Miguel-A.
“Análisis psiquiátrico”
No me es posible ocultar mi aversión a la clase política, en general. Me
excuso a mí mismo, aduciendo que me tratan como si fuera un
auténtico tonto, utilizándome en la lucha de partido político por el
poder... que es lo único que les interesa a los políticos... porque el bien
común le importa a la clase política lo mismo que a mí los témpanos de
la Antártida. O sea, nada. La clase política mira a las urnas... “lo demás
es cuento!”. Y en ocasiones me siento culpable de mi feo pensamiento
cual si fuese un bicho raro, pero no, no lo soy: Ahí están las encuestas
mensuales del barómetro del CIS, en las cuales el pueblo, mes tras mes,
suspende la calificación a los políticos. Pero ellos siguen a lo suyo:
“llámame perro, pero échame pan”.
Durante una visita a un instituto
psiquiátrico, el Presidente del
Gobierno preguntó al Director
qué criterio usaban para decidir
si un paciente debiera, o no, ser
internado.
- Bueno... -respondió el
Director-, llenamos una bañera
de agua, luego ofrecemos al
paciente una cucharita, una
taza, y un cubo, y le pedimos
que vacíe la bañera.
- ¡Ah, ya entiendo! -replicó
el Presidente del Gobierno. Una persona normal
usaría el cubo, porque es
más grande que la
cucharita, y que la taza...
mientras que un frágil
mental optaría por alguna
de las otras dos
opciones... ambas ilógicas,
e inadecuadas para vaciar
el gran recipiente con
agua.
- ¡No! -respondió el
Director-. ¡Una persona
normal quitaría el tapón de
la bañera! ¡¿Cómo quiere
usted la habitación... con o
sin vistas al jardín?!.
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