+++ Este Salmo es la oración de un “pobre” (v. 1), que se
abandona a la misericordia y al poder de Dios en medio de un
grave peligro (vs. 7-14).
+++ Para fundamentar su petición, el salmista no describe
dramáticamente la intensidad de sus sufrimientos -como suele
suceder en las súplicas del Salterio (Sal 22; 41; 69; 88)- sino que
apela con esperanzada insistencia a la bondad infinita de Dios
(vs. 5, 13, 15-17).
1. CON ISRAEL
Este salmo es una SUPLICA, mediante palabras muy sencillas. Pero este salmo es
también un HIMNO, que canta al absoluto de "Dios-sólo", y el amor-fiel de Dios.
"¿Quién" es este hombre que suplica y alaba? Se presenta él mismo mediante dos
características. Es ante todo un un "fiel", un "servidor de Dios", es alguien que se
siente de Dios, totalmente "orientado hacia" Dios, mediante la fe y la confianza. Es
igualmente un "Anawim" un "pobre", un "desgraciado", que ora desde su situación:
angustia, opresión por parte de los orgullosos y los poderosos.
2. CON JESÚS
El salmo culmina con una última "súplica": "Señor, haz conmigo un signo de bondad...".
Imaginémonos a Jesús recitando este salmo. Sí, Jesús es el verdadero "signo" de
Dios. El que nos saca del abismo de la muerte"... El que nos "libera de nuestros
enemigos.
3. CON NUESTRO TIEMPO
"Escucha, responde, mira, oye". Oración familiar, que utiliza las palabras más sencillas
del diálogo humano. En la oración, estamos ante "alguien". ¡Alguien que nos mira!
¡Alguien que nos escucha! ¡Alguien que nos ama! Es el balbuceo de la oración.
Nuestras oraciones son a menudo vacías y formalistas porque nos contentamos con
repetir mecánicamente palabras y palabras y palabras... Cuando lo que necesitamos
es tomar conciencia de una "presencia".
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a tí te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia tí;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios".
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste
del abismo profundo.
Dios mío, unos
soberbios
se levantan contra
mí,
una banda de
insolentes
atenta contra mi
vida,
sin tenerte en
cuenta a ti.
Pero tú, Señor,
Dios clemente y
misericordioso,
lento a la
cólera, rico en
piedad y leal,
mírame, ten
compasión de
mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios
y se avergüencen,
porque tú, Señor,
me ayudas y consuelas.
«Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad».
Hoy pido que me guíes, Señor. Me encuentro a veces tan confuso, tan perplejo, cuando
tengo que decidirme y dejar al lado una opción para tomar otra, que he comprendido al fin
que es mi falta de contacto contigo lo que me hace perder claridad y perderme cuando tengo
que tomar decisiones en la vida. Pido la gracia de sentirme cerca de ti para ver con tu luz y
fortalecerme con tu energía cuando llega el momento de tomar las decisiones que marcan ¡ni
paso por el mundo.
A veces son factores externos los que me confunden. Qué dirá la gente, qué pensarán,
qué resultará... y luego, todo ese conjunto de ambiente, atmósfera, prejuicios, modas, críticas
y costumbres.
Y más adentro, es la confusión interna que siento, los miedos, los apegos, la falta de
libertad, la nube de egoísmo. Allí es donde necesito especialmente tu presencia y tu auxilio,
Señor. Libérame de todos los complejos que me impiden ver claro y elegir lo que debería
elegir.
Guíame en las decisiones importantes de mi vida y en las opciones pasajeras que
componen el día y que, paso a paso, van marcando la dirección en la que se mueve mi vida.
Guía cada uno de mis pasos para que el caminar sea recto y me lleve en definitiva a donde
tú quieres llevarme.
«Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad».
Escúchanos, Señor, que somos unos pobres y
desamparados; enséñanos tu camino y haz que nos
mantengamos durante todo el día en el temor de tu
nombre; que, aunque nos veamos sumergidos en el
abismo profundo, sepamos confiar en tu grande
piedad para con nosotros y bendecir tu nombre por
los siglos de los siglos. Amén.
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SALMO 85 - Ciudad Redonda