La próxima vez
que
tu
día
empiece mal: no
encuentras las
llaves del carro
o te toca la luz
roja
en
cada
semáforo, no te
enojes
ni
te
sientas
frustrado: por el
contrario, alaba
a Dios porque Él
está cuidándote.
Luego del 11 de septiembre, por razones de trabajo tuve
la oportunidad de hablar con un hombre a quien no
conocía ni con quien he vuelto a hablar y con quien
probablemente nunca más vuelva a hablar.
Pero ese día en particular, él tenía ganas de hablar. Era
el Jefe de Seguridad de una empresa que había invitado
al personal que quedó de otra empresa que había sido
devastada debido a los ataques a las Torres Gemelas a
compartir sus oficinas.
Con voz todavía aterrada me relató por qué estas
personas estaban vivas y sus compañeros no. Al final,
todas las historias se referían a las pequeñas cosas que
nos suceden a diario.
Me contó que el dueño de la empresa llegó tarde ese día
a la oficina porque era el primer día de su hijo en el
Jardín de la Infancia. Otro compañero estaba vivo
porque le tocaba a él ese día traer donuts para la
oficina. Muchas otras historias como éstas debieran ser
publicadas algún día.
La que más me impactó fue la de un hombre que se
puso ese día un par de zapatos nuevos y salió para su
trabajo utilizando los diferentes medios de transporte
disponibles, pero antes de llegar a su oficina le habían
hecho vejiga los zapatos nuevos. Se detuvo en una
farmacia a comprar una curita. Por eso está vivo.
Ahora, cuando me encuentro en un tranque vehicular,
pierdo el elevador, me regreso a contestar el teléfono
que suena cuando estoy a punto de salir...todas esas
pequeñas cosas que me hacían perder la calma, pienso
enseguida: “Estoy exactamente donde Dios quiere que
esté en este preciso instante ".
Que Dios te bendiga con todas estas pequeñas
cosas que roban tu calma.
Pásale este correo a otra persona si lo deseas. No
hay ninguna recompensa por hacerlo. Si lo borras,
también está bien. El amor de Dios no depende
del correo electrónico.
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