Pliegues
El Barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función
operatoria, a un rasgo. No cesa de hacer pliegues. No inventa la cosa: ya
había todos los pliegues procedentes de Oriente, los pliegues griegos,
romanos, románicos, góticos, clásicos… Pero él curva y recurva los
pliegues, los lleva hasta el infinito, pliegue sobre pliegue, pliegue según
pliegue. El rasgo del Barroco es el pliegue que va hasta el infinito.
Gilles Deleuze, El pliegue
«… si queremos mantener la identidad
operatoria del Barroco y del
pliegue, hay que demostrar que el
pliegue permanece limitado en los
otros casos y que en el Barroco
conoce una liberación sin límites,
cuyas condiciones son
determinables. Los pliegues parecen
abandonar sus soportes, tejido,
granito y nube, para entrar en un
concurso infinito, como en el Cristo
en el huerto de los Olivos, del
Greco…»
El pliegue, p. 50
«El paradigma: la búsqueda de un
modelo del pliegue pasa por la
elección de la materia. ¿Es el
pliegue de papel, como lo sugiere el
Oriente, o el pliegue de tela que
parece dominar Occidente? […] en
Platón las formas se pliegan pero no
se alcanza el elemento formal del
pliegue. Éste sólo puede aparecer
con lo infinito, con lo
inconmensurable y la desmesura,
cuando la curvatura variable ha
destronado al círculo.»
El pliegue, p. 54
«Tal es el caso del pliegue
Barroco.[…] En este sentido, el
gusto del psiquiatra Clerambault
por unos pliegues procedentes del
Islam, y sus extraordinarias fotos de
mujeres veladas, verdaderos cuadros
próximos a lo que hoy hace Helga
Heinzen, no manifiesta, a pesar de
lo que se haya dicho, una simple
perversión privada.»
El pliegue, p.54
«como todas estas texturas de la
materia tienden hacia un punto más
elevado, punto espiritual que
envuelve la forma, que la mantiene
envuelta y sólo él contiene el secreto
de los pliegues materiales abajo.
¿De dónde derivarían éstos, puesto
que no se explican por unas partes
componentes y puesto que el
“hormigueo”, el desplazamiento
perpetuo del contorno, procede de la
proyección en la materia de algo
espiritual, fantasmagoría del orden
del pensamiento, como dice
Dubuffet?»
El pliegue, p. 53
«De otra manera, el escultor
Jeanclos encuentra un camino, no
obstante, análogo, cuando va de las
hojas de repollo físicas infinitamente
replegadas, envueltas, apretadas, o
de sábanas infinitamente estiradas,
a guisantes metafóricos, durmientes
espirituales o cabezas de mónadas
que dan pleno sentido a la expresión
“los pliegues del sueño”.»
El pliegue, p. 53
«Activas o pasivas, las fuerzas
derivadas de la materia remiten a
fuerzas primitivas, que son las del
alma…»
El pliegue, p.53
«Hantaï comienza representando el
pliegue, tubular y hormigueante,
pero en seguida pliega el lienzo o el
papel. [….] ¿qué hace que la línea
barroca sólo sea una posibilidad de
Hantaï? Pues no cesa de afrontar
otra posibilidad que es la línea de
Oriente. Lo pintado y lo no pintado
no se distribuyen como la forma y
el fondo, sino como lo lleno y lo
vacío en un devenir recíproco.»
El pliegue, p. 51
«El despliegue: no es, ciertamente,
lo contrario del pliegue, ni su
desaparición, sino la continuación o
la extensión de su acto, la condición
de su manifestación. Cuando el
pliegue deja de ser representado
para devenir “método”, operación,
acto, el despliegue deviene el
resultado del acto, que se expresa,
precisamente, de esa manera.»
El pliegue, p. 51
«Así Hantaï deja vacío el ojo del
pliegue y sólo pinta los lados (línea
de Oriente); pero también puede
ocurrir que en la misma región haga
plegados sucesivos que ya no dejan
subsistir vacíos (línea llena
barroca). Una característica
profunda del Barroco quizá sea
confrontarse al Oriente.»
El pliegue, p.52
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