Domingo 11º del tiempo
ordinario
Sus muchos
pecados
están
perdonados,
porque tiene
mucho
amor.
Las Lecturas
nos muestran
un Dios
de bondad
y de
misericordia,
que detesta
el pecado,
pero ama
al pecador.
La 1ª Lectura
presenta
la historia
de DAVID
PECADOR.
- El Rey David cometió adulterio
con la mujer de Urías.
- Cuando supo que la mujer estaba
embarazada, mandó colocar a Urías
en el lugar más peligroso de la batalla,
donde acabó muriendo.
- El Profeta Natán
acusa al Rey
de ese crimen
y le anuncia
los castigos
de Dios
contra él
y su familia.
-El Rey reconoce su error:
“He pecado contra el Señor".
-El Señor perdona su pecado.
En la 2ª Lectura,
Pablo
destaca que,
por la fe
en Cristo,
somos
justificados
y liberados.
Vivo yo,pero no soy yo,
es Cristo quien vive en mí.
El Evangelio
narra la historia
de la MUJER
PECADORA.
Es el evangelio
de la
misericordia.
Un fariseo rogaba
a Jesús que fuera
a comer con él.
Una mujer, una pecadora
vino con un frasco
de perfume,
llorando,
se puso
a regarle los pies
con sus lágrimas,
se los enjugaba
con sus cabellos,
los cubría de besos
y se los ungía con el perfume.
Si fuera
un profeta,
sabría
quién es
esta mujer
y lo que es:
una pecadora.
Entonces Jesús tomó la palabra y le dijo:
-Simón,
tengo que decirte
una cosa.
-Di, Maestro.
-Un prestamista
tenía
dos deudores:
uno le debía
quinientos denarios
y el otro cincuenta.
Pero como no tenían para pagarle,
les perdonó la deuda a los dos.
¿Quién de ellos
lo amará más?
Simón respondió:
-Supongo que aquél
a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
-Haz juzgado rectamente.
¿Ves
a esta mujer?
Cuando
yo entré
en tu casa,
no ...
... ella,
en cambio...
Por eso te digo, sus muchos pecados
están perdonados,
porque tiene mucho amor.
Jesús dijo a la mujer:
Tu fe
te ha salvado,
vete en paz.
Tres miradas diferentes:
- El mirar orgulloso de SIMÓN.
- El mirar misericordioso de CRISTO.
- El mirar humilde de la PECADORA.
Salmo
31
Perdona, Señor,
mi culpa y mi pecado.
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Perdona, Señor,
mi culpa y mi pecado.
Había pecado lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa».
Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Perdona, Señor,
mi culpa y mi pecado.
Tú eres
mi refugio,
me libras
del peligro,
me rodeas
de cantos
de liberación.
Perdona, Señor,
mi culpa y mi pecado.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.
Perdona, Señor,
mi culpa y mi pecado.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación
por nuestros pecados.
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