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viernes, 02 de octubre de 2015
Federico García Lorca
Granada 1898-1936
1898 el 5 de junio nace Federico García Lorca
en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, hijo
de Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca
Romero. Será el mayor de cuatro hermanos:
Francisco, Concha e Isabel.
1908 Pasa unos meses en Almería, donde
comienza sus estudios de bachillerato.
Primeros estudios de música. 1909 se traslada
con su familia a vivir a Granada.
1915-1917 Estudios de Filosofía y Letras y de
Derecho en la Universidad de Granada.
Amistad con el núcleo intelectual granadino
(Melchor Fernández Almagro, Miguel Pizarro,
Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna,
Angel Barrios,...). Viajes de estudios, dirigidos
por el Catedrático Martín Domínguez Barrueta,
por Andalucía, Castillla y Galicia. Inicia su
amistad con el compositor Manuel de Falla,
quien fija su residencia en Granada.1918
Publica en Granada su primer libro
Impresiones y Paisajes y escribe algunos
poemas que aparecerán más tarde en su primer
libro de versos, Libro de Poemas.
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Romance de la Luna
La luna vino a la fragua con
su polizón de nardos.
El niño la mira, mira. El
niño la está mirando. En el
aire conmovido mueve la
luna sus brazos y enseña,
úbrica y pura, sus senos de
duro estaño.
Huye luna, luna, luna. Si
vinieran los gitanos, harían
con tu corazón collares y
anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el
yunque
con los ojillos cerrados.
Huye, luna, luna, luna, que
ya siento los caballos.
Niño, déjame, no pises mi
blancor almidonado
El jinete se acercaba tocando
el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, bronce y
sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas y los
ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna con un
niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
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Preciosa y el aire
Su luna de pergamino Preciosa
tocando viene por un anfibio
sendero de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas, huyendo
del sonsonete, cae donde el mar
bate y canta su noche llena de
peces.
En los picos de la sierra
os carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
y los gitanos del agua levantan
por distraerse, glorietas de
caracolas yramas de pino verde.
Niña, deja que levante tu vestido
para verte.
Abre en mis dedos antiguos la
rosa azul de tu vientre.
Preciosa tira el pandero y corre
sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue con
una espada caliente.
Frunce su rumor el mar. Los olivos
palidecen. Cantan las flautas de
umbría y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa, que te
coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por donde viene!
Sátiro de estrellas bajas con sus
lenguas relucientes.
Preciosa, llena de miedo, entra en
la casa que tiene, más arriba de los
pinos, el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos tres
carabineros vienen, sus negras
capas ceñidas y los gorros en las
sienes.
El inglés da a la gitana un vaso de
tibia leche, y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe. Y mientras
cuenta, llorando, su aventura a
aquella gente, en las tejas de
pizarra el viento, furioso, muerde.
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Reyerta
En la mitad del barranco
las navajas de Albacete
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.
Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.
En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
se sube por las paredes.
Ángeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Ángeles con grandes alas
de navajas de Albacete.
Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente,
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.
El juez, con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles: aquí
pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses.
La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Ángeles de largas trenzas
y corazones de aceite.
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Romance Sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde
viento. Verdes ramas. El barco sobre la
mar y el caballo en la montaña. Con la
sombra en la cintura ella sueña en su
baranda, verde carne, pelo verde, con
ojos de fría plata. Verde que te quiero
verde. Bajo la luna gitana, las cosas la
están mirando y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde. Grandes
estrellas de escarcha, vienen con el pez
de sombra que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento con la lija de
sus ramas, y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién
vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en
su baranda, verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga. Compadre,
quiero cambiar mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo, mi cuchillo
por su manta. Compadre, vengo
sangrando, desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito, ese trato se
cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi
casa es ya mi casa. Compadre, quiero
morir decentemente en mi cama. De
acero, si puede ser, con las sábanas de
holanda.
¿No ves la herida que tengo desde el
pecho a la garganta? Trescientas rosas
morenas lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele alrededor de
tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa
es ya mi casa. Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas, ¡dejadme subir!,
dejadme hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna por donde retumba
el agua.
Ya suben los dos compadres hacia las
altas barandas. Dejando un rastro de
sangre. Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados farolillos de
hojalata. Mil panderos de cristal, herían
la madrugada.
Verde que te quiero verde, verde viento,
verdes ramas. Los dos compadres
subieron. El largo viento, dejaba en la
boca un raro gusto de hiel, de menta y de
albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga? ¡Cuántas
veces te esperó! ¡Cuántas veces te
esperara cara fresca, negro pelo, en esta
verde baranda! Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana. Verde cama, pelo
verde, con ojos de fría plata. Un
carámbano de luna la sostiene sobre el
agua. La noche se puso íntima como una
pequeña plaza. Guardias civiles
borrachos en la puerta golpeaban. Verde
que te quiero verde. Verde viento. Verdes
ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo
en la montana.
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La monja gitana
Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris,
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Qué bien borda ! ¡Con qué
gracia!
Sobre la tela pajiza,
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh!, qué llanura empinada
con veinte soles arriba.
¡Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la
brisa,
la luz juega el ajedrez
alto de la celosía.
.
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San Miguel
Se ven desde las barandas,
por el monte, monte, monte,
mulos y sombras de mulos
cargados de girasoles.
Sus ojos en las umbrías
se empañan de inmensa noche.
En los recodos del aire
cruje la aurora salobre.
Un cielo de mulos blancos
cierra sus ojos de azogue
dando a la quieta penumbra
un final de corazones.
Y el agua se pone fría
para que nadie la toque.
Agua loca y descubierta
por el monte, monte, monte.
San Miguel lleno de encajes
en la alcoba de su torre,
enseña sus bellos muslos
ceñidos por los faroles.
Arcángel domesticado
en el gesto de las doce,
finge una cólera dulce
de plumas y ruiseñores.
San Miguel canta en los vidrios;
efebo de tres mil noches, fragante
de agua colonia y lejano de las
flores. El mar baila por la playa,
un poema de balcones. Las villas de
la luna pierden juncos, ganan
voces. Vienen manolas comiendo
semillas de girasoles, los culos
grandes y ocultos como planetas de
cobre.
Vienen altos caballeros y damas de
triste porte, morenas por la
nostalgia de un ayer de ruiseñores.
Y el obispo de Manila, ciego de
azafrán y pobre, dice misa con dos
filos para mujeres y hombres
San Miguel se estaba quieto
en la alcoba de su torre,
con las enaguas cuajadas
de espejitos y entredoses.
San Miguel, rey de los globos
y de los números nones,
en el primor berberisco
de gritos y miradores.
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Muerto de amor
¿Qué es aquello que reluce
por los altos corredores?
Cierra la puerta, hijo mío,
acaban de dar las once.
En mis ojos, sin querer,
relumbran cuatro faroles.
Será que la gente aquella
estará fregando el cobre.
*
Ajo de agónica plata
la luna menguante, pone
cabelleras amarillas
a las amarillas torres.
La noche llama temblando
al cristal de los balcones,
perseguida por los mil
perros que no la conocen,
y un olor de vino y ámbar
viene de los corredores.
*
Brisas de caña mojada
y rumor de viejas voces,
resonaban por el arco
roto de la media noche.
Bueyes y rosas dormían.
Sólo por los corredores las cuatro
luces clamaban con el furor de San
Jorge.
Tristes mujeres del valle bajaban su
sangre de hombre, tranquila de flor
cortada y amarga de muslo joven.
Viejas mujeres del río lloraban al
pie del monte, un minuto
intransitable de cabelleras y
nombres. Fachadas de cal, ponían
cuadrada y blanca la noche.
Serafines y gitanos tocaban
acordeones. Madre, cuando yo me
muera, que se enteren los señores.
Pon telegramas azules que vayan
del Sur al Norte.
Siete gritos, siete sangres, siete
adormideras dobles, quebraron
opacas lunas en los oscuros salones.
Lleno de manos cortadas y
coronitas de flores, el mar de los
juramentos resonaba, no sé donde.
Y el cielo daba portazos al brusco
rumor del bosque, mientras
clamaban las luces en los altos
corredores.
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El Camborio de camino a
Sevilla
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.
Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
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El Camborio
Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban, ya
lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto, medallones
de marfil, y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen porque te
vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil! Ya mi
talle se ha quebrado como caña de
maíz. Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.
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El Piyayo
¿Tu conoces al ”Piyayo”
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo pendenciero y hocico
de raposo tiñoso... que pide limosna por
"tangos“ y maldice cantando
"fandangos“ gangosos?
¡A chufla lo toma la gente y a mi me da
pena y me causa un respeto imponente!
Ata a su cuerpo una guitarra, Que
chilla como una corneja Y zumba como
una chicharra Y tiene arrumacos de
vieja Pelleja. Yo le he visto cantando,
Babeando De rabia y de vino, Bailando
Con saltos felinos Tocando a zarpazos,.
Los acordes de un viejo"tangazo“ Y, a
sus contorsiones de ardilla, Hace son
con la sucia calderilla.
¡ a chufla lo toma la gente y a mi me da
pena y me causa un respeto imponente!
Es su extraño arte su cepo y su cruz,
su vida y su luz, su tabaco y su
aguardientillo... y su pan y el de sus
nietecillos: "churumbeles" con greñas de
alambre y panzas de sapos.
Que aullan de hambre Tiritando bajo los
harapos; Sin madre que lave su roña;
Sin padre que "afane“ Porque pena una
muerte en santoña
Sin mas sombra que la del abuelo... ¡poca
sombra, porque es tan chicuelo; en el
altozano tiene un cuchitril ¡a las vigas
alcanza la mano; y por lumbre y por luz,
un candil. Vacia sus alforjas Que son sus
bolsillos, Bostezando los siete chiquillos, Se
agrupan riendo. Y entre carantoñas les
va repartiendo Pan y pescao frito, Con la
parsimonia de un antiguo rito:
¡chavales!
¡pan de flor de harina! Mascarlo despasio.
Mejo pan no se come en palasio. Y este
pescaito, ¡no es na? sacao uno a uno del
fondo del má! ¡gloria pura él! Las espinas
se comen tamié, Que to es alimento...
Asi....despasito. ¡no llores, Manuela!
Tu no pués, porque no tiés muelas. ¡es tan
chiquitita mi niña bonita!.. así, despasito.
Muy remascaito, Migaja a migaja, que
dure, Le van dando fin A los cinco reales
que costo el festín. Luego entre guiñapos
durmiendo, Por matar el frío, muy
apiñaditos. La Virgen María contempla
al “Piyayo” Riendo Y hay un Angel rubio
que besa la frente De cada gitano
chiquito. A chufla lo toma la gente!...
¡y a mi me da penay me causa un respeto
imponente!
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La casada infiel
Y que yo me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua me
sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
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Yo me quité la corbata. Ella se
quitó el vestido. Yo el cinturón con
revólver Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas tienen el
cutis tan fino, ni los cristales con
luna relumbran con ese brillo. Sus
muslos se me escapaban como peces
sorprendidos, la mitad llenos de
lumbre, la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí el mejor de los
caminos, montado en potra de
nácar sin bridas y sin estribos. No
quiero decir, por hombre, las cosas
que ella me dijo. La luz del
entendimiento me hace ser muy
comedido. Sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río. Con el aire se
batían las espadas de los lirios. Me
porté como quien soy. Como un
gitano legítimo. La regalé un
costurero grande de raso pajizo, y
no quise enamorarme porque
teniendo marido me dijo que era
mozuela cuando la llevaba al río.
Rosalía de Castro
Santiago de Compostela (Galicia)
1837-1885
Nació en Santiago de Compostela. Fue bautizada con los
nombres de María Rosalía Rita. hija de padres
desconocidos. Muy poco se sabe de su educación. Se sabe
que en la escuela mostró talento de versificadora.
También le gustaba el dibujo, la música y la declamación.
Rosalía de Castro contrajo matrimonio con Manuel
Martínez Murguía, erudito cronista de Galicia. Al año
siguiente Rosalía da luz a su primera hija, Alejandra, a la
que han de seguir seis hijos más. Su domicilio cambió
varias veces, entre Madrid y Simancas. Rosalía nunca
disfrutó de buena salud. Luchó siempre contra
enfermedades, y a menudo con la penuria, vivió dedicada
a su hogar, a sus hijos y a su marido, nunca aspiró a la
fama. Su marido fue quien la convenció para que
publicara sus obras. Murió de cáncer a los cuarenta y
ocho años en su casa de Padrón, la cual hoy es un museo.
Todos sus hijos murieron antes que ella, sin poder dejar
herederos.
Compuso sus primeros versos a la edad de 12 años. A los
17 años ya era conocida en el "Liceo de San Agustín". por
su primer libro; La Flor. y Follas Novas: es el título de su
último libro que contiene su manera de ver la vida, en el
muestra su esencia vital. Rosalía muestra una visión
sombría de la existencia humana. En los Cantares,
Rosalía asume la voz del pueblo gallego. Su obra maestra
en castellano es En las Orillas del Sar, versos de tono
íntimo, de extraña penetración, cargados de nocturna
belleza. Merece ser considerada, al lado de Gustavo
Adolfo Bécquer, como la precursora de la Modernidad e
iniciadora de una nueva métrica castellana.
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
1
A través del follaje perenne
que oír deja rumores
extraños,
y entre un mar de
ondulante verdura,
amorosa mansión de los
pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...,
pues no sé decir ya si le
quiero,
que en el rudo vaivén que
sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi
pecho.
2
¡Otra vez!, tras la lucha que rinde
y la incertidumbre amarga
del viajero que errante no sabe
dónde dormirá mañana,
en sus lares primitivos
halla un breve descanso mi alma.
Algo tiene este blando reposo
de sombrío y de halagüeño,
cual lo tiene, en la noche callada,
de un ser amado el recuerdo,
que de negras traiciones y dichas
inmensas, nos habla a un
tiempo.Ya no lloro..., y no obstante,
agobiado y afligido mi espíritu,
apenas de su cárcel estrecha y
sombría osa dejar las tinieblas
para bañarse en las ondas
de luz que el espacio llenan.
Cual si en suelo extranjero me
hallase, tímida y hosca, contemplo
desde lejos los bosques y alturas
y los floridos senderos donde en
cada rincón me aguardaba
la esperanza sonriendo.
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
3
Oigo el toque sonoro que entonces a mi
lecho a llamarme venía con sus ecos que
el alba anunciaban, mientras, cual
dulce caricia, un rayo de sol dorado
alumbraba mi estancia tranquila.
Puro el aire, la luz sonrosada, ¡qué
despertar tan dichoso! Yo veía entre
nubes de incienso, visiones con alas de
oro que llevaban la venda celeste
de la fe sobre sus ojos... Ese sol es el
mismo, mas ellas no acuden a mi
conjuro; y a través del espacio y las
nubes, y del agua en los limbos confusos,
y del aire en la azul transparencia,
¡ay!, ya en vano las llamo y las busco.
Blanca y desierta la vía entre los
frondosos setos y los bosques y arroyos
que bordan sus orillas, con grato
misterio atraerme parece y brindarme
a que siga su línea sin término.
Bajemos, pues, que el camino
antiguo nos saldrá al paso,
aunque triste, escabroso y desierto,
y cual nosotros cambiado,
lleno aún de las blancas fantasmas
que en otro tiempo adoramos
4
Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,
caigo en la senda amiga, donde una fuente
brota siempre serena y pura,
y con mirada incierta, busco por la llanura
no sé qué sombra vana o que esperanza
muerta, no sé qué flor tardía de virginal
frescura que no crece en la vía arenosa y
desierta. De la oscura Trabanca tras la
espesa arboleda, gallardamente arranca al
pie de la vereda La Torre y sus contornos
cubiertos de follaje, prestando a la mirada
descanso en su ramaje cuando de la ancha
vega por vivo sol bañada que las pupilas
ciega, atraviesa el espacio, gozosa y
deslumbrada. Como un eco perdido, como un
amigo acento que sueña cariñoso, el familiar
chirrido del carro perezoso corre en alas del
viento y llega hasta mi oído cual en aquellos
días hermosos y brillantes en que las ansias
mías eran quejas amantes, eran dorados
sueños y santas alegrías. Ruge la Presa
lejos..., y, de las aves nido, Fondón cerca
descansa; la cándida abubilla bebe en el
agua mansa donde un tiempo he creído de la
esperanza hermosa beber el néctar sano, y
hoy bebiera anhelosa las aguas del olvido,
que es de la muerte hermano; donde de los
vencejos que vuelan en la altura, la sombra
se refleja.
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
5
6
¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón,
¡Oh tierra, antes y ahora, siempre
oh Iria Flavia! Mas el calor, la vida
fecunda y bella!
juvenil y la savia que extraje de tu
Viendo cuán triste brilla nuestra
seno, como el sediento niño el dulce
fatal estrella,
jugo extrae del pecho blanco y lleno,
del Sar cabe la orilla
de mi existencia oscura en el
al acabarme, siento la sed devoradora
torrente amargo pasaron, cual
y jamás apagada que ahoga el
barrida por la inconstancia ciega,
sentimiento,
una visión de armiño, una ilusión
y el hambre de justicia, que abate y
querida, un suspiro de amor. De tus
que anonada
suaves rumores la acorde
cuando nuestros clamores los
consonancia, ya para el alma yerta
arrebata el viento
tornóse bronca y dura a impulsos del
de tempestad airada.
dolor; secáronse tus flores de virginal
Ya en vano el tibio rayo de la
fragancia; perdió su azul tu cielo, el
naciente aurora tras del Miranda
campo su frescura, el alba su candor. altivo, valles y cumbres dora con su
La nieve de los años, de la tristeza el resplandor vivo; en vano llega mayo
hielo constante, al alma niegan toda de sol y aromas lleno, con su frente de
ilusión amada, todo dulce consuelo.
niño de rosas coronada, y con su luz
Sólo los desengaños preñados de
serena: en mi pecho ve juntos el odio y
temores, y de la duda el frío, avivan
el cariño, mezcla de gloria y pena,
los dolores que siente el pecho mío, y
mi sien por la corona del mártir
ahondando mi herida, me desti rran
agobiada y para siempre frío y
del cielo, donde las fuentes brotan
agotado mi seno.
eternas de la vida.
Siguiente

7
¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón,
oh Iria Flavia! Mas el calor, la vida
juvenil y la savia que extraje de tu
seno, como el sediento niño el dulce
jugo extrae del pecho blanco y lleno,
de mi existencia oscura en el
torrente amargo pasaron, cual
barrida por la inconstancia ciega,
una visión de armiño, una ilusión
querida, un suspiro de amor. De tus
suaves rumores la acorde
consonancia, ya para el alma yerta
tornóse bronca y dura a impulsos del
dolor; secáronse tus flores de virginal
fragancia; perdió su azul tu cielo, el
campo su frescura, el alba su candor.
La nieve de los años, de la tristeza el
hielo constante, al alma niegan toda
ilusión amada, todo dulce consuelo.
Sólo los desengaños preñados de
temores, y de la duda el frío, avivan
los dolores que siente el pecho mío, y
ahondando mi herida, me desti rran
del cielo, donde las fuentes brotan
eternas de la vida.
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8
¡Ya que de la esperanza, para la
vida mía,
triste y descolorido ha llegado el
ocaso,
a mi morada oscura,
desmantelada y fría,
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente
mi amargura
la blanca luz del día.
Contenta el negro nido busca el
ave agorera;
bien reposa la fiera en el antro
escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste
en el olvido
y mi alma en su desierto.
Jorge Luis Borges
Buenos Aires 1899-1986
Nació en Buenos Aires el 24 de
agosto de 1899. Fue bilingüe desde
su infancia ya que su abuela
materna le hablaba en Inglés.
"Georgie", como le decían en casa,
tenía apenas seis años cuando dijo
a su padre que quería ser escritor.
En 1910 aparece su primera
publicación en el diario El País, de
Buenos Aires, donde tradujo El
príncipe feliz, de Oscar Wilde. En
1914, el padre de Borges se jubiló
debido a su ceguera casi total, por
lo que la familia pasó una
temporada en Europa.
Sorprendidos por la guerra, se
instalaron en Ginebra donde el
joven Borges escribió algunos
poemas en francés y cursó la
preparatoria (1914-1918). Vivió en
España de 1919 a 1921 y dos años
después la familia regresó a
Buenos Aires. En 1923 publicó el
poemario Fervor de Buenos Aires.
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Alhambra
Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.
Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los
muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey
doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la
luna,
que la tarde que miras es la
última.
Alguien
Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la
muerte (las pruebas de la muerte son
estadísticas y nadie hay que no corra el
albur de ser el primer inmortal), un
hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días: el
sueño, la rutina, el sabor del agua, una
no sospechada etimología, un verso
latino o sajón, la memoria de una mujer
que lo ha abandonado hace ya tantos
años que hoy puede recordarla sin
amargura, un hombre que no ignora que
el presente ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal y con el
que fueron desleales, puede sentir de
pronto, al cruzar la calle, una
misteriosa felicidad que no viene del
lado de la esperanza sino de una
antigua inocencia, de su propia raíz o de
un dios disperso. Sabe que no debe
mirarla de cerca, porque hay razones
más terribles que tigres que le
demostrarán su obligación de ser un
desdichado, pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga. Quizá en la
muerte para siempre seremos, cuando el
polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de
la cual para siempre crecerá, ecuánime
o atroz, nuestro solitario cielo nfierno.o...
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Antelación del amor
Ni la intimidad de tu frente clara como una
fiesta
ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y
tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida situándose en
palabras o acallamiento
serán favor tan persuasivo de ideas
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis ávidos brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud
absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha en la
selección del recuerdo,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no
tienes,
Arrojado a la quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera quizás como Dios ha
de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.
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Arte poético
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Antonio Machado
Sevilla 1875-1939
(Sevilla, 1875 - Collioure, 1939) Poeta español. Aunque
influido por el modernismo y el simbolismo, su obra es
expresión lírica del ideario de la Generación del 98. Hijo
del folclorista Antonio Machado y Álvarez y hermano
menor del también poeta Manuel Machado, pasó su
infancia en Sevilla y en 1883 se instaló con su familia en
Madrid.
Se formó en la Institución Libre de Enseñanza y en otros
institutos madrileños. En 1899, durante un primer viaje
a París, trabajó en la editorial Garnier, y posteriormente
regresó a la capital francesa, donde entabló amistad con
R. Darío. De vuelta a España frecuentó los ambientes
literarios, donde conoció a J. R. Jiménez, R. del ValleInclán y M. de Unamuno.
En 1907 obtuvo la cátedra de francés en el instituto de
Soria, cuidad en la que dos años después contrajo
matrimonio con Leonor Izquierdo. En 1910 le fue
concedida una pensión para estudiar filología en París
durante un año, estancia que aprovechó para asistir a los
cursos de filosofía de H. Bergson y Bédier en el College
de France. Tras la muerte de su esposa, en 1912, pasó al
instituto de Baeza.
Doctorado en filosofía y letras (1918), desempeñó su
cátedra en Segovia y en 1928 fue elegido miembro de la
Real Academia Española. Al comenzar la Guerra Civil
se encontraba en Madrid, desde donde se trasladó con su
madre y otros familiares al pueblo valenciano de
Rocafort y luego a Barcelona. En enero de 1939
emprendió camino al exilio, pero la muerte lo
sorprendió en el pueblecito francés de Colliure.
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A un viejo y distinguido
señor
Te he visto, por el parque
ceniciento
que los poetas aman
para llorar, como una noble
sombra
vagar, envuelto en tu levita larga.
El talante cortés, ha tantos años
compuesto de una fiesta en la
antesala,
?¡qué bien tus pobres huesos
ceremoniosos guardan!?
Yo te he visto, aspirando distraído,
con el aliento que la tierra exhala
?hoy, tibia tarde en que las
mustias hojas
húmedo viento arranca?,
del eucalipto verde
el frescor de las hojas perfumadas.
Y te he visto llevar la seca mano
a la perla que brilla en tu corbata.
A un olmo seco
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
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A Miguel de Unamuno
Este donquijotesco
don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
lleva el arnés grotesco
y el irrisorio casco
del buen manchego. Don Miguel camina,
jinete de quimérica montura,
metiendo espuela de oro a su locura,
sin miedo de la lengua que malsina.
A un pueblo de arrieros,
lechuzos y tahúres y logreros
dicta lecciones de Caballería.
Y el alma desalmada de su raza,
que bajo el golpe de su férrea maza
aún durme, puede que despierte un día.
Quiere enseñar el ceño de la duda,
antes de que cabalgue, el caballero;
cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda
cerca del corazón la hoja de acero.
Tiene el aliento de una estirpe fuerte
que soñó más allá de sus hogares,
y que el oro buscó tras de los mares.
Él señala la gloria tras la muerte.
Quiere ser fundador, y dice: Creo;
Dios y adelante el ánima española...
Y es tan bueno y mejor que fue Loyola:
sabe a Jesús y escupe al fariseo.
A un naranjo y limonero
Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte!
Medrosas tiritan tus hojas menguadas.
Naranjo en la corte, ¡qué pena da verte con
tus naranjitas secas y arrugadas!.
Pobre limonero de fruto amarillo cual
pomo pulido de pálida cera, ¡qué pena
mirarte, mísero arbolillo criado en
mezquino tonel de madera! De los claros
bosques de la Andalucía, ¿quién os trajo a
esta castellana tierra que barren los vientos
de la adusta sierra, hijos de los campos de
la tierra mía? ¡Gloria de los huertos, árbol
limonero, que enciendes los frutos de
pálido oro, y alumbras del negro cipresal
austero
las quietas plegarias erguidas en coro; y
fresco naranjo del patio querido, del campo
risueño y el huerto soñado, siempre en mi
recuerdo maduro o florido
de frondas y aromas y frutos cargado!
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A orillas del Duero
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Yo, solo,
por las quiebras del pedregal subía, buscando los recodos
de sombra, lentamente. A trechos me paraba para enjugar
mi frente y dar algún respiro al pecho jadeante; o bien,
ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante y hacia la
mano diestra vencido y apoyado en un bastón, a guisa de
pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces aves de
altura, hollando las hierbas montaraces de fuerte olor
?romero, tomillo, salvia, espliego?. Sobre los agrios
campos caía un sol de fuego. Un buitre de anchas alas
con majestuoso vuelo cruzaba solitario el puro azul del
cielo. Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, y una
redonda loma cual recamado escudo, y cárdenos alcores
sobre la parda tierra
?harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra?,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero para
formar la corva ballesta de un arquero en torno a Soria.
?Soria es una barbacana, hacia Aragón, que tiene la torre
castellana?. Veía el horizonte cerrado por colinas oscuras,
coronadas de robles y de encinas; desnudos peñascales,
algún humilde prado donde el merino pace y el toro,
arrodillado sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío, y,
silenciosamente, lejanos pasajeros, ¡tan diminutos!
?carros, jinetes y arrieros?, cruzar el largo puente, y bajo
las arcadas de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero. El Duero cruza el corazón de roble de Iberia y
de Castilla.
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¡Oh, tierra triste y noble, la de los altos llanos y yermos
y roquedas, de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones, y atónitos
palurdos sin danzas ni canciones que aún van,
abandonando el mortecino hogar, como tus largos ríos,
Castilla, hacia la mar! Castilla miserable, ayer
dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto
ignora. ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada? Todo se
mueve, fluye, discurre, corre o gira; cambian la mar y el
monte y el ojo que los mira. ¿Pasó? Sobre sus campos
aún el fantasma yerta de un pueblo que ponía a Dios
sobre la guerra. La madre en otro tiempo fecunda en
capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes
ganapanes. Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Mío Cid Rodrigo el de Vivar volvía, ufano de su
nueva fortuna, y su opulencia, a regalar a Alfonso los
huertos de Valencia; o que, tras la aventura que acreditó
sus bríos, pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados, guerreros y
adalides que han de tornar, cargados de plata y oro, a
España, en regios galeones, para la presa cuervos, para
la lid leones.
Filósofos nutridos de sopa de convento contemplan
impasibles el amplio firmamento; y si les llega en
sueños, como un rumor distante, clamor de mercaderes
de muelles de Levante, no acudirán siquiera a preguntar
¿qué pasa? Y ya la guerra ha abierto las puertas de su
casa. Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
Mario Benedetti
Tacuarembó (Uruguay) 1920-2009
Mario Benedetti nació el 14 de septiembre
de 1920 en Paso de Toros, en Tacuarembó,
Uruguay, fruto del matrimonio entre
Brenno Benedetti y Matilde Farugia. La
economía familiar se vio seriamente
afectada por un engaño que sufrió el
padre de Mario y así con tan sólo 4 años,
la familia se trasladó a Montevideo (no en
vano en Montevideo vive más de la mitad
de la población de Uruguay, el mayor
porcentaje de población que vive en una
capital de toda Sudamérica). Este engaño
condujo a tiempos difíciles para la familia
Benedetti que tuvo que vender multitud
de objetos de valor para seguir adelante y
que obligó a Brenno a la clandestinidad
económica para evitar a los acreedores y
en busca del soñado empleo público, un
auténtico sueño en el Uruguay de la época
en el que el sueldo de un funcionario era
inembargable y echarlo era casi una
cuestión de Estado. Mario estudió en un
colegio alemán, en parte por la
admiración que el padre tenía por ese
país. De esta experiencia, además de
aprender el idioma, aprendió el gusto por
el trabajo bien hecho y por la puntualidad.
Pero en 1933 el padre le obligó a salir del
colegio, ya que en éste obligaban a utilizar
el saludo nazi, otro año en un Liceo y
termina su educación.
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Desde los afectos
Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo
la vida!...
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque sí, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se
dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porqué de los niños tiene un por qué.
Que querer saber de alguien no sólo es curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den
también hay que saber cómo pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es, en definiva, no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quiénes
somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas,
no se está viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe
la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se
vuelve.
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Corazón coraza
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el
alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no..
Estados de ánimo
A veces me siento
como un águila en el aire
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
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Hagamos un trato
Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
Compañera,usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.
Si algunas veces
advierte que la miro a los ojos,
y una veta de amor reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar conmigo.
Si otras veces me encuentra
huraño sin motivo, no piense que es
flojera igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato: yo quisiera
contar con usted, es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo; y cuando digo esto
quiero decir contar aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.
No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Pasatiempo
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.
Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
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Rostro de vos
Si Dios fuera una mujer
Tengo una soledad tan concurrida
tan llena de nostalgias y de rostros de vos
de adioses hace tiempo y besos bienvenidos
de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida
que puedo organizarla como una procesión
por colores tamaños y promesas por época por tacto
y por sabor. Sin temblor de más me abrazo a tus
ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras de noches y deseos
de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren concurren como sueños
con sus rencores nuevos su falta de candor
yo les pongo una escoba tras la puerta
porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte
con sus ojos de amor que ya no aman como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso. Si Dios
fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con
sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico y su amor no de ángeles. Ay Dios
mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué
lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa
blasfemia.
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Alguien
Alguien limpia la celda
de la tortura
que no quede la sangre
ni la amargura
alguien pone en los muros
el nombre de ella
ya no cabe en la noche
ninguna estrella
alguien limpia su rabia
con un consejo
y la deja brillante
como un espejo
alguien piensa hasta cuando
alguien camina
suenan lejos las risas
una bocinay un gallo que propone su canto en hora
mientras sube la angustia la voladora alguien piensa en
afuera que allá no hay plazo piensa en niños de vida y
en un abrazo alguien quiso ser justo no tuvo suerte es
difícil la lucha contra la muerte alguien limpia la celda
de la tortura lava la sangre pero no la amargura.
Allende
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques para batir al
hombre de la paz tuvieron que bombardearlo hacerlo
llama porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz tuvieron que desatar la
guerra turbia para vencer al hombre de la paz y acallar
su voz modesta y taladrante tuvieron que empujar el
terror hasta el abismo y matar más para seguir
matando para batir al hombre de la paz tuvieron que
asesinarlo muchas vecesporque el hombre de la paz
era una fortalezapara matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa una armada
una hueste una brigada tuvieron que creer que era otro
ejército pero el hombre de la paz era tan sólo un
pueblo y tenía en sus manos un fusil y un mandato y
eran necesarios más tanques más rencores más
bombas más aviones más oprobios porque el hombre
del paz era una fortaleza para matar al hombre de la
paz para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla para vencer al
hombre de la paz tuvieron que afiliarse para siempre a
la muerte matar y matar más para seguir matando y
condenarse a la blindada soledad para matar al
hombre que era un pueblo tuvieron que quedarse sin
el pueblo.
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Amor de tarde
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.
Ausencia de Dios
Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra. Lo cierto es que ahora ya
no estás en mi noche desgarradoramente idéntica a las
otras que repetí buscándote, rodeándote. Hay solamente
un eco irremediable de mi voz como niño, esa que no
sabía. Ahora que miedo inútil, qué vergüenza no tener
oración para morder, no tener fe para clavar las uñas, no
tener nada más que la noche, saber que Dios se muere,
se resbala, que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla, como un
campanario atrozmente en ruinas que desandara siglos
de ceniza. Es tarde. Sin embargo yo daría todos los
juramentos y las lluvias, las paredes con insultos y
mimos, las ventanas de invierno, el mar a veces, por no
tener tu corazón en mí, tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote..
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Síndrome
Todavía tengo casi todos mis
dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas
canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del
ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.
Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera no sé cómo ni sé con
qué pretexto por fin me necesites.
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Te quiero
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos mi amor mi
cómplice y todo. Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos. Y por tu rostro
sincero. Y tu paso vagabundo. Y tu llanto
por el mundo. Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora, ni cándida
moraleja, y porque somos pareja que sabe
que no está sola. Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país la gente vive feliz
aunque no tenga permiso. Si te quiero es
por que sos mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo somos mucho
más que dos.
Una mujer desnuda
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo un
apagón o una noche sin luna es
conveniente y hasta imprescindible tener
a mano una mujer desnuda. Una mujer
desnuda y en lo oscuro genera un
resplandor que da confianza entonces
dominguea el almanaquevibran en su
rincón las telarañas y los ojos felices y
felinos miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro es una
vocación para las manos para los labios es
casi un destino y para el corazón un
despilfarro una mujer desnuda es un
enigma y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro genera
una luz propia y nos enciende el cielo raso
se convierte en cielo y es una gloria no ser
inocente una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.
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Ustedes y nosotros
Ustedes cuando aman exigen bienestar una cama de
cedro y un colchón especial, nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar con sábanas qué bueno sin sábanas
da igual. Ustedes cuando aman calculan interés
y cuando se desaman calculan otra vez, nosotros
cuando amamos es como renacer y si nos desamamos
no la pasamos bien. Ustedes cuando aman son de otra
magnitud hay fotos chismes prensa y el amor es un
boom, nosotros cuando amamos es un amor común
tan simple y tan sabroso como tener salud. Ustedes
cuando aman consultan el reloj porque el tiempo que
pierden vale medio millón, nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor gozamos y nos sale barata la
función. Ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal,
nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar.
Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.
Viceversa
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
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Ayer
Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente
ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne
viva
por tus leves alarmas de inocente
ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de
reproche
fue haciendo del dolor una
costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.
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Bienvenida
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más docil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre inapagable ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales con nuevas con
hondura con franqueza sé que voy a quererte sin
preguntas sé que vas a quererme sin respuestas.
Gabriela Mistral
Vicuña (Chile)1889- Nueva York 1957
Lucila Godoy, llamada Gabriela Mistral (conocida
mejor como Gabriela Mistral), escritora chilena.
Hija de un maestro rural, que abandonó el hogar a
los tres años del nacimiento de Gabriela, la
muchacha tuvo una niñez difícil en uno de los
parajes más desolados de Chile. A los 15 años
publicó sus primeros versos en la prensa local, y
empezó a estudiar para maestra. En 1906 se
enamoró de un modesto empleado de
ferrocarriles, Romelio Ureta, que, por causas
desconocidas, se suicidó al poco tiempo; de la
enorme impresión que le causó aquella pérdida
surgieron sus primeros versos importantes. En
1910 obtuvo el título de maestra en Santiago, y
cuatro años después se produjo su consagración
poética en los juegos florales de la capital de
Chile; los versos ganadores- Los sonetos de la
muerte- pertenecen a su libro Desolación (1922),
que publicaría el instituto de las Españas de
Nueva York. En 1925 dejó la enseñanza, y, tras
actuar como representante de Chile en el Instituto
de cooperación intelectual de la S.D.N., fue
cónsul en Nápoles y en Lisboa. Vuelta a su patria
colaboró decisivamente en la campaña electoral
del Frente popular (1938), que llevó a la
presidencia de la república a su amigo de juventud
P. Aguirre Cerda. En 1945 recibió el premio
Nobel de literatura; viajó por todo el mundo, y en
1951 recogió en su país el premio nacional.
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Adios
Agua
En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración que nos separaron tierra y mar, que
son ella, sueño y el alucinación. No te digas solo ni
pida tu voz albergue para uno al albergador. Echarás
la sombra que siempre se echó, morderás la duna
con paso de dos... Para que ninguno, ni hombre ni
dios, nos llame partidos como luna y sol; para que ni
roca ni viento errador, ni río con vado ni árbol
sombreador, aprendan y digan mentira o error del
Sur y del Norte, del uno y del dos!
Hay países que yo recuerdo
como recuerdo mis infancias.
Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.
Aldea mía sobre el Ródano,
rendida en río y en cigarras;
Antilla en palmas verdi-negras
que a medio mar está y me llama;
¡roca lígure de Portofino,
mar italiana, mar italiana!
Me han traído a país sin río,
tierras-Agar, tierras sin agua;
Saras blancas y Saras rojas,
donde pecaron otras razas,
de pecado rojo de atridas
que cuentan gredas tajeadas;
que no nacieron como un niño
con unas carnazones grasas,
cuando las oigo, sin un silbo,
cuando las cruzo, sin mirada.
Quiero volver a tierras niñas; llévenme a un
blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca y haga al río fábula y
fábula. Tenga una fuente por mi madre y en la
siesta salga a buscarla, y en jarras baje de una
peña un agua dulce, aguda y áspera. Me venza y
pare los alientos el agua acérrima y helada.
¡Rompa mi vaso y al beberla me vuelva niñas las
entrañas!
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Amor
Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!
Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!
Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!
Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer! Te echa venda de lino; tú la
venda toleras. Te ofrece el brazo cálido, no le sabes
huir. Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque
vieras que eso para en morir!
Ausencia
Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.
¡Se te va todo, se nos va todo!
Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.
Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.
Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!
¡Se nos va todo, se nos va todo!
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Besos
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
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Canción amarga
¡Ay! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!
El cordero está espesando
el vellón que he de tejer.
Y son tuyas las majadas,
¿De quién más podrían ser?
Este verde campo es tuyo.
¿De quién más podría ser?
Las oleadas de la alfalfa
para ti se han de mecer.
Y la leche del establo
que en la ubre ha de correr,
y el manojo de las mieses
¿de quién más podrían ser?
Este valle es todo tuyo.
¿De quién más podría ser?
Para que los disfrutemos
los pomares se hacen miel.
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!
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Pablo Neruda
Parral (Chile) 1904-1973
Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, nombre auténtico
de Pablo Neruda
—seudónimo que utilizó por primera vez en 1920 y
adoptó desde 1946—, nació el 12 de julio de 1904
en Parral, Chile, pero se crió en
la localidad de Temuco, entre «la poesía y la lluvia»,
como diría en sus memorias. Sus padres fueron Rosa
Basoalto, que murió de tuberculosis cuando tenía un
mes de nacido, y José del Carmen Reyes, quien
abandonó el campo para trabajar como obrero en los
diques del puerto de Talcahuano, hasta alcanzar el
cargo de ferroviario en Temuco. Neruda aprendió a
amar la naturaleza en sus años de infancia, durante
sus recorridos en tren hacia la exuberante vegetación
de Boroa. La región había sido en el pasado
escenario de enfrentamientos entre los
conquistadores españoles y los araucanos, que con el
tiempo fueron despojados de su territorio y
posteriormente aniquilados por los colonos
protagonistas de la «pacificación de la Araucanía».
Esas frías y húmedas tierras australes, bordeadas por
el más puro océano Pacífico, emergen en una
poética de la desesperanza, de la soledad del ser
humano y del amor, como en Veinte poemas de amor
y una canción desesperada, libro que llevó a su
autor a los circuitos internacionales y le dio una
fama similar a la de Rubén Darío, hasta hacerlo
merecedor del Premio Nobel en 1971
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Poema 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas,
muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de
entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te
socava
y hace saltar el hijo del fondo de la
tierra.
Fui solo como un túnel. De mí huían
los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión
poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un
arma,
como una flecha en mi arco, como
una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te
amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche
ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de
ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz
lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu
gracia. Mi sed, mi ansia sin límite, mi
camino indeciso! Oscuros cauces
donde la sed eterna sigue, y la fatiga
sigue, y el dolor infinito.
Poema 2
En su llama mortal la luz te
envuelve.
Absorta, pálida doliente, así situada
contra las viejas hélices del
crepúsculo
que en torno a ti da vueltas.
Muda, mi amiga,
sola en lo solitario de esta hora de
muertes
y llena de las vidas del fuego,
pura heredera del día destruido.
Del sol cae un racimo en tu vestido
oscuro.
De la noche las grandes raíces
crecen de súbito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti
ocultas,
de modo que un pueblo pálido y azul
de ti recién nacido se alimenta.
Oh grandiosa y fecunda y magnética
esclava
del círculo que en negro y dorado
sucede:
erguida, trata y logra una creación
tan viva
que sucumben sus flores, y llena es de
tristeza.
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Poema 3
Poema 4
Ah vastedad de pinos, rumor de olas
quebrándose,
lento juego de luces, campana
solitaria,
crepúsculo cayendo en tus ojos,
muñeca,
caracola terrestre, en ti la tierra
canta!
En ti los ríos cantan y mi alma en
ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú
quieras.
Márcame mi camino en tu arco de
esperanza
y soltaré en delirio mi bandada de
flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura
de niebla
y tu silencio acosa mis horas
perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra
transparente donde mis besos anclan
y mi húmeda ansia anida. Ah tu voz
misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y
muriendo! Así en horas profundas
sobre los campos he visto doblarse las
espigas en la boca del viento.
Es la mañana llena de tempestad
en el corazón del verano.
Como pañuelos blancos de adiós
viajan las nubes,
el viento las sacude con sus viajeras
manos.
Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio
enamorado.
Zumbando entre los árboles, orquestal
y divino,
como una lengua llena de guerras y
de cantos.
Viento que lleva en rápido robo la
hojarasca
y desvía las flechas latientes de los
pájaros.
Viento que la derriba en ola sin
espuma
y sustancia sin peso, y fuegos
inclinados.
Se rompe y se sumerge su volumen de
besos
combatido en la puerta del viento del
verano.
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Poema 5
Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Poema 6
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del
crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos
anhelos y caían mis besos alegres como
brasas. Cielo desde un navío. Campo desde
los cerros. Tu recuerdo es de luz, de humo, de
estanque en calma! Más allá de tus ojos
ardían los crepúsculos. Hojas secas de otoño
giraban en tu alma.
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Poema 7
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de
sombra.
Ah silenciosa!
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa!
Poema 8
Ebrio de trementina y largos besos,
estival, el velero de las rosas dirijo,
torcido hacia la muerte del delgado día,
cimentado en el sólido frenesí marino.
Pálido y amarrado a mi agua devorante
cruzo en el agrio olor del clima descubierto,
aún vestido de gris y sonidos amargos,
y una cimera triste de abandonada espuma.
Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única,
lunar, solar, ardiente y frío, repentino,
dormido en la garganta de las afortunadas
islas blancas y dulces como caderas frescas.
Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos
locamente cargado de eléctricas gestiones,
de modo heroico dividido en sueños
y embriagadoras rosas practicándose en mí.
Aguas arriba, en medio de las olas externas,
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos
como un pez infinitamente pegado a mi alma
rápido y lento en la energía subceleste.
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Poema 9
Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
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Poema 10
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.
Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de metales azules, noches de las
calladas luchas,
mi corazón da vueltas como un volante loco.
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre, tempestad, remolino de furia,
cruza encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de los sepulcros acarrea, destroza,
dispersa tu raíz soñolienta.
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de
ella. Pero tú, clara niña, pregunta de humo,
espiga. Era la que iba formando el viento con
hojas iluminadas. Detrás de las montañas
nocturnas, blanco lirio de incendio, ah nada
puedo decir! Era hecha de todas las cosas.
Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de seguir otro camino, donde ella no
sonría. Tempestad que enterró las campanas,
turbio revuelo de tormentas para qué tocarla
ahora, para qué entristecerla. Ay seguir el
camino que se aleja de todo, donde no esté
atajando la angustia, la muerte, el invierno, con
sus ojos abiertos entre el rocío.
José Martí
La Habana 1853 -Dos Ríos 1895
(La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895) Político
y escritor cubano. Nacido en el seno de una familia
española con pocos recursos económicos, a la edad
de doce años José Martí empezó a estudiar en el
colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María
de Mendive, quien se fijó en las cualidades
intelectuales del muchacho y decidió dedicarse
personalmente a su educación.
El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas
revolucionarias de muchos cubanos, y tras el inicio
de la guerra de los Diez Años y el encarcelamiento
de su mentor, inició su actividad revolucionaria:
publicó una gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco
después una revista, La Patria Libre, que contenía su
poema «Abdalá». A los diecisiete años José Martí
fue condenado a seis de cárcel por su pertenencia a
grupos independentistas. Realizó trabajos forzados
en el penal hasta que su mal estado de salud le valió
el indulto. Deportado a España, en este país publicó
su primera obra de importancia, el drama Adúltera.
Inició en Madrid estudios de derecho y se licenció
en derecho y filosofía y letras por la Universidad de
Zaragoza. Durante sus años en España surgió en él
un profundo afecto por el país, aunque nunca
perdonó su política colonial. En su obra La
República Española ante la Revolución Cubana
reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de
contrición y reconociese los errores cometidos en
Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y
América, José Martí acabó por instalarse en México.
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Dolor
¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!
Goce en buen hora espíritu mezquino
Al son del baile animador, y prenda
Su alma en las flores que el flotante lino
De mujeres bellísimas engasta:?
Goce en buen hora, y su cerebro
encienda
En la rojiza lumbre de la incasta
Hoguera del deseo:?
Yo, ?embriagado de mis penas,? me
devoro,
Y mis miserias lloro,
Y buitre de mí mismo me levanto,
Y me hiero y me curo con mi canto,
Buitre a la vez que altivo Prometeo.
Arbol de mi alma
Como un ave que cruza el aire claro
Siento hacia mí venir tu pensamiento
Y acá en mi corazón hacer su nido.
Ábrese el alma en flor: tiemblan sus
ramas
Como los labios frescos de un mancebo
En su primer abrazo a una hermosura:
Cuchichean las hojas: tal parecen
Lenguaraces obreras y envidiosas,
A la doncella de la casa rica
En preparar el tálamo ocupadas:
Ancho es mi corazón, y es todo tuyo:
Todo lo triste cabe en él, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y
muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio: bruño con cuidado
Cada hoja, y los tallos: de las flores
Los gusanos del pétalo comido
Separo: oreo el césped en contorno
Y a recibirte, oh pájaro sin mancha
Apresto el corazón enajenado!
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Con la Primavera
Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.
Con la primavera
Viene una ansiedad
De pájaro preso
Que quiere volar.
No hay cetro más noble
Que el de padecer:
Sólo un rey existe:
El muerto es el rey.
Cese señora el duelo
Cese, señora, el duelo en vuestro
canto,
¿Qué fuera nuestra vida sin
enojos?
¡Vivir es padecer! ¡sufrir es santo!
¿Cómo fueran tan bellos vuestros
ojos
Si alguna vez no los mojara el
llanto?
Romped las cuerdas del amargo
duelo.
Quien sufre como vos sufrís,
señora:
Es más que una mujer, algo del
cielo,
Que de él huyó y entre nosotros
mora.
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Copa con alas
Una copa con alas: quién la ha visto
antes que yo? Yo ayer la vi. Subía
con lenta majestad, como quien vierte
óleo sagrado: y a sus bordes dulces
mis regalados labios apretaba:?
Ni una gota siquiera, ni una gota
del bálsamo perdí que hubo en tu beso!
Tu cabeza de negra cabellera
?Te acuerdas?? con mi mano requería,
porque de mí tus labios generosos
no se apartaran. ?Blanda como el beso
que a ti me transfundía, era la suave
atmósfera en redor: La vida entera
sentí que a mí abrazándote, abrazaba!
Perdí el mundo de vista, y sus ruidos
y su envidiosa y bárbara batalla!
Una copa en los aires ascendía
y yo, en brazos no vistos reclinado
tras ella, asido de sus dulces bordes:
Por el espacio azul me remontaba!
Cuando me puse a pensar
Cuando me puse a pensar
La razón me dio a elegir
Entre ser quien soy, o ir
El ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar
Fuera ley, no nacería
Hombre alguno, pues haría
Lo que antes de él se ha hecho:
Y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!?
Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista:
en rueda o riel funde el herrero el hierro:
una flor o mujer o águila o ángel
en oro o plata el joyador cincela:
Tú sólo, sólo tú, sabes el modo
de reducir el Universo a un beso!
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A los espacios
A los espacios entregarme quiero
Donde se vive en paz, y con un manto
De luz, en gozo embriagador henchido,
Sobre las nubes blancas se pasea, ?
Y donde Dante y las estrellas viven.
Yo sé, yo sé, porque lo tengo visto
En ciertas horas puras, cómo rompe
Su cáliz una flor,? y no es diverso
Del modo, no, con que lo quiebra el alma.
Escuchad, y os diré: ?viene de pronto
Como una aurora inesperada, y como
A la primera luz de primavera
De flor se cubren las amables lilas...
Triste de mí: contároslo quería
Y en espera del verso, las grandiosas
Imágenes en fila ante mis ojos
Como águilas alegres vi sentadas.
Pero las voces de los hombres echan
De junto a mí las nobles aves de oro:
Ya se van, ya se van: ved cómo rueda
La sangre de mi herida.
Si me pedís un símbolo del mundo
En estos tiempos, vedlo: un ala rota.
Se labra mucho el oro, el alma apenas!?
Ved cómo sufro: vive el alma mía
Cual cierva en una cueva acorralada:?
¡Oh, no está bien:
me vengaré, llorando!
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A Emma
No sientas que te falte
el don de hablar que te arrebata
el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso
vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan
llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en
ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis
labios,
no son una mirada de tus ojos...
Gustavo Adolfo Bécquer
Sevilla 1836 - Madrid 1870
(Gustavo Adolfo Domínguez Bastida;
Sevilla, 1836-Madrid, 1870) Poeta
español. Hijo y hermano de pintores,
quedó huérfano a los diez años y vivió su
infancia y su adolescencia en Sevilla,
donde estudió humanidades y pintura.
En 1854 se trasladó a Madrid, con la
intención de hacer carrera literaria. Sin
embargo, el éxito no le sonrió; su
ambicioso proyecto de escribir una
Historia de los templos de España fue un
fracaso, y sólo consiguió publicar un tomo,
años más tarde. Para poder vivir hubo de
dedicarse al periodismo y hacer
adaptaciones de obras de teatro extranjero,
principalmente del francés, en
colaboración con su amigo Luis García
Luna, adoptando ambos el seudónimo de
«Adolfo García».
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Amor eterno
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el
mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.
Rima I
Yo sé un himno gigante y
extraño
que anuncia en la noche del
alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en
las sombras.
Yo quisiera escribirle, del
hombre
domando el rebelde, mezquino
idioma,
con palabras que fuesen a un
tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar, que no
hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas,
¡oh, hermosa!,
si, teniendo en mis manos las
tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a
solas.
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Rima II
Rima III
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
Besa el aura que gime
blandamente
las leves ondas que jugando
riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco
ardiente
por besar a otra llama se
desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a
su peso,
al río que le besa, vuelve un
beso.
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
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Rima IV
No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no
alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre
avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el
hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto
acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y
recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
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Rima V
Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.
Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.
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Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.
Inteligente mano
que en un collar de perlas consigue las indóciles
palabras reunir. Armonioso ritmo que con
cadencia y número las fugitivas notas encierra en
el compás. Cincel que el bloque muerde la estatua
modelando, y la belleza plástica añade a la ideal.
Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual
átomos que agrupa recóndita atracción. Raudal en
cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al
espíritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razón.
Con ambas siempre en lucha y de ambas
vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar
las dos.
Miguel de Unamuno
Bilbao 1864- Salamanca 1936
Escritor, poeta y filósofo español,
principal exponente de la
Generación del 98. Entre 1880 y 1884
estudió filosofía y letras en la
universidad de Madrid, época
durante la cual leyó a T. Carlyle,
Herber Spencer, Friedrich Hegel y
Karl Marx. Se doctoró con la tesis
Crítica del problema sobre el origen
y prehistoria de la raza vasca, y
poco después accedió a la cátedra de
lengua y literatura griega en la
universidad de Salamanca, en la
que desde 1901 fue rector y
catedrático de historia de la lengua
castellana. Inicialmente sus
preocupaciones intelectuales se
centraron en las cuestiones éticas y
los móviles de su fe. Desde el
principio trató de articular su
pensamiento sobre la base de la
dialéctica hegeliana y más tarde
acabó buscando en las dispares
intuiciones filosóficas de Spencer,
Sören Kierkegaard, W. James y H.
Bergson, entre otros, vías de salida a
su crisis religiosa.
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Dime que dices mar
¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime.
Ese mero gemido nos redime
de la letra fatal, y sus pesares,
bajo el oleaje de nuestros azares,
el secreto secreto nos oprime.
La sinrazón de nuestra suerte abona,
calla la culpa y danos el castigo;
la vida al que nació no le perdona;
de esta enorme injusticia sé testigo,
que así mi canto con tu canto entona,
y no me digas lo que no te digo.
Porque esos lirios que los
hielos matan
¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?
¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo
se mueren en plumón?
¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas
que no son de otras nuevas eslabón?
¿Por qué fue dique de tu sangre pura
tu pobre corazón?
¿Por qué no se mezclaron nuestras
sangres
del amor en la santa comunión?
¿Por qué tú y yo, Teresa de mi alma
no dimos granazón?
¿Por qué, Teresa, y para qué nacimos?
¿Por qué y para qué fuimos los dos?
¿Por qué y para qué es todo nada?
¿Por qué nos hizo Dios?de amar.
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Que es tu vida alma mía
Amor de la lumbre
¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál
tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu
costumbre?
¡Viento en la cumbre!
Al amor de la lumbre cuya llama
como una cresta de la mar ondea.
Se oye fuera la lluvia que gotea
sobre los chopos. Previsora el ama
¿Cómo tu vida, mi alma, se
renueva?,
¡Sombra en la cueva!,
¡Lluvia en el lago!,
¡Viento en la cumbre!,
¡Sombra en la cueva!
Lágrimas es la lluvia desde el
cielo,
y es el viento sollozo sin partida,
pesar, la sombra sin ningún
consuelo,
y lluvia y viento y sombra hacen
la vida.
supo ordenar se me temple la cama
con sahumerio. En tanto la Odisea
montes y valles de mi pecho orea
de sus ficciones con la rica trama
preparándome el sueño. Del
castaño
que más de cien generaciones de
hoja
criara y vio morir, cabe el escaño
abrasándose el tronco con su roja
brasa me reconforta. ¡Dulce engaño
la ballesta de mi inquietud afloja!
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Castilla
Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,
Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.
Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.
Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.
¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!
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Dormirse en el olvido
¡Dormirse en el olvido del recuerdo,
en el recuerdo del olvido,
y que en el claustro maternal me
pierdo
y que en él desnazco perdido!
¡Tú, mi bendito porvenir pasado,
mañana eterno en el ayer;
tú, todo lo que fue ya eternizado,
mi madre, mi hija, mi mujer!
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