaban que el espíritu
también participaba del
disfrute del cuerpo.
Rechazaban los alimentos procedentes de la
generación, como los huevos, la carne y la
leche. Aceptaban el suicidio como forma de
liberación del espíritu, por lo que no lo
consideraban pecado y, en los momentos más
difíciles y adversos, admitían la práctica
suicida, conocida como la "Endura", donde se
dejaban morir por ayuno total voluntario.
El castillo de Montségur fue
construido por el señor del
lugar (Ramón de Péreille) entre
los años 1205 a 1211; en la
cima de un macizo rocoso y
sobre las ruinas de una
antigua fortaleza. Este lugar,
en tiempos muy remotos,
había sido un centro o
santuario religioso dedicado a
la diosa celtíbera Belissena, la
equivalente a la diosa fenicia
Astarté y a la griega Artemisa.
En unos tiempos en que la Iglesia Católica
solo citaba los textos sagrados en latín, con lo
que resultaban incomprensibles para el
pueblo, los cátaros los tradujeron a la lengua
romance y los divulgaron predicando.
Entre los cátaros, la mujer disfrutaba del
mismo nivel de consideración que el hombre,
y el grado de perfecto o perfecta se
correspondía con el del obispo católico. El
nombre de Perfecto o Perfecta, no indicaba
superioridad sino una idea de perfección,
accesible únicamente mediante una dura
iniciación. Los Perfectos y Perfectas, eran los
encargados de predicar la doctrina cátara, así
como atender a los moribundos, a quienes
antes de morir les era administrado el único
sacramento cátaro: el "Consolamentum“,
sacramento equivalente al Bautismo que se
realizaba a través de la imposición de manos,
y cuyo objeto era limpiar al moribundo de
todo pecado, a fin de alcanzar la salvación.
El catarismo, muy crítico contra
el materialismo de la Iglesia de
Roma y cuyos adeptos eran
tremendamente exigentes consigo
mismos en cuanto a pureza de
costumbres llegó a establecerse
como una contraiglesia
adecuadamente organizada, con
su propio clero mixto y sus
obispos. En las casas cátaras los
buenos hombres vivían en
comunidad, recibiendo la
predicación de sus diáconos.
Estas casas estaban abiertas a la
sociedad de su entorno, no había
ningún tipo de clausura, sino que
sus habitantes entraban y salían
en cualquier momento y los
vecinos tenían igualmente acceso a
ellas.
La Iglesia Católica consideró sus doctrinas heréticas. Tras una tentativa misionera, y
frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de
la corona de Francia, para lograr su erradicación violenta a partir de 1209 mediante la
Cruzada albigense.
La historia de los cátaros comienza su final con el sitio de la ciudadela
montañesa de Montségur, donde se habían refugiado históricamente los líderes
cátaros.
El sitio duró meses y terminó, en Marzo de
1244, ninguno de los doscientos perfectos
que había allí aceptaron retractarse de sus
creencias, y fueron quemados vivos, junto
con veintiún conversos que habían pedido
recibir el consolamentum a última hora.
El país de los Cátaros
(Francia)
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