“Los que aman a María
la llaman Madre.
Diríase que no saben nombrarla de
otro modo, pues ella nos engendró a
la vida en el Calvario, cuando ofreció a
su Hijo por nuestra redención”
San Alfonso: Las Glorias de María
Dispongámonos con fe a iniciar
este día de novena como
preparación a la fiesta de la
Virgen del Perpetuo Socorro,
Detengamos un momento en
nuestro caminar diario;
recemos, oremos y pidamos su
socorro:
!Oh Madre de Amor
Ven en mi Socorro!
Oh María, Madre de Jesús y nuestra
madre del Perpetuo Socorro, voy a
mirarte fijamente durante nueve días
para descubrir en tu imagen los
símbolos más sobresalientes, las
lecciones más llamativas, las misteriosas
insinuaciones que tu inspirado pintor
pretendió trasladar a su obra. Y no sólo
las que voy a leer en estas páginas, sino
también las que tu misma, maestra
admirable, vas a enseñarme sobre tu
Hijo y sobre nuestro Dios, que es padre
y madre de amor.
Ayúdanos a seguir fielmente a tu Hijo
Jesucristo. Despierta en mi
entendimiento y en mi corazón la fe, la
esperanza y el amor con que tu misma
quieres que te mire y te invoque, para
avivar una confianza ilimitada en tu
socorro. Amén
DÍA PRIMERO
Mirando al arcángel Gabriel
Madre del Perpetuo Socorro, en tu imagen aparece el
arcángel de la anunciación, san Gabriel, que presenta la
cruz y los clavos.
El nos traslada a Nazaret. Descendió a una de las
cincuenta humildes casas de la aldea. Allí se encontró
contigo y se verificó la encarnación, esto es, el Hijo de
Dios, por obra del Espíritu Santo, se hizo hermano nuestro
asumiendo en tus entrañas nuestra naturaleza humana.
En Nazaret creció Jesús en un ambiente de sencillez, de
discreción y de trabajo. Tú, Madre, tomabas entre las
tuyas sus pequeñas manos del niño para adiestrarle en
gestos de oración; le enseñabas los salmos y las plegarias
de tu pueblo israelita.
Madre mía, esclava del Señor, mujer del
hogar y del trabajo, enséñanos a amar
nuestros hogares, a llenarnos de alegría y
comprensión. Y ayúdanos a construir una
sociedad fraterna y justa, donde haya pan y
trabajo para todos.
R/: Ven en mi socorro, ¡oh Madre de bondad!
• ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro,
cuyo solo nombre inspira
confianza! /R
• En el momento peligroso de la
tentación, para que yo resista. /R
• Cuando haya tenido la desgracia
de pecar, para que me arrepienta
y me vuelva a levantar. /R
• Si algún vicio me tiene
encadenado, para que pueda
romperlo. /R
• Para que escuchando la Palabra
de Dios obre de acuerdo con
ella. /R
• Para que viva todos mis días
como seguidor de Jesucristo. /R
• Para que haga de mi vida un
servicio a Dios y al prójimo. /R
• En todas las pruebas y trabajos
de la vida. /R
• Contra mi inconstancia y para
que persevere hasta el fin. /R
• ¡Oh Madre mía, hasta mi último
suspiro! /R
Todos: Seas amada, seas alabada, seas invocada, seas
eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, mi
esperanza, mi amor, mi madre, mi refugio y mi vida. Amén
Todos:
Inmaculada virgen y madre mía, María Santísima,
tú eres la madre de nuestro Señor Jesucristo,
y con él eres la esperanza y el refugio de los pecadores.
A ti recurro, aunque indigno siervo tuyo,
para venerarte y darte gracias, porque me has protegido de todo mal.
Te amo, señora amabilísima y prometo servirte siempre
y esforzarme para que sean muchos los que también te amen.
A ti confío, después de Jesucristo, mi esperanza y mi salvación;
acéptame como hijo, oh madre de misericordia.
Y ya que tu intercesión ante Jesús es poderosa, no permitas
que caiga en tentación y líbrame siempre del mal.
Madre, enséñame a amar a tu Hijo
y alcánzame la gracia de una buena muerte.
Que pueda vivir amando a Dios y a mis hermanos
hasta el final de mis días.
No me faltes con tu socorro hasta que no me veas
en la feliz plenitud del cielo, para cantar las maravillas
que Dios ha hecho en ti y llamarte bienaventurada
por toda la eternidad.
Amén. Así lo espero. Así sea.
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NOVENA DEL PERPETUO SOCORRO