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El obrero y el capataz
Mejorando tu enfoque
©2003Miguel Ángel Ruiz Orbegoso
Del archivo: “Cómo explicárselo a mis hijos”
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.
Había una vez un muchacho
que se acercó a un edificio en
construcción para hablar con
el capataz, un hombre muy
rudo, y pedirle trabajo:
- ¿Podría darme un trabajo?
- ¿QUIERES TRABAJAR?
- Sí
-¿Ves ese cilindro?, le dijo
señalando a un pesado
envase de metal.
- Sí.
-Si QUIERES TRABAJAR,
ruédalo de acá para allá y de
allá para acá. Si quieres
trabajar, eso te mantendrá
ocupado todo el día -y se fue.
.
¡Qué mal se sintió! No
entendía nada. Quedó tan
desconcertado que la
vergüenza lo consumió.
Pero cobró denuedo y lo
abordó nuevamente.
.
- Disculpe, ingeniero -dijo-,
creo que usted no me
entendió. Necesito un trabajo
porque necesito dinero...
-¿Cómo? Me dijiste que
querías trabajar. Ahora me
dices que QUIERES
DINERO... ¿QUIERES
DINERO? Metió su mano a un
bolsillo, sacó un billete, se lo
dio y le dijo:
- Toma este billete, sóbalo,
huélelo y míralo un rato, pero
me lo devuelves -y se fue.
.
- ¿Qué está pasando? Este
tipo no me está entendiendo pensó - ¿o está burlándose
de mí?
Se sintió tan incómodo que
pensó en retirarse. Pero cobró
denuedo y lo abordó una vez
más.
.
- Disculpe, ingeniero, pero
creo que usted no me está
entendiendo. Lo que necesito
es COMPRAR COMIDA...
- ¿Cómo? Me dijiste que
querías dinero, y te di un
billete. Ahora resulta que
quieres COMPRAR
COMIDA...
Señalando a una tienda de
comida, le dijo:
- ¿Quieres COMPRAR
COMIDA? ¿Ves esa tienda
allá? Anda con el billete y
hazme el favor de comprarme
un sandwich, porque tengo
hambre. Y no olvides traerme
el cambio. - Y se fue.
.
¿¡!?
Fue, compró el sandwich,
regresó, se lo entregó, le dio el
cambio y quedó petrificado al ver
cómo lo mordió sin decir gracias,
y luego subía unas escaleras y
se perdía entre los obreros,
vociferando órdenes.
- ¿Soy un burro, o qué? -pensó.
¡¡Está burlándose de mí!!
.
?
Entonces, se retiró a
reflexionar en lo sucedido.
Nunca le había pasado nada
igual.
.
Pero no captó nada.
Entonces cobró más
denuedo, se fue tras el
capataz y lo abordó una vez
más. Después de todo, no
tenía nada que perder.
-Disculpe, ingeniero, creo que
usted no me ha entendido
estas tres veces...
Pero no lo dejó teminar…
El capataz lo interrumpió
bruscamente y le dijo:
- ¡Que no entiendo? Mira, hijo, soy
un hombre muy ocupado y no
pierdo el tiempo.
Me dijiste “QUIERO TRABAJO” y
te di trabajo. Me dijiste QUIERO
DINERO y te di dinero.
Me dijiste QUIERO COMPRAR
COMIDA.
Te envié a comprar comida, ¿y
seguramente ahora me dirás que
tampoco quieres comida? Decídete
de una vez por todas, ¿QUÉ ES
LO QUE REALMENTE QUIERES,
hijo! No tengo tiempo para perder.
El muchacho quedó tan confundido
que se retiró a pensar.
Francamente no entendía nada de
lo que estaba sucediendo.
- ¿Por qué me está pasando esto a
mí?, pensó.
¿Era que en el fondo no quería un
trabajo, dinero ni las cosas que el
dinero puede comprar? Fue
cuando se le abrió la mente y
comenzó a entender lo que
REALMENTE quería.
No se había dado cuenta de que lo
que en realidad buscaba era la paz
y seguridad que resulta de que
alguien se hiciera cargo de sus
gastos y de su vida, porque no se
sentía capaz de hacerse cargo de
sí mismo. No pensaba en función
de mantenerse a sí mismo, sino en
función de que otro lo mantuviera.
En este momento, si lo piensas
bien, posees todas las cosas que
necesitas para triunfar en la vida.
Muchos dicen: “No hay trabajo”,
“no hay dinero”, “no hay comida”, y
buscan a alguien que se haga
cargo, en vez de mirar hacia
dentro, a sus habilidades, a todos
sus recursos, a sus verdaderas
posibilidades personales.
Se van por el camino fácil de
buscar a alguien que se haga
cargo de sus gastos, que les den
órdenes y les digan qué hacer con
sus vidas, en vez de tomar
conciencia de lo que ya poseen y
pensar en todo lo que podrían
hacer honradamente con ello ahora
mismo para conseguir la paz y
seguridad que tanto necesitan.
Esta explicación es una adaptación
basada en un relato del Dr. Wayne
D. Dyer, de su conferencia “Real
Magic”.
Él la presentó como una antigua
enseñanza oriental, y reconoció
que cuando la oyó por primera vez
no la captó, sino que tuvo que darle
muchas vueltas: El punto era darse
cuenta de lo poco que uno
realmente necesita para salir
adelante y hacerse cargo de sí
mismo.
La falta de paz y seguridad interior
son sentimientos que impulsan a
uno a buscar ayuda, creyendo que
el trabajo, el dinero y la comida son
lo más importante. Pero la paz y
seguridad interior son recursos que
solo pueden hallarse dentro de uno
mismo.
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