Desequilibrios
mentales a la luz del
Grafoanálisis
Muchacho brasileño universitario en los EEUU. Se
enamoró de una joven. En una de sus visitas a la
casa de su madre la asesinó de un modo ritual.
El grafismo se presenta descohesionado,
ambivalente
de
inclinación,
excesivamente
espaciado, mezclando mayúsculas y minúsculas, con
líneas sinuosas... etc., Se traduce una personalidad
convulsa y desequilibrada.
La escritura de Josué, de casi treinta años
(cuando escribió lo que mostramos), residente de
un sanatorio mental, evidencia una falta de
habilidad caligráfica más propia de un niño que
de un sujeto adulto.
Se da la circunstancia de que rubrica tres veces.
Cada palabra-pensamiento equivale en dicho
gesto gráfico inocente, potencialmente y en
cierta manera, a una personalidad diferente.
La rúbrica es la reminiscencia de una costumbre que
pervivió hasta la edad media y cuyo significado pertenece
actualmente a lo inconsciente colectivo de las culturas
latinas.
Se trataba de una reafirmación (hecha en tinta roja, de ahí lo
de rúbrica de “rubrum”) de la voluntad del yo, expresada a
través de la firma y que, ahora, sin conciencia de su
significado sirve de canal proyectivo a las relaciones y el
dinamismo de procesos inconscientes respecto del yo, es
decir, respecto de la consciencia del sujeto previamente
manifestada en la firma.
Nuestro escribiente adolece de falta de unidad psicológica
y de descoordinación grafomotriz.
Josué realizaba unos dibujos curiosos a los que
denominaba “arte llamático” porque decía que “llamaban
la atención.”
Los pequeños signos
Una personalidad cuyo equilibrio psicológico esté
alterado en mayor o menor medida, con mayor o
menor gravedad (psicosis o neurosis), acusará una
escritura inarmónica tendente a disociarse en su
unidad y cohesión y a fragmentar algunos de sus
elementos característicos (letras, rasgos...).
Uno de estos elementos fundamentales es el
óvalo, la “o”, la “a”, la “d”, la “g” y la “q”. El
óvalo, medida grafológica de la zona media
caligráfica, es una expresión arquetípica del “yo”.
Esta representación espontánea y arcaica que el
círculo constela (activa) presenta distintas
variantes en la escritura.
En la “d” se enlaza el “yo” (zona media) con los
procesos intelectivos, imaginación, pensamiento,
idealización, espiritualidad... (zona superior).
Cuando este óvalo (la “d”) aparece disociado del
palote que lo “conecta” con dicha zona, el sujeto
manifiesta gráficamente (proyecta o exporta) una
disonancia cognitiva y emocional entre lo que
piensa y lo que siente, lo que vive y lo que le
gustaría vivir, una división cuya magnitud, en
función del ambiente gráfico armonioso o caótico
en el que se halle, va a tener una correlación
positiva con la dualidad, ambitendencia o
desunión consigo mismo cuyos efectos
perturbadores están en la base y génesis de
muchos de los trastornos funcionales que
clásicamente se han denominado síntomas
neuróticos (ansiedad, angustia, fóbias...).
Las letras “g” y “q”, presentan un óvalo que
establece una relación funcional entre la zona
media (ámbito caligráfico del yo) y la zona
inferior (donde se proyectan las representaciones
de los impulsos, pulsiones y demás fenómenos
automáticos, inconscientes).
La disociación neurótica y la más grave
desestructuración de las psicosis, tienden a
desunir estos dos elementos, óvalo y hampa
(cresta) por un lado, óvalo y jamba (o pie) por
otro, lo que manifiesta una sincronidad (Jung) que
correlaciona con la situación y estado psicológico
del individuo.
Escritura de un sujeto esquizofrénico. El
grafismo presenta una constelación de signos
regresivos, inclinación de letras sinistrógira
(izquierda),
desordenada,
fragmentación
sistemática de las letras que tienen óvalo en su
estructura (“d”, “g”, “a”), reenganches...
conjunto inarmónico, poco individuado.
Se trata de otro sujeto con esquizofrenia. El
grafismo no logra afirmarse y evolucionar hacia
la fluidez cohesionada del trazado a pesar de la
cultura y formación intelectual del sujeto en
cuestión.
EL grafismo corresponde a una mujer
esquizofrénica paranoide que asesinó a sus dos
hijos en pleno delirio psicótico.
Los amplios bucles en la zona superior e inferior
denotan una actividad de la imaginación
desbordada y, en el caso de la zona superior,
significativamente desconectados de la zona
media, (fuera del control del yo y de la
conciencia crítica de la realidad).
Grafismo de un niño de 9 años, Pablo, con trastorno por
déficit de atención con hiperactividad (TDHA). El niño
tiene prescrita por su neurólogo la medicación de nombre
comercial RUBIFEN cuyo principio activo es el
Metilfenidato que está indicado en este tipo de trastorno así
como en la narcolepsia.
El contraste que se observa en el curso del grafismo
corresponde a las aproximadamente 6 horas entre el grafismo
agitado anterior a la toma de RUBIFEN y el grafismo
"recompuesto" tras la toma y bajo los efectos del mismo. La
parte superior del folio, sin la medicación, manifiesta la
agitación emocional y motora del niño que, sin embargo,
aparece considerablemente atenuada en el grafismo inferior al
estar el niño bajo los efectos del RUBIFEN.
Por último y como curiosidad histórica presentamos tres
firmas de Juana I la loca (1479 – 1555), con un modelo de
base proveniente del estilo gótico y que se denomina
“secretary”. Estas tres firmas muestran un progresivo
deterioro del grafismo. El predominio del inconsciente
(zona inferior) es abrumador. En la firma se lee “Yo la
Reina”.
Marqués de Sade, nombre familiar de Donatien Alphonse
François, marqués de Sade (1740-1814), escritor francés de
novelas, obras de teatro y tratados filosóficos, más conocido
por sus obras eróticas, prohibidas durante mucho tiempo.
Nació en París y luchó con el Ejército francés en la guerra de
los Siete Años. En 1772 fue juzgado y condenado a muerte
por diversos delitos sexuales. Escapó a Italia pero regresó a
París en 1777 y fue detenido y encarcelado en Vincennes.
Tras seis años en esta prisión fue trasladado a la Bastilla y en
1789 al hospital psiquiátrico de Charenton. Abandonó el
hospital en 1790 pero fue detenido de nuevo en 1801. Rodó
de prisión en prisión y en 1803 ingresó otra vez en
Charenton, donde murió.
En muchos de sus escritos, como Justine o los infortunios de
la virtud (1791), Juliette o las prosperidades del vicio (1796),
Los ciento veinte días de Sodoma (publicada póstumamente)
y La filosofía en el tocador (1795), Sade describe con gran
detalle sus diversas prácticas sexuales. Así, el término
sadismo se emplea en psiquiatría para designar el tipo de
neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo
dolor a otros. Su filosofía considera naturales tanto los actos
criminales como las desviaciones sexuales. Sus obras fueron
calificadas de obscenas y hasta bien entrado el siglo XX
estuvo prohibida su publicación.
El marqués de Sade, según Man Ray
El escritor francés del siglo XVIII que firmó como marqués de Sade,
Donatien Alphonse François, llevó una vida marcada por el escándalo y
fue autor de explícitas descripciones literarias de crueldad sexual. Pasó
parte de su vida en prisión y en manicomios, acusado de inmoralidad, y
escribió novelas y obras teatrales en las que narraba detalladamente los
delitos por los que fue encarcelado y se burlaba de la moral cristiana y la
filosofía ilustrada. Aquí aparece el retrato imaginario que realizara de él
el artista estadounidense Man Ray, admirador del escritor francés.
Al Capone (1899-1947), gángster estadounidense
de origen italiano de la época de la prohibición de
la venta de alcohol, también llamado
‘Caracortada’ (Scarface) por una cicatriz que tenía
en su mejilla. Nació, con el nombre de Alfonso
Capone, en Nápoles (Italia) y creció en Brooklyn
(Nueva York). Dejó pronto la escuela y pasó cerca
de diez años con las bandas de Brooklyn. En la
década de 1920 se hizo cargo de la organización
que tenía en Chicago el gángster Johnny Torrio,
dedicada al tráfico de bebidas alcohólicas, al
juego ilegal y a la prostitución. Eliminó a sus
competidores en una serie de guerras mafiosas
que culminaron con la matanza del día de San
Valentín de 1929, en la que sus hombres
asesinaron a siete miembros de la banda de ‘Bugs’
Moran, con lo que se hizo con el control del
hampa en la ciudad de Chicago. Tras ser acusado
de evasión de impuestos en 1931 y condenado a
11 años de cárcel, fue puesto en libertad
condicional en 1939. Pasó el resto de su vida,
enfermo, en su mansión de Miami Beach
(Florida).
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