¡Gracias, Señor!,
por ser un Soñador,
y darte en alimento como Pan.
Bordeabas los sembrados
bendiciendo el trigo al pasar
y acariciabas la espiga
pensando en la harina,
ampo de hostia, Pan de
Eucaristía.
¡Justo es darte gracias, Señor!,
por tu Cuerpo, Pan que se comparte,
por tu Sangre, Vino festivo de amistad,
para brindar por la Vida
en la mesa universal del altar
anticipo del banquete celestial.
¡Necesario es darte gracias, Señor!,
por sentarte a nuestra mesa
sin etiqueta, ni puesto reservado,
donde se juntan como hermanos
lo mismo el pobre que el rico
el anciano que el niño.
¡Gracias, Señor!, por estar presente
en cada ser humano,
lo mismo del que siembra el trigo
en los campos labrados
que del que hace reír a los niños
como payaso en el circo.
¡Gracias, Señor!, por el lirio y la espiga
que madura en el campo
espléndida en fruto sazonado,
y por la mujer que da a luz
y amamanta al hijo
como el regalo mejor del Dios
que da la vida.
¡Gracias, Señor!,
por el sol que nos alumbra,
el aroma sutil de cada flor en primavera,
el relincho del potro en la dehesa,
o el canto alegre del jilguero,
el agua clara de la fuente,
y el amor expresado en cada cosa.
¡Gracias, Señor!,
por el habitual desparpajo
de nosotros, tus hermanos,
a la hora de decirte que te amamos.
¡Gracias, Señor!, porque espabilas
la llama tenue de la fe
y mantienes viva la esperanza
de renovar en cada hogar
una Vida más plena y humana
en aras de hacer del hombre un ser
donde se hagan realidad
tus Sueños, Señor.
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¡Gracias, Señor!,
por ser un Soñador,
y darte en alimento como Pan.
Bordeabas los sembrados
bendiciendo el trigo al pasar
y acariciabas la espiga
pensando en la harina,
ampo de hostia, Pan de Eucaristía.
¡Justo es darte gracias, Señor!,
por tu Cuerpo, Pan que se comparte,
por tu Sangre, Vino festivo de amistad,
para brindar por la Vida
en la mesa universal del altar
anticipo del banquete celestial.
¡Necesario es darte gracias, Señor!,
por sentarte a nuestra mesa
sin etiqueta, ni puesto reservado,
donde se juntan como hermanos
lo mismo el pobre que el rico
el anciano que el niño.
¡Gracias, Señor!, por estar presente
en cada ser humano,
lo mismo del que siembra el trigo
en los campos labrados
que del que hace reír a los niños
como payaso en el circo.
¡Gracias, Señor!, por el lirio y la espiga
que madura en el campo
espléndida en fruto sazonado,
y por la mujer que da a luz
y amamanta al hijo
como el regalo mejor del Dios
que da la vida.
¡Gracias, Señor!,
por el sol que nos alumbra,
el aroma sutil de cada flor en primavera,
el relincho del potro en la dehesa,
o el canto alegre del jilguero,
el agua clara de la fuente,
y el amor expresado en cada cosa.
¡Gracias, Señor!,
por el habitual desparpajo
de nosotros, tus hermanos,
a la hora de decirte que te amamos.
¡Gracias, Señor!, porque espabilas
la llama tenue de la fe
y mantienes viva la esperanza
de renovar en cada hogar
una Vida más plena y humana
en aras de hacer del hombre un ser
donde se hagan realidad
tus Sueños, Señor.
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Gracias, Señor - Autores Catolicos