“Ojos para Contemplar”
Oración Final
Ambientación e introducción.
Canto:
Hoy, Señor, te damos gracias
por la vida, la tierra y el sol.
Hoy Señor queremos cantar,
las grandezas de tu amor.
1. Gracias Padre, mi vida es tu vida, tus manos amasan mi barro,
mi alma es tu aliento divino, tu sonrisa en mis ojos está.
2. Gracias Padre, Tú guías mis pasos, tu eres la luz y el camino,
conduces a Ti mi destino, como llevas los ríos al mar.
3. Gracias Padre, me hiciste a tu imagen, y quieres que siga tu ejemplo,
brindando tu amor al hermano, construyendo un mundo de paz.
1. Miramos con los ojos
Lector: Cierto día, dijo el ojo:
“Más allá de los valles, veo
una montaña envuelta en el
azul de la niebla. ¿No es
hermosa?”
El oído oyó esto y tras escuchar
atentamente un rato dijo:
“Pero, ¿dónde está esa
montaña? No la oigo…”
Luego habló la mano, y dijo: “En
vano trato de sentirla o de
tocarla y no encuentro
ninguna montaña por ahí.”
La nariz dijo: “No hay ninguna montaña, no puedo olerla.”
Cuando el ojo se viró hacia otro lado,
los demás sentidos empezaron a
murmurar sobre su extraña
alucinación. Y comentaban entre sí:
“¡Algo debe pasarle al ojo!”
(Momento de silencio y reflexión)
Lector: Desde nuestra experiencia
constatamos que:
• Para poder ver, necesitamos luz.
• Quien no ha visto el bien, la hermosura, la limpieza, el perdón, la
felicidad, se le hace difícil vivir, amar y ser amado.
• Con los ojos nos comunicamos antes que con la palabra.
• Con los ojos, lo lejano se nos hace cercano, se hace nuestro, entra en
nosotros.
• Los ojos son el espejo y el termómetro de nuestra interioridad.
1. ¿Qué vemos con nuestros ojos?
2. ¿Son ojos contemplativos que se abren a la realidad sin
prejuzgarla? o …
3. ¿Son ojos interesados más bien, que ven solo aquello que
quieren ver?
(Silencio, reflexión, evocación de experiencia)
2. Dios quiere ser luz en nuestro caminar
• Símbolo: Se enciende un cirio y se coloca a la vista de todos. Se reparte
a su vez una velita apagada a cada participante.
Lector: Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43
Sucedió que, al acercarse Él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al
camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era
aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar,
diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban
delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo, y mandó que
se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres
que te haga?» Él dijo: «¡Señor, que vea!» Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha
salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y
todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.
Oración sálmica.
Siempre hay una luz al fondo del pasillo oscuro.
¡Quién tuviera ojos limpios Padre, para verla y para seguirla!
¿Es débil tu luz? ¿Vacila? ¿Se enciende y se apaga?
Continuo parpadear, con ojos turbios no se ve. ¡Ojos limpios, Padre!
Un mirar claro y abierto. ¡Y abierto!
Para mirar a tu luz de frente.
¡Ojalá que un día pueda decir con verdad:
¡No he ido nunca en contra de la luz!
Nunca contra ella,
nunca darle la espalda para mirar al lado contrario.
De frente, siempre de frente, en dirección a tu luz.
No me asusta la penumbra.
No me detiene la oscuridad de la fe.
Tu luz siempre alumbra al que mira limpio y de frente.
¡Ojos limpios Padre! Así tu luz será nuestra seguridad.
3. Peticiones Personales
• Los que deseen pueden acercarse al
cirio y encender su velita, y tras
encenderla, cada uno puede
expresar su petición y quedarse al
lado del cirio. Todos los que se
levanten se quedan haciendo
“crecer la luz”, simbolizando la Luz de
Jesús.
• Después de cada petición todos
dicen:
“Gracias, Señor, porque mediante los
ojos he descubierto tu luz”.
Oración Conclusiva:
“Señor, nadie jamás te ha visto.
Nadie sabe dónde habitas.
Sin embargo, desde el fondo de los
ojos,
desde lo hondo de la limpia mirada
del niño
que se asombra y se admira,
desde esa mirada más grande que los
cielos,
más luminosa que el océano,
Tú te descubres con tanta insistencia
que resulta imposible equivocarse.
Sin embargo, hay otros ojos que te
miran en silencio que te dicen
tantas cosas…
Entra tú Señor por esos ojos y dales
luz, dales tu luz.
Con tu luz en mis ojos veo lo infinito
del firmamento,
el fuego pleno de verano,
la brasa incandescente del invierno,
la ternura de los atardeceres
otoñales.
Son ojos que quieren cantarte con voz
familiar
las delicadezas de la primavera,
los misterios de cada persona.
En mis ojos, Señor, tú te revelas cada
mañana,
y en estos ojos que quieren revelarte
asómate
para que quien me mire te vea.
Amén.
Canto Final:
1. Tú, has venido a la orilla.
No has buscado ni a sabios ni a ricos, tan solo quieres que yo te siga.
Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre,
en la arena he dejado mi barca, junto a ti buscaré otro mar.
2. Tú, sabes bien lo que tengo.
En mi barca no hay oro ni espadas, tan solo redes y mi trabajo.
3. Tú, necesitas mis manos.
Mi cansancio, que a otros descanse. Amor que quiera seguir amando.
4. Tú, pescador de otros lagos.
Ansia eterna, de almas que esperan. Amigo bueno que así me llamas.
Bendición:
Abre nuestros ojos para verte, Señor,
y nuestro corazón para amarte en
nuestros hermanos y hermanas...
Permite que todos brillemos con tu
luz…
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo...
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