Cuando Levindo cumplió los 21
años, su madre le recibió a los
amigos, festejó la ocasión y
solemnizó el acontecimiento con
gran alegría. Con todo, en lo
íntimo, la bondadosa señora
estaba triste y preocupada.
El hijo, hasta la mayoría de
edad, no toleraba ninguna
disciplina. Vivía ociosamente,
desperdiciando el tiempo y
negándose al trabajo. Aprendió
las primeras letras, al precio de
mucha dedicación materna, y
luchaba contra todos los planes
de acción digna.
Rehusaba los buenos consejos y
se inclinaba, francamente, hacia
el desfiladero del vicio.
En esa noche, todavía, la abnegada
madre oró, más fervorosa que
nunca, suplicando a Jesús que lo
encaminase hacia la elevación
moral. Lo confió al Cielo, con
lágrimas, convencida de que el
Maestro Divino le ampararía la
joven vida.
Las oraciones de la devota criatura fueron oídas en lo
Alto, porque Levindo, luego que fue arrebatado por las
alas del sueño, soñó que era solicitado por un mensajero
espiritual, que exhibía un largo documento en la mano.
Intrigado, el joven le preguntó a qué se debía la
sorpresa de semejante visita.
El emisario fijó en él los grandes ojos y
respondió:
- Mi amigo, vengo a traerte la cuenta de los
seres sacrificados, hasta ahora, en tu
provecho.
Mientras el mozo lo miraba con asombro,
el mensajero proseguía:
- Hasta hoy, para sustentarte la existencia,
murieron, aproximadamente, 2,000 aves, 10
bovinos, 50 puercos, 20 carneros y 3,000 peces
diversos. No menos de 60,000 vidas del reino
vegetal fueron consumidas por la tuya, haciendo
una relación del arroz, del maíz, del frejol, del trigo
y de variadas raíces y legumbres. En media
calculada, bebiste 3,000 litros de leche, gastaste
7,000 huevos y comiste 10,000 frutas...
Haz explotado abundantemente las familias de los seres del aire y de
las aguas, de los gallineros y establos, pocilgas y rediles. El precio de
tus días en las huertas y frutales vale por una devastación.
Más allá de esto, no relacionamos aquí los sacrificios maternos, los
recursos y donaciones de tu padre, los obsequios de los amigos y las
atenciones de varios benefactores que te rodean. En cambio, ¿Qué
hiciste de útil?
No restituiste aun a la naturaleza la mínima parte de tu inmenso
débito. ¿Crees por ventura, que el centro del mundo reposa en tus
necesidades individuales y que vivirás sin cuenta de los dominios de
la Creación?
¡Produce algo de bueno, marcando así tu paso por la Tierra.
Acuérdate de que hasta la propia hierba se encuentra al servicio
divino. No permitas que la ociosidad te paralice el corazón y te
desfigure el espíritu!...
El joven, espantado, pasó a ver
el desfile de los animales que
había devorado y, bajo fuerte
espanto, despertó...
Amanecía.
El Sol de oro como que cantaba
en todas partes un himno
glorioso al trabajo pacífico.
Levindo saltó de la cama, corrió hasta
su progenitora y exclamó:
- ¡Madrecita! ¡déme rápido trabajo! ¡déme
rápido trabajo!...
- ¡Oh, hijo mío! -dijo la señora en un
arranque de júbilo- ¡qué alegría! ¡Cómo
estoy contenta!... ¿Qué aconteció?
Y el joven, preocupado, informó:
- En esta noche pasada, yo vi la cuenta de la
vida.
De ahí en adelante, se convirtió Levindo
en un hombre honrado y útil.
“ALBORADA CRISTIANA”
Francisco Cándido Xavier
Traducido del portugués por
Alipio Gonzales
www.amaliadomingosoler.divulgación.org
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