Bizantino Icono, tan antiguo,
oriental y universal,
alegoría maternal de la ternura
Virgen Santa María,
Perpetuo Socorro, Eleusa,
En letras de oro tu nombre:
Perpetuo Socorro,
de Jesús nos señalas el camino,
Santa María, Odigitría.
Santa María, Virgen y Madre,
de Oriente y de Occidente
Perpetuo Socorro
advocación ferviente.
A cada lado un ángel,
al centro Tú, la Madre,
sosteniendo al Hijo,
tierno Infante.
Dicha grande es contemplarte,
Madre,
con devoción ardiente.
Es vislumbrar el cielo
mirarnos en tus ojos
que brillan más que la estrella
que luce hermosa en tu frente.
Es sentirse a salvo en tu regazo
donde encuentra cobijo el Hijo
tan indefenso y tan Niño.
¿Cómo no sentir
el corazón estremecido,
al ver correr asustado al Niño?
Préstame, Madre, esa sandalia
de su pie apresurado desprendida
para que en mi andar peregrino
yo también pueda sembrar
de evangelio los caminos.
Cruz y lanza, esponja y caña
Arcángeles gloriosos
con rubor al Redentor le presentan.
Cercano está aún el día
en que Simeón en el templo
pronunció su profecía.
Por eso en tus ojos, María,
hay también tristeza
recordando el presagio
de la espada que en dolor
el alma te atravesaría.
Madre, yo te pido que esa estrella
que en tu frente luce fulgente
siga alumbrando con fuerza
nuestra fe vacilante
y seas
nuestro Perpetuo Socorro
para siempre.
Juan Manuel del Río
Perpetuo Socorro
Bizantino Icono, tan antiguo,
oriental y universal,
alegoría maternal de la ternura
Virgen Santa María,
Perpetuo Socorro, Eleusa,
En letras de oro tu nombre:
Perpetuo Socorro,
de Jesús nos señalas el camino,
Santa María, Odigitría.
Santa María, Virgen y Madre,
de Oriente y de Occidente
Perpetuo Socorro
advocación ferviente.
A cada lado un ángel,
al centro Tú, la Madre,
sosteniendo al Hijo,
tierno Infante.
Dicha grande es contemplarte,
Madre,
con devoción ardiente.
Es vislumbrar el cielo
mirarnos en tus ojos
que brillan más que la estrella
que luce hermosa en tu frente.
Es sentirse a salvo en tu regazo
donde encuentra cobijo el Hijo
tan indefenso y tan Niño.
¿Cómo no sentir
el corazón estremecido,
al ver correr asustado al Niño?
Préstame, Madre, esa sandalia
de su pie apresurado desprendida
para que en mi andar peregrino
yo también pueda sembrar
de evangelio los caminos.
Cruz y lanza, esponja y caña
Arcángeles gloriosos
con rubor al Redentor le presentan.
Cercano está aún el día
en que Simeón en el templo
pronunció su profecía.
Por eso en tus ojos, María,
hay también tristeza
recordando el presagio
de la espada que en dolor
el alma te atravesaría.
Madre, yo te pido que esa estrella
que en tu frente luce fulgente
siga alumbrando con fuerza
nuestra fe vacilante
y seas
nuestro Perpetuo Socorro
para siempre.
Juan Manuel del Río
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