La vida es como una gran sinfonía,
donde cada quien va interpretando partes
alegres en algunos compases,
sólos tristes en otros.
Más, desafortunadamente, eso no es verdad...
Al nacer, nuestros padres nos enseñan los primeros
acordes,
creemos que ellos siempre estarán formando parte de
esta orquestra conocida.
En algún momento, sus instrumentos se callaran, y nos
dejaran huérfanos de su aprendizaje, su cariño, amistad
y compañía insustituible.
Más, eso no impide que durante la ejecución, otros
músicos vengan a formar parte del grupo...
cada uno interpretando partes que vendrán a
intervenir, de alguna forma, en nuestras vidas.
Llegan nuestros hermanos...
Nuestros amigos...
Nuestros amores maravillosos...
¡Ah! y algunas mascotas queridas y estimadas.
Muchos aparecen en una nota sonora de forma rápida
y desaparecen...
Otros interpretaran en esa melodía,
solamente acordes melancólicos...
Otros tocaran ardua y sonoramente partes
maravillosas, prestos a ayudar cuando lo requiera.
Muchos, a la vez enmudecerán sus instrumentos,
dejando añoranzas eternas...
Otros más, que nada ni nadie podrán
percibir cuando iniciaron y terminaron
sus ejecuciones.
Y así, continuamos tocando la melodía de la vida, llena
de accidentes, pausas, sueños, fantasías, esperas,
despedidas, vivencias, traducidas en victorias y derrotas.
Toquemos entonces, de la forma más espiritual
posible, tratando de relacionarnos bien con los
compañeros de orquesta, procurando a cada uno de
ellos, para que tengamos la manera de extraer los
mejores sonidos de sus instrumentos.
Recordando siempre que, en algún momento de
la melodía, ellos podrán tocar una mala nota
aquí, otra allá, y probablemente deberemos
entender eso..
Porque también nosotros erraremos muchas veces y
con certeza habrá alguien que nos mostrará el
fraseado melódico correcto.
El gran misterio, finalmente, es que jamás en esta
sinfonía de la vida, sabremos en cual movimiento
nuestros instrumentos irán a enmudecer, mucho
menos nuestros compañeros lo saben, ni el mismo que
estuviera sentado tocando a nuestro lado.
Al final de nuestra partitura, sentiremos añoranzas,
porque nos separaremos de ciertas personas de toda la
vida, será una gran tristeza y dolor, pero con certeza,
en otro momento y otro lugar estaremos tocando juntos
en otra orquestra...
En un plano más elevado...
Será otra melodía...
Estaremos grandemente emocionados de verlos llegar
uno a uno con la experiencia que no teníamos cuando
iniciamos juntos, ejecutando los primeros acordes...
Y lo que nos pondrá felices, será pensar que todos
nosotros colaboramos para que esa experiencia sea
inigualable y maravillosa.
Hagamos que nuestros acordes sean lindos y
maravillosos...
que haya valido la pena, y que cuando llegue la hora de
el “Gran Final” de cada uno,
al calor de cada nota de los instrumentos traiga
añoranzas y maravillosos recuerdos para aquellos que
proseguirán con la sinfonía.
Descargar

Diapositiva 1