Los facilitadores descubren que en su centro de
formación aprenden, viven, testimonian la
comunión Y se preparan para la misión.
Hasta aquí
hemos
estudiado
temas
relacionados
con cuestiones
pedagógicas.
Ahora vamos a hacer
algunas reflexiones
sobre las pequeñas
comunidades,
ambientes eclesiales
privilegiados, para
realizar la formación.
Uno de ellos lo
constituyen los Centros
de Formación.
Descubrir que los
Centros de Formación
básica están llamados
a ser pequeñas
comunidades
eclesiales en donde
se viva, testimonie y
aprenda la comunión.
Reconocer que la
comunión lleva a la
misión.
Aparecida 308
Las pequeñas comunidades eclesiales son un
ámbito propicio para escuchar la Palabra de
Dios, para vivir la fraternidad, para animar en
la oración, para profundizar procesos de
formación en la fe y para fortalecer el exigente
compromiso de ser apóstoles en la sociedad
de hoy. Ellas son lugares de experiencia
cristiana y evangelización que, en medio de la
situación cultural que nos afecta, secularizada
y hostil a la Iglesia, se hacen todavía mucho
más necesarias.
Documento Aparecida 308
1. Pequeñas comunidades, ámbito privilegiado para
la formación
Formar discípulos misioneros es una actividad
eclesial. De ahí que el ámbito privilegiado para llevar
a cabo la formación sean las pequeñas comunidades
eclesiales.
En estas comunidades se escucha la Palabra, se vive
la fraternidad, se ora, se estudia se fortalece el
compromiso apostólico (Cf. DA 308).
La importancia de estas comunidades radica en que
en ellas es posible experimentar el cristianismo de
forma cercana, fraterna y concreto, por lo tanto, los
centros de formación están llamados a convertirse en
escuelas de cristianismo.
2. Llamados a vivir en comunión
Vivir en comunión para la comunión es algo que
caracteriza al cristianismo, que le es esencial.
La comunión de los cristianos entre sí nace de su
comunión con Cristo: todos somos sarmientos de la
misma vid, que es Cristo. Jesús nos indica que esta
comunión fraterna es el reflejo maravilloso y la
misteriosa participación en la vida íntima de amor del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que todos sean
uno… (Jn 17, 21; ChL 18).
Pequeñas comunidades eclesiales llamadas a
convertirse en escuelas de comunión, lugar donde se
aprenda y experimente la comunión.
3. El testimonio de vida comunitaria
El camino del discipulado se asimila mejor por el
testimonio que por las palabras. Sólo quien tiene
experiencia de comunión puede llevar a otros a la
comunión.
Vivir en comunión es obedecer el mandato de unidad de
Jesús y el testimonio más creíble de la presencia de Dios
entre nosotros (Cf. Jn 17, 21).
La Iglesia atrae cuando vive en comunión, pues los
discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los
unos a los otros como Él nos amó (Cf. Rm 12, 4-13; Jn
13, 34).
4. El amor, comunión en acción
La comunión no es algo que habrá de quedar en los
discursos o en el papel. Se palpa, se vive día con día. Su
máxima expresión es el amor.
Éste es el signo por el cual la Iglesia es reconocida como
seguidora de Cristo y servidora de la humanidad.
El mandamiento del amor une a los discípulos entre sí, los
hace reconocerse como hermanos y hermanas, obedientes
al mismo Maestro, los mueve a la consideración mutua, al
perdón y a la comprensión de unos con otros (Cf. DA 161).
El himno de San Pablo a la caridad es nuestra carta magna
sobre el amor (Cf. 1 Co 13).
5. Unidad en la diversidad
La comunión en la Iglesia es “orgánica”, a semejanza
de un cuerpo vivo y operante.
La comunión se vive en la medida en que cada
bautizado aporta sus dones y carismas a la comunidad,
complementando al Cuerpo de Cristo. Diversidad y
complementariedad son dos aspectos de la comunión,
que hacen posible que cada uno se relacione con todo
el Cuerpo y le ofrezca su propia aportación (Cf. Chl 20).
Como escuelas de comunión, los Centros de
Formación habrán de testimoniar y enseñar:
 El reconocimiento a las diferencias como riqueza
del Cuerpo de Cristo. En la Iglesia somos iguales en
dignidad, pero cada quien es único e irrepetible,
con dones propios.
 La búsqueda de la unidad. El reconocimiento a la
diversidad va encaminado al fortalecimiento de la
propia comunidad, a la búsqueda de la unidad. No
se trata de vivir en anarquía, sino de caminar juntos
desde lo que cada quien aporta.
6. Comunión y misión
Buscar la comunión y crecer en ella forma parte integrante
del camino del discipulado y de la misión.
Comunión y misión se entrelazan y alimentan mutuamente:
“La comunión genera comunión, y esencialmente se
configura como comunión misionera. En efecto, Jesús dice
a sus discípulos: ‘No me eligieron ustedes a mí, fui yo quien
los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den
fruto abundante y duradero’ (Jn 15, 16). La comunión y la
misión están profundamente unidas entre sí, se
compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto
que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de
la misión: la comunión es misionera y la misión es para la
comunión” (ChL 32).
7. Alimentar la comunión
La comunión se construye tal como la hacían las
primeras comunidades de cristianos (Cf. Hch 2, 42), en
especial a través del Pan de la Palabra y de la
Eucaristía, esta última como la expresión más perfecta
de la comunión con Dios y con la Iglesia (Cf. DA 158).
Las comunidades darán fruto si se mantienen
adheridas a Cristo.
8. CEFALAE
En la Arquidiócesis, los Centros de Formación que se
han establecido para la formación básica son los
CEFALAE’s (Centros de formación de Agentes Laicos
para Acciones Específicas).
Estos centros han nacido bajo la fundamentación
doctrinal, eclesial, pastoral y pedagógica que hemos
descrito a lo largo de este itinerario.
… 8. CEFALAE
Por ello, estos centros habrán de constituirse a
manera de pequeñas comunidades eclesiales,
escuelas de conversión, comunión y misión.
Como su nombre indica, ellos están orientados a ser
escuelas de formación básica como plataforma para
preparar a los agentes de pastoral para las acciones
específicas. Su característica especial es la formación
de agentes con tinte misionero.
9. OTROS CENTROS DE FORMACIÓN
Con otros centros de formación nos referimos a la
formación que se imparte en movimientos, pequeñas
comunidades u otros centros distintos a los
CEFALAE’s. por ser parte de la Iglesia local, estos
ambientes están llamados también a formar laicos
bajo los criterios de formación que hemos descrito a
lo largo de este Manual. Independientemente de su
programa formativo, habrán de mirar a un objetivo
principal: formar en la comunión, formación y
apostolado con tinte misionero
 Cómo
haces comunión con tu
familia, vecinos, amigos, grupo
parroquial, otros cristianos y los no
cristianos?
 ¿De qué manera mi propia familia
es también
comunión?
una
escuela
de
Imaginen y describan un Centro de Formación
ideal como escuela de comunión: ¿Cómo
sería? ¿Qué características tendría?
Evalúen su centro de formación:
 ¿Cómo refleja ser escuela de comunión y
misión?
 ¿Qué acciones se pueden emprender para
que el Centro testimonie y viva la
comunión?