Acabo de nacer...
Acabo de nacer y duele abrir los ojos a la realidad,
quien ante mi se eleva majestuosa
y al parecer pretende conmigo hoy acabar.
Del cálido refugio, ya no más,
y aunque me empeñe a él regresar,
implacable me indica el lugar
por el que debo transitar.
Acabo de nacer y me duele el pecho,
Que cansado está ya de llorar,
¿es que no hay nadie en quien se pueda hoy confiar?
Claro... es que no tengo nada que brindar,
si ni siquiera puedo caminar, ni mucho menos hablar,
para expresar mis miedos entre tanta soledad.
Y siento frío y cansancio... ¿Cuánto más debo esperar?
Acabo de nacer y me duele la vida,
si hasta parece acusarme de tanta iniquidad...
Pero una voz siento crecer, cada día un poco más,
y entonces abro los ojos, antes dolidos
ante tan avasalladora realidad,
y ya no duele mi pecho, antes cansado de llorar,
y puedo caminar, puedo hablar sin miedo a la soledad,
y no tengo frío no tengo cansancio,
y no me duele la vida de tanto esperar…
Porque acabo de nacer, esto es verdad
y puedo expresarme, ya no lo puedo dudar,
y esa fuerza interior que me empuja a la realidad,
es la de un gran amigo que a nuestro lado siempre está.
Que me tiende la mano para que pueda comprobar,
que no siempre se debe esperar a que acudan a tu lado,
para que puedas entonces descansar…
Y salí a la calle y esta vez lloré de felicidad,
porque pude tenderte mi mano, pude abrigarte,
pueda darte agua y pude ayudarte a caminar,
como Dios lo hizo conmigo, cuando ya no daba más…
Adriana M. González
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