Texto: Juan A. Vázquez
Música: A Walk Life (Dire Straits)
“Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”
Marguerite Durás
Frente a la sociedad que se sumerge, dejemos paso a la
realidad que emerge. Quitemos diques y trabas de la realidad
que se sumerge y dejemos paso a esa sociedad que emerge,
que renueva, que aglutina, que abre nuevas fronteras, que no
se refugia en el tiempo pasado sino que sale al encuentro del
tiempo que está por venir. Hagamos que salga a flote la
sociedad de la motivación frente a la resignación, de la voz
frente a los ruidos y los silencios, de las conversaciones frente a
los monólogos, de la imaginación frente a la repetición, del
riesgo frente a las subvenciones, de los discursos renovados
frente a las retóricas gastadas; a la sociedad que aspira a la
incomodad de no sentirse cómoda y que prefiere el estímulo de
la insatisfacción a la anestesia de sentirse autosatisfecha.
Esa sociedad existe, está ahí, tiene que ocupar su espacio,
tiene que hablar con su voz propia y mira imparable al
horizonte para desterrar los equilibrios al borde del abismo. Es
la sociedad viva que emerge de la investigación, del
conocimiento, de la innovación, de la empresa y los
emprendedores, de los heterodoxos, de los movimientos
sociales, de la creación artística, de la iniciativa de los
ciudadanos. Es la sociedad de la generación más internacional,
más valiosa, mejor preparada de todos los tiempos; esa
generación que no se puede desaprovechar, que no podemos
permitirnos expulsar hacia el futuro y que representa como
nada a ese mundo resurgente, esa sociedad emergente.
Demos una oportunidad a esa sociedad viva para que los
excluidos se incluyan, para que los de fuera se sientan dentro,
para que el rigor se anteponga a la retórica y la lealtad sea
sustituida por el mérito, para que las ideas se impongan a los
tópicos, la creatividad a las rutinas, la reflexión a la propaganda
y la palabra a la consigna. En general parecemos dóciles,
indiferentes, resignados y nos atrevemos a muy poco, pero hay
que atreverse con esa sociedad que emerge. Hay que dejar
atrás la sociedad que se sumerge, que nos deja poco resultado
para tanto espectáculo; poca acción para tanto gesto; poca
actividad para tanto activismo; poco pensamiento para tanta
propaganda; pocas ideas para tantos discursos; poca
motivación para tanto movimiento; poco proyecto para tanta
proyección; poco pensamiento para tantas ocurrencias.
Lo que se constata en la realidad que se sumerge es cierta
devastación, pero que llama a la puerta para
reconstruirse. De lo que se compone es de residuos que
ha dejado el pasado, pero como siembra llamada a
reverdecer. Lo que nos produce es sensación de
abandono, pero que lanza un grito de supervivencia. Lo
que nos ofrece son espacios que no están ahí para la nada,
sino precisamente para que ocurra algo en ellos; no para
repetir lo mismo sino para que acontezca lo diferente. A lo
que nos enfrenta es a vacíos que es posible llenar, a
decadencias que son promesa de una nueva plenitud, a
repliegues que nos incitan a salir de nuevo.
Imaginemos esa “realidad resurgente” en que si hay que
volver sobre lo que fue, es para inventar lo que está por
ser; en que si hay que rescatar elementos del pasado, es
para crear los elementos del futuro; en que es posible
renovar para hacer que lo de otro tiempo pueda llegar a
ser también de este tiempo. No hay, en esa sociedad
emergente, lugar para la nostalgia sino para la propuesta;
no hay renuncia sino llamada, no es el final de nada sino el
reinicio de todo.
Del libro “Prosas sueltas” de Juan A. Vázquez. Editorial Nobel
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